domingo, 16 de junio de 2013

domingo, 2 de junio de 2013

El "problema" de España VII. Una aclaración

Mantenía el otro día una conversación con unos amigos, de esas de las que entre cuatro se arregla el mundo y aún nos quedamos con ganas, cuando me di cuenta de error de interpretación que uno de ellos, para mi sorpresa seguidor de El Blanquinal, tenía respecto al significado de esta sección.

Vamos a ver, no es lo mismo hablar del “problema” de España que de los problemas de España. De estos últimos tenemos a capazos llenos y más en los tiempos que corren: económicos en todas sus vertientes, políticos, de confianza, institucionales, de falta de motivación, etc., pero no va por ahí la intención de la serie. El “problema” de España, así, entre comillas, se refiere a la preocupación intelectual que muchos de nuestros pensadores, fundamentalmente  a partir de finales del siglo XIX, han tenido sobre la esencia, el carácter, la historia,… de nuestra Nación. Se trata pues de reflejar un estado de inquietud que tiene su línea de continuidad histórica, con el propósito final de reflexionar sobre si la misma ha tenido razón de ser, y si se trata de algo peculiar de los españoles o si también se da en otros países.

Por cierto, os invito a que propongáis autores, en público o en privado, que se hayan ocupado de este asunto.  

sábado, 25 de mayo de 2013

Un puntazo: libertad y responsabilidad

"Libertad no significa solamente que el individuo tiene tanto la oportunidad como la carga de la elección, también significa que debe soportar las consecuencias de sus acciones. Libertad y responsabilidad son inseparables".
 F.Hayek

domingo, 19 de mayo de 2013

Manuel Pizarro


Más allá de su ámbito puramente profesional, a Manuel Pizarro empezamos a conocerlo cuando presidía Endesa, sociedad que por componendas políticas el Gobierno de Zapatero pretendía vender a un precio notoriamente bajo. A su tesón turolense le deben los accionistas una transacción justa, aunque el resultado final de aquella batalla fuera que la empresa española cayese en manos italianas. Después le veríamos en política, en el famoso debate con Pedro Solbes, ganador efímero del encuentro porque el tiempo demostraría, para desgracia de todos, que Pizarro tenía razón.

En 2009, publicó El arte de la economía, un pequeño libro de opiniones en forma de frases cortas, realmente ilustrativo. En su corta carrera política sin duda alguna Rajoy le desaprovechó, una acción que muchos seguimos sin comprender.

Observador de excepción de la actualidad del país, el pasado jueves día 16 pronunció una conferencia organizada por el Colegio de Economistas de Alicante, sobre la situación de la economía española y las causas de la crisis, a la que pone tres caras: la financiera internacional provocada en gran medida por la confusión entre banca comercial y banca de inversión, con su correlato español de sobreendeudamiento de los sectores público y privado pero también de crisis moral de los banqueros y de desconfianza mutua entre ellos porque nadie se cree realmente el balance de los demás, todo lo cual acabará en problemas para financiar la deuda española. La crisis europea, motivada por una evidente falta de liderazgo y de estructura institucional que ofrezca cierta soberanía única a una moneda única. Y en tercer lugar una histórica crisis de competitividad de la economía española, ajustada en gran medida en el momento del cumplimiento de los criterios de Maastricht, pero de nuevo revivida tras un largo periodo de crecimiento acompañado de inflación.

Ante tamaño panorama Pizarro propone una serie de ajustes que de manera resumida podemos enumerar en los siguientes:

1/ Reforma financiera, que en su opinión de momento se ha hecho tarde y mal, porque originada en ciertas entidades de ahorro, las Cajas principalmente, ha contaminado en gran medida a todo el sistema. Además, los test de estrés sectoriales han sido muchos más duros para las entidades españolas que para las de otros países europeos, Alemania por ejemplo, lo que ha ahogado aún más de forma innecesaria el sistema.

2/ Reforma energética que reduzca sus costes y elimine la paradoja de que siendo el coste de la energía necesaria para España de unos 13.000 millones de euros, existan subvenciones con cargo a tarifas de entre 8.000 y 9.000 millones.

3/ Necesidad de incrementar el talento, el conocimiento, porque España ya no volverá a competir internacionalmente en precios, sino en calidad, para lo que es necesario establecer un adecuado sistema educativo e investigador en el medio plazo.

4/ Reforma de las Administraciones Públicas, porque si tenemos un 7% de déficit público lo que estamos diciendo es que estamos sobredimensionados en ese 7%. Con la reforma, la Administración debe establecer su concreto cuadro de competencias, y lo que no sea genuínamente suyo, dejarlo en manos de las empresas.

5/ Replantear el Estado del Bienestar porque sin duda es una marca genuina de Europa y no nos podemos permitir la frivolidad de destrozarlo, pero para ello hay que revisarlo con el propósito de hacerlo sostenible.

Todo lo referente al sector público se traduce al final, en opinión de Manuel Pizarro, en la necesidad urgente de acabar con las ineficiencias, con los gastos superfluos a través de una exhaustiva contabilidad de costes, como haría cualquier empresa, porque la consecuencia de ellas no es otra que el aumento de los impuestos y la entrada en un nuevo círculo de inflación, falta de competitividad, disminución de la demanda y paro.    

Se trata de la opinión de un liberal pronunciada a partir del bagaje que le da una intachable conducta ética.   

jueves, 16 de mayo de 2013

El "problema" de España VI


El Padre Feijoo (Casdemiro, 1676 – Oviedo, 1764), antecedente clave de nuestra Ilustración, fue posiblemente uno de los primeros intelectuales que miraron a Europa, fundamentalmente a Francia, como modelo de aprendizaje. Quizás, aunque parezca un atrevimiento, podríamos encontrar en él un antecesor del “España es el problema, Europa la solución” de Ortega. Su obra literaria en forma de ensayos, de los primeros en aparecer en España, fue una suerte de recopilación de novedades científicas llegadas del continente y reflexiones ante los errores que creía percibir en su entorno. La siguiente cita nos ilustra contra los extremos y sobre la necesidad de conocer y apreciar lo que proviene de otros países.

         “Dos extremos, entrambos reprehensibles, noto en nuestros españoles, en orden a las cosas nacionales: unos las engrandecen hasta el cielo; otros la abaten hasta el abismo. Aquellos que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de los libros esparcieron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella. De aquí aquel bárbaro desdén con que miran a las demás naciones, asquean su idioma, abominan sus costumbres, no quieren escuchar o escuchan con irrisión sus adelantamientos en artes y ciencias. Bástales ver a otro español con un libro italiano o francés en la mano, para condenarle por genio extravagante o ridículo”

lunes, 13 de mayo de 2013

Una entrevista a Carmen Iglesias

Acabo de leer una entrevista en el ABC Cultural a la historiadora Carmen Iglesias. Un poco larga pero, como no podía ser de otra manera, extraordinariamente interesante. Os la brindo por si os interesa.
 
http://www.abc.es/cultura/20130513/abci-carmen-iglesias-entrevista-201305111734.html

domingo, 12 de mayo de 2013

La hora de los sensatos


Hay momentos en la vida a los que la perspectiva del tiempo ofrece la cualificación de la singularidad. Momentos que saltan inesperadamente en el tranquilo devenir de los días para convertirse en claves de lo que sucederá en las siguientes décadas. Momentos cortos pero intensos, en los que un pueblo camina por el mismo vértice del precipicio quizás sin plena conciencia del peligro, pero de cuyos pasos dependerá un futuro colectivo armónico o trágico.

Muestras de ellos las encontramos en casi todas las épocas y en todas las naciones. Próximos a nosotros en el pasado siglo, dos evidentes: el final de la II República y la guerra civil, una anormalidad histórica fruto de una “ingente frivolidad” en opinión de Julián Marías; y la transición a la democracia, “la reconquista de la libertad” para el mismo autor.

El ánimo, la disposición, el talante que adoptaron los responsables políticos y sociales en cada uno de estos momentos fue decisivo en el resultado final alcanzado, porque son ellos quienes al final catalizan los movimientos de masas. En el primer caso demasiados dirigentes vieron en el sistema de libertades republicano el instrumento adecuado para imponer a los demás su propia idea, su particular concepción del mundo. En el segundo, la mayoría prefirió renunciar a gran parte de sus objetivos con el fin de lograr un “consenso” en pos de una sociedad en la que todos cupiésemos y nos encontráramos cómodos.

Vivimos en la actualidad circunstancias tremendamente difíciles, inimaginables hace solamente tres o cuatro años. Una crisis económica sin parangón a las vividas anteriormente por las actuales generaciones está reduciendo drásticamente el bienestar de la mayoría, dejando al descubierto además algunos viejos demonios colectivos con los que no contábamos: corrupción, despilfarro, pereza y codicia por parte de responsables sociales pero también de amplias capas ciudadanas, etc. Además, y por si faltaba algo, ávidos ante un Estado débil y con problemas, los nacionalismos vasco y sobre todo catalán, intentan aprovechar el momento para, ni más ni menos, romper en pedazos el marco político que desde hace más de cinco siglos nos une a los españoles, en un ejercicio de deslealtad institucional pero también ciudadana que sin duda tardaremos mucho en olvidar.

Ante ello cabe preguntarse, ¿en qué quedará todo esto dentro de diez años?, o mejor, ¿cuál es la posición, el camino óptimo que deberíamos seguir? De las experiencias anteriormente referidas sabemos que contar con dirigentes que sean auténticos ejemplos de comportamiento, capaces de trasladarnos a todos la necesidad de esforzarnos porque el futuro vale la pena; que a pesar de nuestras diferencias ideológicas, todos hemos de convivir en un clima de respeto y libertad; que las penurias actuales, lejos de servir de ariete de unos contra otros, deben ser lecciones para no caer en el futuro en errores que ahora nos parecen de bulto, pero que hasta hace bien poco a casi nadie quitaban el sueño. Necesitamos urgentemente de esos modelos, queremos ver que desde la izquierda y la derecha se alcanzan acuerdos más allá de engañosos intereses partidistas, que la Nación tiene conciencia de sí misma y no está dispuesta a que nadie nos complique aún más la vida con lo que no son sino intereses de unas pequeñas élites dirigentes, habitualmente ayudadas por acólitos siempre dispuestos a romperlo todo; que lo común, lo de todos, está por encima de lo particular, pero también que nadie debe invocar ese interés general para ocultar lo que no han sido más que privilegios de unas nuevas “clases muertas”, subvencionadas, cómodas en el chupeteo contante de las ubres públicas a costa del esfuerzo de la mayoría. Necesitamos en fin, de hombres y mujeres prudentes y a la vez ilusionados, que sean además capaces de enfrentarnos a  los españoles, uno a uno, a nuestra propia responsabilidad individual en la tarea común que a todos nos concierne.

Pasados unos pocos años sabremos si por la acción de quienes nos dirigen, pero también por la de todos y cada uno de nosotros, hemos conseguido llegar a un estado armónico, ni más ni menos que el apropiado según nuestras posibilidades, pero libre y democrático que todos podamos considerar como propio, o si por el contrario nuestra falta de memoria histórica, nuestra ira y la secular manía de culpar a los demás de todos los males, la creencia de que solo tienen razón quienes piensan como nosotros, nos ha conducido a un insoportable estado de desorden social, a la falta de libertad, a la tragedia.

Sin lugar a dudas estamos inmersos en uno de esos momentos históricamente trascendentales,… y es la hora de los sensatos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Retrato de una tarde


Después de días de frío y lluvia hoy hemos tenido una agradable tarde de primavera (vaya primera línea más hortera que me ha salido; claro, es mayo florido), de esas que invitan a pasear por la sierra o por las calles. Así las cosas, me la he pasado en casa.

Hace unos domingos que en el ABC te regalaban un libro titulado Retrato de España dedicado a su 110 aniversario, y siendo la tarde tan placentera, siesta de sofá incluida, no he encontrado mejor forma de aprovecharla que repasando las risas y lágrimas de nuestro último siglo con fondo de Eric Clapton en estéreo, que para esto de ver con perspectiva nuestros caretos siempre ayudan los aires anglosajones. Tiene entradillas de algunos de sus columnistas más o menos habituales: Santiago Castelo, Juan Pablo Fusi, Marina, Cortázar, Juan Manuel de Prada, Juaristi, Gabriel Albiac, Ignacio Camacho, tan pesimista últimamente de puro regeneracionista, etc.

Ver en foto y pluma ciento y tantos años de un tirón te hace sentir como un moderno diablo cojuelo sobrevolando “lo más notable que a estas horas pasa en esta Babilonia española”, y que puñetas, tampoco somos tan malos ni tan distintos. Guerras, arte, muerte y vida, toros y literatura, pasión, decepción, ángeles y demonios, héroes y villanos,… hombres y mujeres al fin y al cabo, con una mezcla de grandezas e hideputas que no hay dios que las separe.

Quizás el más certero sea el legendario Julio Camba, que cierra el libro, hablando de los españoles que viven en París o Londres. “Como ambos son españoles, ambos se pasan la vida protestando: el de Paris, contra Francia, y el de Londres contra Inglaterra. Mientras tanto ustedes, los españoles que no han abandonado España, protestan contra ella.” Pues eso, la foto de una tarde cualquiera.  

sábado, 27 de abril de 2013

Blas de Lezo

Hoy he encontrado un artículo corto pero interesante sobre este marino español que en 1741 infringió una derrota sin paliativos a la fuerza naval británica. Como solía ser constumbre, Inglaterra se ocupó de que la debacle se ocultase en las crónicas históricas, y como también solía y quizás suele ser habitual, el heroe español moriría en la miseria y falto de un reconocimiento que tardaría en llegarle.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/04/27/blas-de-lezo-o-la-gran-derrota-que-los-ingleses-han-censurado-119713/



viernes, 26 de abril de 2013

El "problema" de España V


Ramón Menéndez Pidal definirá el carácter de Baltasar Gracián (Belmonte, 1601 – Tarazona, 1658) con tres vocablos: agudeza, ingenio y buen gusto. Este jesuita erudito, bien relacionado, distinguido, sabrá introducir en su literatura culta “el agrio negativismo del pícaro”, consiguiendo novelar un contenido filosófico con la frescura de lo cotidiano. La máxima expresión de todo ello quizás la encontremos en El Criticón, novela simbólica protagonizada por Critilio y Andrenio en la que se describe su peregrinaje por el mundo, alegoría del vivir.

En cuanto a lo que a nosotros nos interesa en esta muestra de la preocupación por España, veamos la opinión crítica que de ella dan los personajes.

“La Soberbia, como primera en todo lo malo, cogió la delantera. Topó con España, primera provincia de la Europa. Parecióle tan de su genio, que se perpetuó en ella. Allí vive y allí reina con todos sus aliados, la estima propia, el desprecio ajeno, el querer mandarlo todo y servir a nadie, hacer el don Diego y vengo de los godos, el lucir, el campear, el alabarse, el hablar mucho, alto y hueco, la gravedad, el fausto, el brío, con todo género de presunción; y todo desde el noble hasta el más plebeyo”.     
Y sigue con su descripción del carácter nacional…

“ No me puedes negar que son los españoles muy bizarros.
Si; pero de ahí les nace el ser altivos. Son muy juiciosos; no tan ingeniosos. Son valientes; pero tardos. Son leones, más con cuartana. Muy generosos y aun perdidos. Parcos en el comer y sobrios en el beber; pero superfluos en el vestir. Abrazan todos los extranjeros; pero no estiman los propios. No son muy crecidos de cuerpo; pero de grande ánimo. Son poco apasionados por su patria y trasplantados son mejores. Son muy llagados a la razón; pero arrimados a su dictamen. No son muy devotos; pero tenaces en su religión y absolutamente es la primer nación de Europa odiada por tan envidiada”.

domingo, 14 de abril de 2013

14 de abril


Cada 14 de abril surgen, este año más que nunca, nostálgicos del sistema republicano dispuestos  a fiar en él todos sus anhelos. No entiendo bien como, tras dos monumentales fracasos históricos, haya gente dispuesta a otorgar a ese sistema un potencial regeneracionista de proporciones casi telúricas. En mi modesta opinión creo que el bienestar de la sociedad no depende de la disyuntiva Monarquía o República, sino de otras características sociales. Hay repúblicas imitables en muchos aspectos: Francia, Estados Unidos, Alemania,… y otras manifiestamente mejorables: Irán, Venezuela, Cuba,… Algo parecido sucede con las monarquías; las hay buenas como Dinamarca, Noruega, Reino Unido o Japón, y otras de las que mejor no copiar demasiado: Arabia Saudí, etc.

Pero hoy ya se ha escrito bastante al respecto; por mi parte os brindo un artículo imprescindible entre otras cosas por lo premonitorio que resultó. Se trata de El Dilema, publicado por Ortega y Gasset en el periódico El Crisol el 9 de septiembre de 1931, solo cinco meses después de proclamarse la República.

     Desde que sobrevino el nuevo régimen no he escrito una sola palabra que no fuese para decir directa o indirectamente esto: ¡No falsifiquéis la República! ¡guardad su originalidad! ¡No olvidéis ni un instante cómo y por qué advino! En suma: autenticidad, autenticidad...
     Con esta predicación no proponía yo a los republicanos ninguna virtud superflua y de ornamento. Es decir, que no se trata de dos Repúblicas igualmente posibles -una, la auténtica española, otra, imaginaria y falsificada- entre las cuales cupiese elegir. No: la República en España, o es la que triunfó, la auténtica, o no será. Así, sin duda ni remisión.
     ¿Cuál es la República auténtica y cuál la falsificada? ¿La de «derecha», la de «izquierda»? Siempre he protestado contra la vaguedad esterilizadora de estas palabras, que no responden al estilo vital del presente -ni en España ni fuera de España. (....) No es cuestión de «derecha» ni de «izquierda» la autenticidad de nuestra República, porque no es cuestión de contenido en los programas. El tiempo presente, y muy especialmente en España, tolera el programa más avanzado. Todo depende del modo y del tono. Lo que España no tolera ni ha tolerado nunca es el «radicalismo» -es decir, el modo tajante de imponer un programa-. Por muchas razones, pero entre ellas una que las resume todas. El radicalismo sólo es posible cuando hay un absoluto vencedor y un absoluto vencido. Sólo entonces puede aquél proceder perentoriamente y sin miramiento a operar sobre el cuerpo de éste. Pero es el caso que España -compárese su historia con cualquier otra- no acepta que haya ni absoluto vencedor ni absoluto vencido.
     (... ) Pero en esta hora de nuestro destino acontece, además, que ni siquiera ha habido vencedores ni vencidos en sentido propio, por la sencilla razón de que no ha habido lucha, sino sólo conato de ella. Y es grotesco el aire triunfal de algunas gentes cuando pretenden fundar la ejecutividad de sus propósitos en la revolución. Mientras no se destierre de discursos y artículos esa «revolución» de que tanto se reclaman y que, como los impuestos en Roma, ha comenzado por no existir, la República, no habrá recobrado su tono limpio, su son de buena ley. Nada más ridículo que querer cobrar cómodamente una revolución que no nos ha hecho padecer ni nos ha costado duros y largos esfuerzos. Son muy pocos los que, de verdad, han sufrido por ella, y la escasez de su número subraya la inasistencia de los demás. Una cosa es respetar y venerar la noble energía con que algunos prepararon una revolución y otra suponer que ésta se ha ejecutado. Llamar revolución al cambio de régimen acontecido en España es la tergiversación más grave y desorientadora que puede cometerse. Lo digo así, taxativamente, porque es ya excesiva la tardanza de muchas gentes en reconocer su error, y no es cosa de que sigan confundidos lo ciegos con los que ven claro. Se hace urgentísima una división de actitudes para que cada cual lleve sobre sus hombros la responsabilidad que le corresponde y no se le cargue la ajena.
     Las Cortes constituyentes deben ir sin vacilación a una reforma, pero sin radicalismo -esto es, sin violencia y arbitrariedad partidista-. En un Estado sólidamente constituido pueden, sin riesgo último, comportarse los grupos con cierta dosis de espíritu propagandista; pero en una hora constituyente eso sería mortal. Significaría prisa por aprovechar el resquicio de una situación inestable, y el pueblo español acaba por escupir de sí a todo el que «se aprovecha». Lo que ha desprestigiado más a la Monarquía fue que se «aprovechase» de los resortes del Poder público puestos en su mano. Una jornada magnífica como ésta, en que puede colocarse holgadamente y sin dejar la deuda de graves heridas y hondas acritudes, al pueblo español frente a su destino claro y abierto, puede ser anulada por la torpeza del propagandismo.
     Yo confío en que los partidos (...) no pretenderán hacer triunfar a quemarropa, sin lentas y sólidas propagandas en el país, lo peculiar de sus programas. La falsa victoria que hoy, por un azar parlamentario, pudieran conseguir caería sobre la propia cabeza. La historia no se deja fácilmente sorprender. A veces lo finge, pero es para tragarse más absolutamente a los estupradores.
     Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: «¡No es esto, no es esto!»
     La República es una cosa. El «radicalismo» es otra. Si no, al tiempo.

Visión actual de España tras la memoria del General Prim

Se estan celebrando en estos momentos actos conmemorativos del Bicentenario del nacimiento del General Prim (1814-1870), natural de Reus. En torno a ellos Ramón Tamames ha pronunciado una conferencia de la que hace un resumen en un artículo que recomiento, porque nos coloca sobre la realidad actual de nuestro pais a la sombra de este militar, protagonista de la Gloriosa de 1868.

http://www.republica.com/2013/04/10/prim-y-la-nacion-espanola-una-vision-desde-el-presente_636345/

miércoles, 10 de abril de 2013

El "problema" de España IV


Si tuviésemos que remontarnos en el tiempo en busca de un autor que de forma clara comenzó a expresar su preocupación por la deriva que la Nación iba tomando, nos encontraríamos posiblemente con Francisco de Quevedo (1580-1645).

Quevedo conocía como pocos los entresijos de las Cortes de Felipe III y Felipe IV, las improvisaciones, las envidias, las ambiciones personales por encima de los intereses generales,…   

Será casi al final de su vida cuando escriba uno de los sonetos más recordados de nuestro Siglo de Oro. En El Desaliento todo parece avisarle de la muerte, pero también se vislumbra el principio del fin del Imperio.

Miré los muros de la patria mía,
Si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
De la carrera de la edad cansados,
Por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo; vi que el Sol bebía
Los arroyos del hielo desatados;
Y del monte quejosos los ganados,
Que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa; vi que mancillada
De anciana habitación era despojos
Mi báculo más corvo, y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada;
Y no hallé cosa en que poner los ojos,
Que no fuese recuerdo de la muerte. 

lunes, 8 de abril de 2013

El “problema” d'Espanya III


Fins quasi al final del segle XIX, l'anomenat “problema” no es referia mai com ara passa, a la pertenença o no d'algún territori a Espanya. Vegem per eixemple que diu Jaume I quant, recordem, encara les regnes de la Corona d'Aragó i Castella no s'havien unit, en el capitol 392 del Llibre dels Fets, a compte de l'ajuda que el Rei demana als seus nobles per ajudar-lo contra els sarraïns de Castella.

“… creiem certament que ningú no podria trobar això malament, ja que nós ho fem, en primer lloc per Déu, en segon lloc per salvar Espanya, i en tercer lloc per tal que nós i vosaltres guanyem bona fama i gran nom per haver salvat Espanya. I per la fe que devem a Déu, ja que els de Catalunya, que és el millor regne d'Espanya,…”


Com diu Jaume Vicens Vives en Noticia de Catalunya, referint-se als cronistes medievals, "Cap cronista dubta mai en utilitzar els noms d´Espanya i espanyol en sentit geogràfic, històric o politic". 
Jaume I. Llibre dels Fets

sábado, 6 de abril de 2013

El "problema" de España II

Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol.
Si os alaba Inglaterra, será inglés, 
si os habla mal de Prusia, es un francés, 
y si habla mal de España, es español.

Joaquín María Bartrina y Aixemús. Poeta
(Reus, 1850 - Barcelona 1880)

jueves, 4 de abril de 2013

El "problema" de España

Quizás sean pocas las naciones que, como la nuestra, hayan dedicado tanto esfuerzo intelectual en intentar definirse. Son innumerables los pensadores, historiadores, poetas,... que han construido parte de su obra en torno a ésta, no sabemos, si útil tarea. Para quienes les interese adentrarse en el "problema" de España, les propongo una serie de Puntillas y Puntazos, a partir de las que promover la reflexión.   

"La ola de nacionalismo político que levantó la gran Revolución en toda Europa -y que en España se concretó en la Constitución de 1812- no podría explicarse, por tanto, a la manera de los románticos (o de los neorrománticos catalanes, vascos o gallegos de nuestros días) como un impulso procedente del "amor a las propias culturas nacionales", o bien al "despertar del genio o espíritu de cada pueblo", sino como un proceso de las clases emergentes en lucha con las clases dominantes del Antiguo Régimen. Una lucha de clases que simultáneamente quedará involucrada en una dialéctica de Estados, que constituye el argumento sangriento de la gloriosa historia política y social de los siglos XIX y XX".  

Gustavo Bueno. Filósofo
en "España no es un mito"



lunes, 1 de abril de 2013

Serenidad ante el futuro

"Si tiene remedio, ¿porqué te quejas? Si no tiene, ¿porqué de quejas?"

Proverbio oriental

sábado, 30 de marzo de 2013

DIOS


Hay temas que por su propia esencia producen vértigo, y sin duda la existencia o no de un ser superior y primero del que todo emana es uno de esos; quizás Dios es el tema por excelencia. Evidentemente no me atrevo a dar ningún tipo de opinión propia al respecto, pero os brindo la de otros por si a alguien, estos días precisamente de Semana Santa, le apetece pensar un rato sobre ello.  

Hace poco oí y leí, de forma casual y con pocos días de diferencia, la misma frase pronunciada por dos eminentes pensadores desde posiciones distintas; pero además me sorprendió, dado el clásico enfrentamiento entre ciencia y religión, la opinión expresada en función de la procedencia académica de cada uno de ellos, fundamentalmente por parte del científico.   

El primero fue el filósofo Fernando Savater, agnóstico en lo que a religión respecta, que en el transcurso de una conferencia de la que ya comentamos algo días pasados, afirmaba que nada hay que demuestre la existencia de Dios, ni tampoco nada que demuestre su no existencia. En el mismo sentido se manifestaba en una entrevista publicada en El País Werner Arber, protestante y darwiniano, Nobel de medicina y Catedrático de Microbiología Molecular, “La ciencia no puede probar que Dios existe, pero tampoco puede demostrar que no existe…Dios no se puede personificar, pero veo que la ciencia tiene sus límites y hay un poder divino en la naturaleza que no puedo explicar”.

 De forma más ecléctica y en una curiosa relación entre la formación y la estructura del universo con la del cerebro, se manifestaba otro científico, en este caso David Jou, profesor de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona, en otra entrevista en el diario ABC: “Los físicos tenemos la impresión de que lo sabemos casi todo del Universo y no nos damos cuenta de que dentro de nosotros hay otro “universo” mucho más complejo”, “Se puede interpretar el Universo como un gran ordenador del que podría emerger un gran pensamiento que interaccionara con el que ha surgido en su interior. Religiosamente, no habría problema en imaginar un pensamiento que podría ser el Logos del Evangelio de San Juan”.   

Lo interesante de todo esto es comprobar cómo, a estas alturas del progreso científico y después de dos mil años de teología cristiana, afortunadamente aún no hemos llegado a ningún tipo de límite en el pensamiento, las puertas siguen abiertas. 

"Paz hogareña y paz del alma"

"Nuestro estado de ánimo corriente depende del estado de ánimo en que sepamos mantener a las personas que nos rodean." 

Friederich Nietzsche

domingo, 24 de marzo de 2013

HACIENDO HISTORIA, de John H. Elliott


El último libro de John Elliott, catedrático emérito de Historia Moderna en la Universidad de Oxford, es una especie de autobiografía profesional que tiene la virtud de unir, junto a las tareas ejercidas propiamente por su condición de historiador, los cambios acaecidos en la historiografía contemporánea desde que mostró su interés por este campo de investigación, al inicio de la década de los cincuenta del pasado siglo, hasta nuestros días.

Elliott forma parte, junto con Hugh Thomas, Joseph Pérez, Stanley Payne y unos cuantos más, de esa pléyade de historiadores “hispanistas”, que contribuyeron, en un momento de cierta sequía intelectual patria, a incrementar el interés por nuestro pasado no solamente en los propios historiadores locales, sino fundamentalmente en un público inquieto que encontró en sus trabajos el suficiente atractivo como para hacer del estudio ese pasado el sustrato de sus inquietudes culturales.

A lo largo de trescientas páginas, en Haciendo historia (Ediciones Santillana, 2012), Elliott nos va presentando los motivos de la elección de España como centro de su atención, el deseo de averiguar el porqué de estereotipos que no duda en calificar de obsoletos, la difícil reconciliación entre la unidad y la diversidad de su propio territorio, o los procesos internos y externos que propiciaron tanto la formación como la decadencia de un inmenso imperio trasatlántico que tantos recelos, cuando no abiertas antipatías, suscitó en países vecinos, temerosos de las potencialidades de una monarquía universal bajo la Casa de los Habsburgo. La respuesta que él mismo se da, “es que se trata de un país infinitamente fascinante, cuya historia, compuesta por sorprendentes éxitos e igualmente por asombrosos fracasos, abarca temas de relevancia universal,… un país cuyos logros religiosos, culturales y artísticos a lo largo de los siglos han realizado una contribución riquísima, aunque a menudo controvertida, a la civilización humana”.   

Por los recurrentes acontecimientos que en estos momentos vivimos, tienen especial interés las referencias al historiador Jaume Vicens Vives y a la controversia que éste tuvo en su momento, año 1935, con Rovira i Virgili y el resto de historiadores tradicionalistas catalanes vinculados al Institut d´Estudis Catalans, a los que acusaba de “abordar la historia de Cataluña desde un postura ideológica preconcebida”; así como al síndrome de “víctima inocente”, según el cual “Las comunidades nacionales que sucumben a este síndrome tienden a verse a sí mismas como víctimas permanentes de fuerzas malignas que emanan de uno o varios vecinos más poderosos”, “Ni el síndrome de pueblo escogido ni el síndrome de la víctima inocente son propicios para escribir buena historia”. ¡Cuánto esfuerzo nos ahorraríamos si en algún momento fuésemos capaces de ver la historia sin tantos apriorismos victimistas! Valdrá la pena detenernos en este punto, y también en el porqué la rebelión surgida en Cataluña ante la pretensión Real de movilizar recursos para la guerra en las décadas de 1620 y 1630, no se siguió en el Reino de Valencia, pero esto será motivo de otro artículo.

Desde el punto de vista puramente historiográfico resultan muy interesantes las reflexiones que el autor hace sobre los estudios biográficos, él mismo los desarrolló brillantemente en El conde-duque de Olivares,  así como el enfrentamiento mantenido por éste con Richelieu en defensa de sus respectivas monarquías y por la influencia de éstas en el orbe mundial, controversia de la que a la sazón resultaría victorioso el cardenal francés. Similar interés tiene la utilización de la historia comparada como herramienta de trabajo y los problemas que la propia elección de los  elementos de comparación tiene a fin de evitar anacronismos en los que tan a menudo se incurre. Lecciones en fin, de técnica historiográfica muy interesantes para quienes pretendan adentrarse en la investigación de cualquier episodio del pasado, al hilo de lo cual podemos acabar con una reflexión que Elliott hace en el Prólogo del libro: “Creo que la teoría es menos importante para escribir buena historia que la capacidad de introducirse con imaginación en la vida de una sociedad remota en el tiempo o el espacio y elaborar una explicación convincente de por qué sus habitantes pensaron y se comportaron como lo hicieron”.

martes, 19 de marzo de 2013

En torno a la muerte


No me dirán que el tema no es enormemente sugerente. La muerte en realidad lo es todo dentro de la vida, porque es precisamente la certeza que tenemos de la muerte aquello por lo que somos conscientes de que vivimos.

Esta semana he tenido la oportunidad de asistir a una conferencia de Fernando Savater titulada El sentido de la vida ante la perspectiva de la muerte, ahí es nada. Savater habla de lo importante de manera cotidiana, es decir, te cuenta que es la muerte lo que nos hace pensativos, con la misma sencillez con que cualquiera comenta la tormenta del día antes en la barra de un bar del pueblo. Es precisamente esa contidianidad la que te permite a la salida vislumbrar el final de la vida, de tu vida, con una cierta normalidad, y te conformas mejor ante tu inevitable trágico final, aunque no sea más que durante un par de horas, sin tener necesariamente que haber padecido previamente un infarto, experiencia que según dicen los que la pasan, si la pasan, que te hace que mirar la vida “de otra manera”.

Efectivamente la muerte, ser conscientes de la muerte, que no es lo mismo que tener miedo a la muerte, es lo que nos da la certeza de nuestra vulnerabilidad, y porque somos vulnerables, aceptamos la moralidad,… y los vicios, cara y cruz de la misma moneda, y nos esforzamos en crear cultura como una prevención ante la misma muerte. No hay nada tan inmoral ni tan tonto como un inmortal dios mitológico. “Solo lo frágil y lo vulnerable es digno de amor”, dice el maestro; y también la muerte no da libertad, añade Spinoza: “El hombre libre sólo piensa en la muerte, y su sabiduría es una meditación, no de la muerte, sino de la vida”.

Es en ese contexto sencillo, evidente, racional, cuando Savater, ya entrado en edad, dice por experiencia propia aquello de que “lo divertido de la vejez es que todo se convierte en un deporte de riesgo”, y entonces el auditorio no puede evitar una risa casi estruendosa ante la inevitable perspectiva de la muerte.       

Pero aún queda un mensaje-resumen que llega con las preguntas; ¿cuáles son las virtudes ante la vida?: el coraje precisamente para vivir; la generosidad para convivir y la prudencia para sobrevivir.

Buenas noches y felices sueños. 

domingo, 3 de marzo de 2013

¿Dónde están nuestros intelectuales?


Hemos sabido esta semana que el Gobierno recurrirá ante el Tribunal Constitucional la declaración soberanista aprobada por el Parlamento Catalán; era lógico que así fuera, como también era de prever el menosprecio con que los nacionalistas han respondido a lo que no es sino el mínimo exigible a cualquier gobernante: que cumpla y haga cumplir las leyes.  

Pero si todo ello era lo previsible en la gravedad que el caso encierra, lo que desconcierta a estas alturas del proceso es la falta de debate intelectual acerca de la existencia o negación, nada más ni nada menos, que de la propia Nación española. Desde Cervantes o Quevedo, pasando por Feijoo y Jovellanos, Larra o Menéndez Pelayo, hasta sumergirse en la Generación toda del 98, “el problema de España”, ha sido una constante en la preocupación de nuestros mejores pensadores, por eso ahora, cuando de forma más lacerante se vive el desafío de los nacionalistas hasta ayer mismo moderados, e incluso los sectores de nuestro socialismo alumbran dudas desconcertadoras acerca de lo que somos (¡qué dirían al respecto Pablo Iglesias, Prieto o Besteiro si pudieran!), desmoraliza ver la falta de opinión publicada de historiadores, filósofos o creativos de cualquier campo al respecto.

Es cierto que el tiempo y el humor, a menudo el mal humor, nos lo ocupan cuestiones económicas siempre grises o noticias sobre conductas más que improcedentes que día sí día también copan los distintos informativos, pero también lo es que necesitamos separar el grano de la paja, y que por muy importantes que sean los  problemas coyunturales que desde luego hay que solucionar, no deberíamos perder la perspectiva de lo que nos estamos jugando con el caso catalán: que España siga adelante, con sus virtudes y sus defectos, con sus luces o con sus sombras, o que la perdamos para siempre vencidos ante un argumento tan pueril como el Espanya ens roba, que esgrimen los independentistas.   

La cuestión de España no es de derechas ni de izquierdas, no es de ideología de lo que aquí estamos hablando, es de sentimientos, de historia, de planes compartidos para el mañana, de una porción trascendental en la tarea civilizadora del pasado y del futuro, es una cuestión de afectos compartidos entre personas o entre territorios del norte y del sur o del este o del oeste; estamos hablando del alma de un pueblo, de nuestro pueblo, de nuestra cultura, de nuestra mirada americana desde la ventana de Europa. ¿De verdad que nada tienen que decir sobre todo ello nuestros intelectuales? Por desgracia no hay en el Parlamento en estos momentos un Azaña y un Ortega y Gasset capaces de elevar el debate al Olimpo de la trascendencia, pero ¿tampoco los hay en nuestras universidades?, ¿entre nuestros escritores?, ¿entre los que, siendo los mejor dotados, tiene la obligación de dar luz a nuestros pasos?

Era precisamente desde América a principios del siglo XX, cuando Rubén Darío se preguntaba por el futuro de la Hispanidad con palabras que en estos momentos deberían ser auténticos aldabonazos a nuestra conciencia:

La América española, como la España entera,
Fija está en el Oriente de su fatal destino;
Yo interrogo a la esfinge que el porvenir espera
Con la interrogación de tu cuello divino,
……
¿Callaremos ahora para llorar después?

miércoles, 20 de febrero de 2013

Sobre entender la historia

"Creo que la teoría es menos importante para escribir buena historia que la capacidad de introducirse con imaginación en la vida de una sociedad remota en el tiempo o en el espacio y elaborar una explicación convincente de por qué sus habitantes pensaron y se comportaron como lo hicieron".
                                                                                                                         Jhon H. Elliott

viernes, 15 de febrero de 2013

LA FORJA DE UN REBELDE, de Arturo Barea


Colmados como estamos por los best sellers con que continuamente nos acosan las editoriales, encontrar un libro de un autor ya muerto y por lo tanto exento de la promoción propia de entrevistas y premios, o de figurar como un “abajo firmante” de mil panfletos reinvindicativos, encontrar digo, un libro original en su escritura, directo, de una tremenda  sinceridad en el fondo y en la forma, es sin duda un soplo de aire fresco que cualquier lector aficionado agradece.

Ese es el caso de La Forja de un Rebelde, de Arturo Barea (Badajoz, 1897 – Inglaterra, 1957), que en realidad no es en absoluto desconocido, pero tampoco popular en los tiempos que corren, pero además no es un libro, sino tres: La Forja, La Ruta y La Llama. Se trata de una autobiografía novelada en la que el autor nos presenta primero su infancia y juventud en un Madrid pueblerino y grande, “Era un mundo de risas de la gente moza y de llantos de chicos y viejos, en un coro de blasfemias y de picardías como sólo ya se podían encontrar allí, o en los libros tan viejos como la calle”; pero también las dudas y las respuestas de la juventud, “Regreso a Madrid, sigo yendo a la iglesia en el colegio y con mi tía. Pero ya no puedo rezar”.  A riesgo de equivocarme diré que de los tres, éste primero es el más fresco y sencillo, una auténtica gozada.

En La Ruta, el autor narra su paso por el ejército del norte de África en las filas del Tercio. Son los duros años de las guerras con las cabilas marroquíes mandadas por el legendario Abd-el-Krim. Profundiza Barea en los motivos de la contienda a base de aquello que ve y escucha: los intereses económicos y mineros de los altos mandos y una parte de la burguesía, y también las pequeñas triquiñuelas en las que siempre se llevaban la peor parte lo simples soldados rasos. Como siempre, lo mejor el lenguaje sencillo y directo, solo un pequeño pero que se incrementará en el tercer libro: la justificación de sí mismo por el carácter autobiográfico de la obra, lo que en cualquier caso, no es lo más importante literariamente hablando.

Cierra la trilogía La Llama, en el escenario el Madrid republicano donde Barea forma parte de una clase media acomodada, su afiliación al partido socialista y la guerra civil. Por la época es posiblemente la parte más sugerente; pero también porque nos ofrece un testimonio en primera persona, siempre interesante, de importantes acontecimientos como la huida del Gobierno hacia Valencia en las primeras semanas del conflicto, y de cómo se vivió por los que aguantaron en su sitio, aunque como es el caso de Barea, saliese de España antes de su finalización, psíquicamente destrozado por lo que dejaba atrás: “Ya no controlaba las emociones que me regían; su trama de había deshilachado… Tenía miedo a la tortura que precede a la muerte, del dolor, de la mutilación, de la putrefacción en vivo y del terror…”        

La obra, cinematográfica hasta el punto de que en 1990 se estrenó una serie para la televisión con el mismo nombre,  es un testimonio personal y sencillo de una época interesante y desgarradora por partes iguales, llevada a cabo con una narración original, sin concesiones a lo superfluo, vigorosa. Es quizás, como alguien la ha calificado, la menor novela escrita desde el exilio y una de las diez mejores tras la Guerra Civil, en opinión de García Márquez. 

domingo, 10 de febrero de 2013

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

 Hemos vivido un par de semanas al borde del infarto. Desde que primero en el diario El Mundo y después en El País aparecieran los llamados “papeles de Bárcenas”, tanto el Gobierno como el partido que lo sustenta, pero también España entera en cuanto a lo que respecta a los principales indicadores de confianza económica (véase la evolución durante todos estos días de la prima de riesgo), han caminado una vez más ante el precipicio. La recuperación económica será lenta, pero poco a poco en el extranjero, que es desde donde al fin y al cabo nos llega una parte importante de la financiación, parece que ven correcto el camino emprendido; pero la sombra de la posible existencia de una corrupción generalizada en el país es un mazazo a la tan necesaria confianza. Veremos en qué queda todo, si lo que se dice en esos “papeles” es verdad o es mentira, y esperemos que pase lo que pase, se produzcan, aparte de las consiguientes consecuencias, las disculpas oportunas, aunque esto sea mucho esperar en un país tan acostumbrado a ver pajas en ojos ajenos como es el nuestro.

Pero de momento no todo ha sido en vano, esta semana hemos conocido la contabilidad del Partido Popular y las declaraciones de Renta y Patrimonio del Presidente del Gobierno; bien, tenemos todo el derecho del mundo como contribuyentes a saber dónde van nuestros impuestos, habida cuenta de que la mayor parte de los ingresos de ese partido político proviene de subvenciones del Estado. Pero a partir de ahí faltan más cosas, por ejemplo, ya están tardando demasiado en presentar públicamente sus cuentas el Partido Socialista y con él todos los que reciben aunque sea un céntimo de dinero público, y por supuesto las declaraciones fiscales de sus máximos dirigentes, es más, extraña a día de hoy, quienes pretenden ser un ariete contra el Gobierno por los casos de corrupción, no hayan comenzado ellos mismos con el ejercicio de transparencia que con tanto ahínco reclaman a los demás.

Pero esto no debería depender de la voluntad de esas organizaciones, es por ley por lo que partidos políticos, sindicatos, fundaciones, sociedades de autores, etc., etc. etc., deberían publicar sus cuentas, todos los que tengan algún tipo de financiación pública, por poca que sea, y si no quieren hacerlo, que renuncien a esos ingresos. La transparencia es sin duda una de las mejores armas contra la corrupción, y llegados a este punto de hartazgo ciudadano por los casos que cada día aparecen, esta medida no admite demoras. No deja de ser curioso por ejemplo que todos podamos saber el sueldo del Rey o del Príncipe Felipe, y está muy bien que así sea, y no sepamos el del presidente de la SGAE, de la fundación FAES o el del secretario general de la UGT, por poner tres ejemplos.

Se ha dicho muchas veces que los bolsillos de los políticos deberían ser de cristal, pues eso, a aplicarse el cuento, los políticos y las administraciones, pero también todos aquellos que directa o indirectamente viven del Presupuesto.       

domingo, 27 de enero de 2013

UNA TERCERA (otra) MEMORABLE


Uno de los asiduos a la Tercera de ABC de los domingos es Fernando García de Cortázar, posiblemente, creo haberlo dicho ya en este blog, el más pedagógico de nuestros historiadores contemporáneos. En esta ocasión la dedica, oportunamente, a la declaración que al pasado día 23 aprobó el Parlamento de Cataluña a favor en última instancia de la independencia de esa comunidad autónoma.

Cortázar suele medir mucho las palabras, es pausado, por lo que se de él, poco dado a la vehemencia,  sin embargo y como buen vasco, también es contundente y claro en sus razonamientos; la gravedad del asunto sin duda lo requiere, y por ello no tiene reparos en hablar de la “temeraria estulticia y la desvergonzada deslealtad” del nacionalismo catalán hacia España, y de como para “la cultura nacionalista el pasado es sólo un arma de destrucción intelectual masiva”, sirviéndose de la historia no “para explicar lo que ocurrió sino para convertirla en metáfora de una identidad colectiva invulnerable”.

Ciertamente el nacionalismo usa asiduamente determinados aspectos del pasado, convenientemente barnizados por una gruesa y descarada pátina legendaria,  como arma a favor de sus principios políticos previamente formulados, descontextualizándolos del proceso histórico y ocultando aquello que no les interese; lo sabemos de sobra y no nos causa sorpresa, sin embargo, y ante el desafío sin precedentes que desde ese sector de Cataluña se está lanzando contra nuestra común convivencia, bien está que desde el mundo intelectual se fijen posiciones claras que iluminen el debate.      

No se si ustedes habrán tenido ocasión de leer la mentada declaración, mi particular impresión cuando lo hice era dudar si se trataba de un documento serio digno de debate parlamentario, o de un simple panfleto que comienza con “una farragosa exposición de hechos históricos, que solo revelan la enfermiza inclinación del nacionalismo de confundir las churras de las instituciones medievales con las merinas de los conceptos políticos democráticos”, en palabras de Cortázar. Una exposición histórica que no es más que una “retahíla de sucesos del pasado, enhebrada con singular torpeza y sublime ignorancia para enlazarla con una lectura de la transición que nadie en sus cabales puede tomarse en serio”.

Creo que era el hispanista John H. Elliot, quien en pasado año se refería escandalizado, a una pregunta que un estudiante universitario de primer curso de Historia le hacía después de una conferencia dada en Barcelona, refiriéndose la Guerra Civil como una confrontación entre España y Cataluña, ¡cuánto daño ha hecho dejar la educación un manos de los nacionalistas durante los últimos treinta años! Era el propio Elliot quien a una pregunta sobre las relaciones entre España y Cataluña, y refiriéndose al historiador catalán Vicens Vives, decía que éste “se pasó toda la vida intentando desmitificar la Historia de Cataluña, evitando esa postura de agravio que ha dominado tanto en la historiografía romántica catalana. Me preocupa que se pierdan esos intentos que Vicens hizo, y en parte yo también, para evitar ese reduccionismo. Si los jóvenes no son capaces de aprender esa lección que les hemos intentado ofrecer… Vicens quería revitalizar y modernizar la sociedad catalana y hacerla apropiada para la época del postfranquismo. Pensaba que estaba teniendo éxito. Ahora me preocupa que una generación esté aprendiendo una Historia deformada que no conecta la Historia de Cataluña con la de otras partes de España. Es una deformación de la realidad”; se trata de una cita larga, pero creo que merece la pena leerla.

La actual actitud radical que esgrimen los nacionalistas catalanes hubiese sido impensable en los años ochenta, ha hecho falta para llegar a ella el oportuno proceso de adoctrinamiento educativo. Bien está que conozcamos el terreno en que nos movemos para poder comprender en su justa medida de que estamos hablando.
      

    

Sobre el derecho a decidir

Un interesante artículo referido a un tema muy de moda.

http://www.elimparcial.es/nacional/pero-que-cono-es-eso-del-derecho-a-decidir-117653.html

sábado, 26 de enero de 2013

Al voltant de la filosofia

Prompte es posarà en marxa una important reforma de la educació primaria i secundaria a Espanya en la que pareix que la filosofia no resulta molt ben parada. Açi teniu unes opinions qualificades al respecte.

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/32199/Desolacion_de_la_Filosofia

jueves, 24 de enero de 2013

Diez reglas de oro para una buena vida

Vivimos en un mundo lleno de tribulaciones, por unos motivos o por otros el dificil sustraerse a situaciones de estrés. He encontrado un artículo que no dice nada nuevo que no sepamos, pero en ocasiones hace falta que alguien nos lo recuerde; a ver si os gusta.


http://www.motivacionymas.com/panos-mourdoukoutas-10-reglas-buena-vida/?utm_source=mym_240113&utm_medium=newsletter&utm_campaign=mym_240113

domingo, 20 de enero de 2013

El insoportable hedor de la corrupción



¿A que huele la corrupción?, físicamente a nada desde luego, a no ser que billetes manoseados por dedos sudorosos aventen el profundo hedor de la codicia. Sin embargo moralmente la corrupción asfixia, ahoga, mata cuanto de vida sana hay a su alrededor.

Hace muchos años que de tanto repetirse casi no han sido noticia los casos de corrupción de políticos, financieros, funcionarios que vendían una licencia o simples ciudadanos ávidos en la extorsión y el fraude. Lo que vemos estas semanas en los telediarios: caso Bárcenas, el Gurtel, los oscuros negocios de los Pujol, los Eres falsos de Andalucía, etc., en realidad no es tan distinto a aquello de Roldán, Filesa, el 3% de CIU o el hermano de Alfonso Guerra; la única diferencia como mucho es que el vaso está llegando al límite de su capacidad, pero también que las circunstancias son otras, porque ahora, la profunda crisis con que cada día nos despertamos, hace que cada nuevo corrupto que aparece sea un puñetazo a la cara de quienes con mucho esfuerzo, intentan mirar al futuro con una dignidad que para él quisiera el más importante de la calaña.  

Comparto la idea de que la mayoría de los políticos no son corruptos, pero también de que quienes lo son no merecen ninguna compasión, porque entre otras cosas tienen la obligación de la ejemplaridad, y que la justicia debía ser más diligente en su rápido procesamiento y castigo. Por circunstancias personales que a nadie le extrañarán, no me cuesta ponerme en la piel de los miles de militantes y simpatizantes de los partidos políticos que trabajan por su organización, con el propósito final de hacer algo bueno por su pueblo, por su barrio, por su región o por su país, y que sufren tremendamente cada vez que alguien de su mismo color, aparece como cuatrero que roba no solamente el dinero público, sino también la ilusión de todos ellos. Es preciso que los partidos sean más transparentes, las listas electorales abiertas para que cada candidato dependa menos de su supuesto mentor y más de los votantes, y que la política sea un instrumento de generosidad y no una profesión para aquellos que fuera de ella simplemente no son capaces de ser nada. 

Ojalá la mediocridad llegue a ser en algún momento la excepción en nuestras vidas.   
       

domingo, 13 de enero de 2013

Son datos, a la espera de confirmación



Hoy domingo se ha hecho pública una encuesta del diario El País, según la cual el Partido Popular habría perdido desde las elecciones generales del pasado año quince puntos, situándose por debajo del 30% en intención de voto. En principio es de suponer que el dato debe preocupar a los responsables de la formación política, aunque en el fondo no creo que no lo esperaran. En 2012 se han hecho las mayores reformas y ajustes en las cuentas públicas al menos desde el Plan de Estabilización de 1959, ajustes que nos han afectado de una y otra forma a todos los españoles, por lo que es normal que el enfado de muchos de los afectados se deje entrever en la encuesta. Reducir el déficit público como se ha hecho, en un momento en que los ingresos han sufrido una caída del 1,5%, no es tarea fácil, pero parece, a falta de los datos definitivos de 2012, que se está logrando.

Pero junto al anterior, también hoy en otros medios aparecen algunos datos económicos que al menos dejan entreabierta la puerta de la esperanza. En la tercera de ABC el economista Alberto Recarte resume esa esperanza en un recomendable artículo en el que valora los esfuerzos realizados, gracias a los cuales no solo se habría salvado España de la quiebra y por lo tanto del impago de sus deudas, situación que nos hubiese acarreado consecuencias catastróficas económica, social y políticamente hablando, sino que además hubiese situado al propio euro al borde del abismo, lo que hasta hace muy poco tiempo era anunciado por más de uno.

La prima de riesgo cerró el viernes a 331 puntos, cuando en julio pasado alcanzó la vertiginosa cifra de 632 puntos, el dato es bueno, pero hay que esperar que la tendencia se consolide, de ser así, el coste de la deuda disminuirá, y con ello nuestro déficit público, pero además lo mismo pasará con las empresas que, como ya han hecho en emisiones de estos primeros días de enero, se financiarán más barato. Ya hablamos del aumento de las exportaciones gracias a la mejora en la competitividad, fundamentalmente por la reducción de los costes internos, en parte salariales y por lo tanto, a costa del factor trabajo. Por otra parte los inversores extranjeros, imprescindibles para la recuperación, vuelven a confiar en nosotros, y desde noviembre de 2011 que tenían casi 310.000 millones de euros de deuda pública en sus manos que pasaron en agosto de 2012 a 192.000, vuelven a tomar posiciones pasando de 214.000 en el mes de noviembre pasado; buen síntoma teniendo en cuenta que el Tesoro espera emitir en 2013 entre 215.000 y 230.000 millones, algo menos que en 2012.

Si finalmente los buenos augurios se consolidan, quizás la tendencia en las encuestas de intención de voto cambien para dentro de tres años, pero si no lo hacen, al menos los libros de historia podrán decir que el gobierno que rigió los destinos de este país en tan difíciles condiciones, tomó decisiones de Estado, sin preocuparle el castigo electoral. 



     

miércoles, 9 de enero de 2013

Austeridad versus crecimiento


Uno de los debates que a buen seguro se reavivará a lo largo del año será entre aquellos que defienden que se siga con una política de austeridad a ultranza  en las administraciones públicas y los que por el contrario, piden medidas de crecimiento por parte de esas mismas administraciones. Ser austero en principio significa reducir gastos; y aplicar políticas de crecimiento, aumentar esos mismos gastos para que el dinero circule y la economía crezca, a costa claro está, del presupuesto. La disyuntiva para el gobierno es clara… y difícil, ¿qué hará?

Desde mi punto de vista ser austero no tiene porqué significar que no se apliquen políticas de crecimiento. Reducir el déficit es una prioridad urgente para España, tanto por el apremio de la Comisión Europea, un club del que formamos parte para lo bueno y para lo malo, como es tener que cumplir sus normas, como por los llamados mercados, es decir, aquellos que nos dejan dinero porque nosotros lo necesitamos y lo pedimos, y que si no tienen plena confianza con que lo devolvamos en los plazos establecidos, nos cobran un interés más elevado del normal, entrando en una peligrosa escalada de aumento del gasto financiero.    

Ya hemos visto el exagerado déficit público de 2011, queda por ver como cerramos definitivamente 2012, lo que es evidente es que durante los últimos doce meses, y creo que seguiremos así durante algunos más, la urgencia por su reducción ha hecho que se haya entrado a trapo en todas las partidas del presupuesto, lo que inevitablemente crea injusticias muchas veces difíciles de entender; en la medida en que se controle, es de suponer que se empezará a ser más selectivo y ese magma que conocemos como gasto podrá empezar a clasificarse y finalmente llegar a entender que ser austero significa eliminar ineficiencias, derroches inútiles, que la administración no suponga una carga insoportable para el sector productivo, pero que por el contrario, las partidas inversoras deben incrementarse, pero en inversiones que no resulten inútiles sino productivas económica y socialmente. Las infraestructuras que faciliten esa producción, la investigación, la educación y la sanidad, que no tienen porqué no ser a la vez motores de creación de riqueza y empleo, son evidentes partidas a incrementar.

Estar en contra de la austeridad por principio, como parece el caso de los sindicatos y algunos partidos políticos como hemos podido escuchar hoy mismo es, desde mi punto de vista, no haber entendido una de las grandes lecciones de esta crisis: no se puede gastar indefinidamente más de lo que se tiene, por muy “justo” que nos parezca ese gasto, porque si no, antes o después, llega el colapso. La austeridad no solo es deseable, es exigible por parte de quienes tienen la responsabilidad de administrar el dinero de todos, ¿en serio que puede haber alguien que lo dude?

En cuanto a las políticas de crecimiento cuidado, se puede hacer mucho antes que eso, sobre todo mientras no haya dinero disponible; primero reformar las administraciones, reducir su tamaño para que sean soportables, establecer una legislación estable y fácil de entender y de cumplir, de forma que crear una empresa o conseguir un permiso no sea el primer motivo de quiebra.  Y ojo con las subvenciones como motores de expansión, ¿no nos hemos escandalizado lo suficiente durante estos años con los parásitos que han vivido a costa de ellas, o lo que es lo mismo, a costa del contribuyente?

Será difícil establecer políticas de crecimiento a gran escala sin la ayuda de Europa, pero con todo las prioridades deberían ser, en la mayor medida posible, los pequeños emprendedores, principalmente a través del autoempleo, las pymes y las empresas exportadoras. Los lujos, los caprichos y el despilfarro, para más tarde, o mejor, para nunca más.
   

domingo, 6 de enero de 2013

2013, ¿suma y sigue?


Un año más y ya van cinco, la crisis y sus consecuencias abre telediarios, llena conversaciones y pinta caras de desánimo por doquier. Como era de prever, las cifras de consumo en las Navidades recién terminadas han sido menores, consecuencia directa de la menor capacidad de gasto que las cifras de desempleo y la incertidumbre general provocan. Pese a ello se han creado más empleos de los esperados en diciembre, un mes normalmente bueno es este sentido por su carácter estacional.

Macroeconómicamente solo el turismo y por otro lado las exportaciones nos dan alguna alegría, pasando del 24% del PIB en 2009 al previsto 35% en 2013. El dato no es menor porque estas cifras no solo contribuyen a equilibrar nuestra balanza de pagos sino que demuestran que la productividad fundamentalmente industrial mejora, es decir, que las empresas exportadoras están, con la que está cayendo, disminuyendo sus costes y por lo tanto la competitividad de sus productos frente a los que se producen en otros países: el ritmo de crecimiento de nuestras exportaciones se sitúa en el 7%, frente al 4,5% de media mundial.

Pero en el 2013, ¿qué pasará?, ¿realmente son creíbles los mensajes dados durante estos días por el presidente del Gobierno y los ministros de Economía y Hacienda, en el sentido de que será el año del cambio de tendencia?, a poco que nos asomemos a los periódicos económicos veremos que hay analistas para todos los gustos, hay quienes creen que así será y los que opinan que con tanto recorte solo conseguiremos hundir más la economía. Si en algo parecen coincidir es en que debe seguirse con las reformas, que hay que continuar cambiando lo que no funciona y eliminando ineficiencias. Vale la pena detenernos en un aspecto nuclear del tema, y que no por sabido, debemos obviar, porque ha de ser una de las grandes lecciones que durante generaciones deberíamos recordar, se trata del déficit público.

  1.        El déficit público es insostenible y hay que reducirlo por encima de todo. Solo en 2011 el Estado gastó quince billones de pesetas más de los que ingresó, déficit acumulable al del resto de años. No existen unas reservas propias con las que cubrir todo este dinero que nos falta, por lo que lo tenemos de pedir prestado; como la deuda es muy grande y el riesgo de insolvencia elevado, quienes nos lo prestan piden mayores intereses, ahí entra en juego la famosa prima de riesgo.
  2.      Para reducir el déficit hay dos caminos, aumentar los ingresos vía impuestos o reducir los gastos. Aumentar los ingresos supone pagar más IVA, más IRPF, más tasas…, en 2012 lo ha estado haciendo el Estado, las Autonomías y los municipios, pero ello reduce la capacidad de gasto de empresas y familias, y por lo tanto deprime aún más la economía. Disminuir gastos supone adelgazar las administraciones, disminuir el número de empleos públicos y por lo tanto más paro, recortar algunos servicios que reciben los ciudadanos, etc.      

Ante esta situación, ¿qué es lo que va a pasar en 2013? Pues evidentemente que las cifras de paro provenientes sobre todo del sector público van a crecer considerablemente; ahí los políticos tendrán que ser hilar fino porque se trata de adaptar el tamaño de la administración a nuestras posibilidades reales, mermando lo menos posible la calidad de los servicios públicos. La reforma de las Administraciones Públicas es inaplazable y cuanto antes se asuman sus costes, por dolorosos que estos sean, mejor. Las ineficiencias existentes claman al cielo y están en la mente de todos.

Se completará la reforma financiera y también aquí aparecerán por desgracia nuevas cifras de parados, pero en tanto no se complete la reorganización bancaria, provocada entre otras cosas por la pésima gestión fundamentalmente de las Cajas de Ahorro, regidas en muchos casos más por criterios políticos que técnicos, y la lamentable supervisión efectuada por el Banco de España, no volverá a fluir el crédito a familias y empresas, y sin ello la recuperación general de la economía será imposible.

Es necesario que se ofrezcan instrumentos de reactivación de la economía y apoyo a las empresas, de esa forma se crea empleo, se aumenta el consumo y por lo tanto las transferencias de dinero, y aumentan los ingresos públicos por la mayor recaudación sin tener que incrementar aún más los tipos impositivos. La forma de hacerlo es difícil, destinar dinero público para ello en grandes cantidades parece una quimera estando el déficit como está, pero si es muy importante la eliminación de trabas administrativas, la implantación de un mercado único efectivo por mucho que clamen las voces siempre airadas de los nacionalistas, la revitalización de la marca España y el aumento de confianza de los inversores internacionales para que incrementes sus inversiones y además disminuyan los intereses a pagar, etc.   

Efectivamente todo parece indicar que 2013 no será, aún, un buen año, pero desde mi punto de vista es el trago amargo que nos queda por tomar para ver el futuro más despejado. Si las reformas van completándose, si la cuerda social no se rompe porque de una vez por todas nuestros políticos y agentes sociales son capaces de llegar a acuerdos mínimos, si dedicamos más tiempo a mejorar nuestro cada uno su entorno y menos a criticar siempre a los demás, …y también si la señora Merkel nos echa una mano, pese a las elecciones que tiene para septiembre, la confianza irá aumentando y el oscuro túnel terminándose. Espero no cometer ninguna frivolidad si me despido animándoles en la difícil tarea. 


sábado, 21 de abril de 2012

El valor del silencio

"La primera virtud es la de frenar la lengua; y es casi un dios quien teniendo razón sabe callarse".

Catón de Utica
 

domingo, 25 de marzo de 2012

Una conversación dificil

          Todos hablamos mucho de la crisis, lo hemos hecho y a buen seguros que lo seguiremos haciendo durante mucho tiempo, después, cuando la situación escampe y vivamos en una nueva realidad económica, suponemos que mejor, se le podrá algún nombre propio que la identifique, como se hizo con la del 29, y figurará en los manuales de economía, e incluso en los libros de Sociales de bachillerato por siempre jamás. 

          Creo que todo esto será así, pero de momento cualquier conversación informal de esas que todos tenemos mientras cenamos con los amigos o nos tomamos una cerveza en el bar con alguna compañía ocasional, se está convirtiendo en un ejercicio de dialéctica difícil de digerir. El motivo no es otro que, siendo esta crisis de tanta profundidad, las consecuencias han pasado de las páginas de los periódicos a afectarnos personalmente a todos y cada uno de nosotros. Si los participantes en la reunión son todos del mismo sector profesional, pongamos funcionarios de la educación, pequeños empresarios autónomos o agricultores por ejemplo, el tener el denominador común del mismo perjuicio, hará que se identifique a un culpable ajeno y que la unanimidad amaine los ánimos, pero si por el contrario entre los intervinientes hay algún profesor, y alguno de ellos es de la concertada, un par de autónomos o algún parado, la conversación es posible que se convierta en un cruce de acusaciones y de miradas recelosas porque los intereses son contrapuestos y los perjuicios variados y extendidos. 

          Realmente es difícil subir el nivel de la conversación a la altura de lo genérico, cuando alguien diga que en este país hay demasiados funcionarios, los que lo son se mosquearán e intentarán poner en valor su función pública, si alguien aboga por recortar o directamente por suprimir las autonomías, si alguno tiene querencias nacionalistas pondrá el grito en el cielo, si un autónomo alega que sus ingresos han caído por la crisis y por lo tanto lo justo es que a los funcionarios les pase lo mismo, la guerra entre los contertulios puede ser total. Si en la mesa hay algún político, aunque sea un concejal del pueblo más pequeño de España, simplemente deseará haberse quedado en casa, porque él, por la casta que representa, será posiblemente el único enemigo común en el que el resto de la mesa tranquilice de cuando en cuando sus ánimos.    
 
          Es posible que todos coincidamos en un argumento y es que de la crisis debemos aprender mucho y esperar que se tomen medidas valientes y se acometan reformas estructurales, el problema es que difícilmente, en una conversación que puede llegar a cierto grado de acaloramiento, admitamos que alguna de esas medidas afecten nuestro nivel de vida.  

viernes, 23 de marzo de 2012

Con "h" de huevos

          La patronal alicantina Coepa ha elegido nuevo presidente en la persona de Moisés Jiménez. En su discurso de toma de posesión lo ha tenido claro, ha recomendado a sus compañeros como mejor herramienta para salir de la crisis la fórmula de las cinco haches: honestidad, humildad, honradez, humor y huevos. 
              ¿Donde hay que firmar? 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Una cuestión de matices

"La diferencia entre una democracia y una democracia popular es la misma que hay entre una camisa y una camisa de fuerza"

Ronald Reagan

lunes, 19 de marzo de 2012

La Bolsa en 2012

          A estas alturas de la vida, o lo que es lo mismo en los tiempos que corren, a estas alturas de la crisis, sería uno muy tonto o muy visionario como para pretender hacer una recomendación sobre la bolsa. No, ya la he hecho otras veces y confío que nadie haya hecho demasiado caso…

          Así las cosas, dejemos la aritmomancia y acudamos a la filosofía, que por lo menos aparenta ser algo más serio para el caso. Para invertir en bolsa en 2012, el mejor consejo es: conócete a ti mismo; ahí es nada. Veamos, ¿eres de los de la botella medio llena o medio vacía?, ¿te gusta la primavera o el otoño?, cuándo te levantas un lunes ¿canturreas en la ducha o maldices el agua fría?, pues la bolsa durante los próximos meses puede ser algo parecido. ¿Ves algún brote verde (perdón por la referencia) en el secarral del déficit?, ¿crees que las medidas del Gobierno contradecirán su propia previsión de más de seiscientos mil nuevos parados?, ¿habrán miles de nuevos emprendedores que tengan el suficiente coraje  como para abrir un negocio y contratar por lo menos a uno o dos trabajadores?  … y así todas las preguntas que se te ocurran.

          Si después de hacértelas aún te queda cuerpo para ver un telediario, quizás sea bueno que inviertas algo en bolsa, pero recuerda, dinero que no te haga falta en bastantes meses, en empresas grandes con mucha liquidez, fijándote en que la rentabilidad por dividendo sea mayor que cualquier otro producto de renta fija, y siempre, siempre, sin creer que las acciones sean uno más de la familia, ten en cuenta que un pequeño accionista, e incluso muchos pequeños accionistas juntos, no son más que números para quienes se sientan en los consejos de administración, siempre muy bien retribuidos. Es posible que dentro de un par de años o tres los títulos hayan tenido una buena revalorización, que tus ahorros se hayan multiplicado y mientras tanto, que la rentabilidad haya duplicado o triplicado el Ipc,… o no. 

          En caso contrario, si el túnel aún te parece infinito y el sobresalto mayor que te permites es el resultado de tu equipo el domingo, no te arriesgues, busca un plazo fijo en un banco sin peligro quiebra, que haberlos haylos, aunque haya que buscarlos, y a vivir, no hay nada más reconfortante que un sueño plácido.

P.D.: Se que al leer estas líneas una amiga muy previsible me preguntará: ¿pero tú qué harías?, se lo contestaré en privado.
      

sábado, 17 de marzo de 2012

En torno a la educación

          Estamos en tiempos de recortes, de manifestaciones y de quejas en general sobre casi todo, y dentro de ese todo por supuesto, sobre la educación. Uno de los eslóganes más coreados en calles y Colegios es “Por una enseñanza pública y de calidad”, en principio resulta de lo más lógico, todos queremos que la educación tenga la máxima calidad posible y por supuesto que la educación pública también la tenga, pero… ¿estamos diciendo que queremos que la educación sea únicamente pública?

          Veamos unos números realmente esclarecedores, según un estudio de los muchos que abundan en la red, “la plaza en un centro público cuesta al fisco una media de 6.567 euros anuales, por los 2.771 de la plaza concertada”. Se da además la extraña circunstancia de que los colegios concertados suelen tener cola de admisión porque los padres tienen en buena consideración la educación que allí se imparte. Colegios concertados los hay de diversas “ideas”, con un currículum común a todo el sistema, unos pertenecen a asociaciones de padres, otros a organizaciones religiosas, otros incluso de legaciones diplomáticas, etc., son en fin, una manifestación de la diversidad social, una expresión lógica de la libertad de hacer y pensar, algo imprescindible si realmente queremos vivir en democracia. Si todo esto es así, ¿debemos seguir empeñándonos en que la educación sea únicamente pública?

          Unos gritan mucho, están acostumbrados a “tomar la calle”, a corear eslóganes redondos, frases hechas que a base de repetir parecen verdades incuestionables, pero a los demás nos queda pensar las cosas, cuando hay un problema, y la baja calidad de la educación lo es, intentar reflexionar y en la medida de nuestras posibilidades, buscarle la mejor solución. Tranquilamente, sin apriorismos y desde luego, de igual a igual con los que alzan la voz más de lo aconsejable. 
     

domingo, 11 de marzo de 2012

Monarquía

"Algunos países hemos tenido la suerte de llegar (a base de trompicones) al siglo XXI con monarquías constitucionales que ni dividen políticamente, ni son "sombra" que no se nota, sino que son un reflejo vivo de nuestra historia, de nuestro presente y nuestro futuro". 

Tristan Garel-Jones. Vicechambelán de la Corte Británica

sábado, 10 de marzo de 2012

Libertad y diferencia

«Freiheit ist immer die Freiheit des Andersdenkenden», "La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente".

Rosa Luxemburgo