sábado, 28 de septiembre de 2013

XAVIER CASP (I)

          Sense cap dubte, Xavier Casp es un del grans poetes valencians, pot ser, el més important poeta valencià de la postguerra.  Es interessant que el coneguem perquè en l'actualitat, on els escriptor pareix que per alguns sols existixen si son útils a la seua ideologia, no podem permetre que un personatge com Casp quede en l'oblit. Pillem les dates de la biografia que Ricard Bellver i Vicent LL. Simó Santonja escriuen en la publicació de les seues Obres Completes (Generalitat Valenciana. Biblioteca Valenciana, 2007).

          Francesc Xavier Casp va nàixer a Carlet a l'any 1915, en una “casa, gran; i al costat d'esta, el molí d'arròs, d'oli, de mel, i una serradora i una ebenisteria mecànica”.; coneguda com a “casa de la música” perquè  el seu pare solia tocar el violí, per a goig de tota la família i amics. Als dotze anys la família es traslada a València on Xavier Casp comença a treballar en una botiga de teixits, en ella coneixerà al periodista i escriptor Bernat Bono i Barber.

Em diuen
Xavier Casp
I estic
I vull estar
I ser
Xavier Casp.

M’ho diuen
¿i és perquè sóc?
Estar
és la raó
de ser
si estic qui sóc.

No és
tot el qui està;
qui viu
del temps comptat,
no és,
només està.

Si estic
Xavier Casp,
jo vull
la veritat
de ser
Xavier Casp.


                             De Silenci (1969)

domingo, 22 de septiembre de 2013

Una oportuna puntilla alemana

Hoy hay elecciones en Alemania. En un brindis por aquel país propongo una cita de Nietzsche contenida en su libro Humano, demasiado humano (I), del capítulo Una ojeada al Estado que creo que nos viene bien para nuestros días y circunstancias:

          "El comercio y la industria, el tráfico de libros y correspondencias, la comunidad de toda cultura superior, la rápida mudanza de vivienda y paisaje, la actual vida trashumante de todos los que no poseen tierra, todas estas circunstancias traen consigo necesariamente, el debilitamiento y, por último, la destrucción de las naciones, las de Europa por lo menos, en forma que como consecuencia de constantes mezclas se desarrolla forzosamente de ellas una raza mixta, la del hombre europeo. Opónese hoy por hoy a esta evolución, consciente o inconscientemente, el aislamiento mutuo de las naciones determinado por el fomento de las enemistades nacionales; pero no obstante tales ocasionales contracorrientes progresa lentamente este proceso de mezcla. Por lo demás, ese nacionalismo artificioso es tan peligroso como ha sido el catolicismo artificioso, pues significa esencialmente un estado de emergencia y de sitio impuesto por una minoría a la mayoría y tiene necesidad de la pérfida astucia, la mentira y la violencia para mantener su prestigio. No el interés de la mayoría (de los pueblos, como se dice por ahí), sino en primer término el interés de determinadas dinastías y en segundo lugar de determinados sectores del comercio y de la sociedad propulsa ese nacionalismo. Quien haya comprendido esto, no debe vacilar en proclamarse buen europeo y trabajar activamente por la fusión de las distintas naciones;..."    
Friedrich Nietzsche

Por favor, si conocéis algún nacionalista, y dado que no creo que este tipo de gente se asomen con frecuencia a este blog, dejadle leer el párrafo, no pretende ser más que una simple vacuna para una peligrosa enfermedad.  





sábado, 21 de septiembre de 2013

LA ECONOMÍA A DIA DE HOY

En los últimos días se han sucedido una serie de buenas noticias sobre la marcha de la economía española: la cifra de las exportaciones está en máximos históricos y la balanza de pagos casi equilibrada, aunque aquí juega mucho la disminución de las importaciones por la atonía de la demanda interna; el turismo bate récords; el dinero empieza a entrar en España, aunque aún no para proyectos industriales de importancia que supongan generación de empleo; la prima de riesgo cerró ayer a 235,50 puntos, mejorando su diferencial con la italiana y reduciendo los costes financieros de la deuda; y el americano Morgan Stanley emite un informe animando a la inversión en nuestro país con el elocuente título de ¡Viva España!; entre otras.

Pero también está la otra cara de la moneda: el déficit de las administraciones públicas sigue aumentando hasta situarse en julio en el 5´27 % del PIB frente al 6´5 anual previsto, lo que indica que la reforma de todas ellas, con la consiguiente disminución de gastos, no se está haciendo en toda su dimensión; la deuda pública total se acerca al 93 % del PIB, aumentando en el caso del Estado y las Comunidades Autónomas y disminuyendo solo en los Ayuntamientos, precisamente las entidades más dependientes; la tasa de morosidad bancaria sigue aumentando; el crédito no fluye y por lo tanto las empresas tienen extremas dificultades para financiarse, y sobre todo, el paro no se reduce si eliminamos el factor estacional del verano, o al menos no lo hace en las tasas deseables.

Efectivamente, hay una cara y una cruz, pero algo ha cambiado para bien: ya nadie habla de la intervención de la economía española como sucedía hace poco más de un año, ¡a cuantos agoreros se les han olvidado sus predicciones! (y es que al parecer hay mucho economista con frustrada vocación de ministro). En cualquier caso las cifras macroeconómicas son mejores cada mes que pasa, aunque nadie duda que esta mejoría tardara en trasladarse a las familias y las pequeñas empresas; aun queda mucho sacrificio por delante.

Pero también hay factores preocupantes que no deberíamos descuidar. La Administración está sobredimensionada y las reformas deben hacerse ahora o nunca, si la situación mejora levemente y estas siguen en cartera, es muy posible que a nuestros políticos se les olviden, porque ahí entran en juego sus propios intereses particulares, y esto sería malo porque seguiríamos con una administración excesiva, ineficiente y costosa, que continuaría absorbiendo unos recursos que hacen mucha falta para la economía productiva.

La prima de riesgo ha mejorado respecto a la italiana porque allí la inestabilidad política es mucho mayor que la nuestra, pero la deriva que está tomando el asunto catalán no hace esperar nada bueno; sus dirigentes siguen empeñados en dar al proceso independentista que han impulsado un tono de normalidad, como si no tuviese consecuencias más que positivas, como si, a modo de bálsamo de Fierabrás la independencia supusiese la solución automática de todos los males de aquella región, y lo peor de todo es que a fuerza de repetirlo, la mayoría de los catalanes parecen haberlo aceptado sin más. La solución al conflicto necesariamente será traumática, a no ser que se dé un repentino cambio de actitud de los políticos y esto, conforme avanza el tiempo, cada vez se hace más difícil.

La justicia es lenta en la investigación de los numerosos casos de corrupción que nos asolan, y es urgente que con su actuación los partidos políticos se “limpien” de personajes indeseables y asuman su obligación ejemplarizadora, porque a estas alturas de la película vemos que, a no se forzados por el frente judicial, la voluntad de regeneración interna de unos y otros es más bien escasa.

Muchas cosas nos quedan a ver en los próximos meses, por ejemplo a partir de que tasa de crecimiento del PIB somos capaces de crear empleo, hasta ahora lo hacíamos tímidamente superado el 2% y con fuerza desde el 3%, si conseguimos hacerlo con menor crecimiento será señal de que el aumento de productividad es sólido y de que las bases estructurales de nuestra economía están cambiando, pero será para ello preciso aumentar la formación de los trabajadores, lo que es difícil con una disminución de los presupuestos. Habrá que echarle imaginación a la cosa.

Siempre se ha dicho que la economía son expectativas, si estas son buenas la cosa va mejor, aunque no sepamos muy bien porque, pero es así. Las últimas encuestas en este sentido y los informes de las cadenas de venta minorista también muestran señales positivas. Esperemos que todo se confirme y que una vez superada la crisis, hayamos sido capaces todos, políticos, empresarios, trabajadores y familias, de no olvidar las lecciones recibidas. 

domingo, 15 de septiembre de 2013

LOS IDUS DE MARZO, de Thornton Wilder


          Hasta ahora no había llegado a mis manos nada del americano Thornton Wilder (Wisconsin, 1897 – Hamdem, 1975), y lo hace en forma de regalo de una persona a la que aprecio, lo que sin duda aumenta la satisfacción de la lectura. Se trata de Los Idus de Marzo, una novela histórica de las que te congracia con el género. Con las novelas históricas hay que llevar mucho cuidado porque en demasiadas ocasiones no son sino un recurso fácil para escritores mediocres que, disponiendo sin esfuerzo del argumento, son incapaces de profundizar en el sustrato de la propia trama.

          La novela relata los últimos días de Julio César y, escrita en 1948, no falta quien ve un paralelismo con los de Mussolini, aunque esto evidentemente es opinable. Por ella circulan los más importantes protagonistas de época: el propio César, Cleopatra, Cicerón, el poeta Catulo, etc., cuyos diálogos, y aquí está la principal originalidad de la obra, se realizan a través de sus escritos: cartas, informes, diarios,… logrando acentuar el mimetismo del lector con las opiniones de cada uno de esos personajes. A lo largo de sus doscientas cincuenta y tres páginas que pueden leerse casi de un tirón, Wilder desarrolla todo un ensayo sobre el poder y las relaciones que en torno a él e crean: envidias, conspiraciones, intrigas palaciegas, etc., pero también interesantes incursiones en la religión, las supersticiones o el concepto de la inmortalidad, a través de un dialogo sin estridencias entre un César y una Cleopatra tenidos por dioses.


          Sin duda es un libro que mueve a la reflexión, porque la temática, lejos de aparecer como antigua, tiene una tremenda actualidad, cualidad imprescindible de cualquier obra que aspire al calificativo de clásica. Como no detener un momento la lectura delante de frases tan elocuentes como que “Hay una cosa en la que todos los hombres son igualmente ignorantes y ésa es el porvenir”, o “Debemos vivir en una ciudad en la que a la opinión pública se la aplasta con dinero”, o “Si, esos moralistas son virtuosos por reacción, y de ahí les viene la rigidez”, ¿no estamos leyendo en ello la moraleja de cualquier noticia, de cualquier periódico, de cualquiera de nuestros días?    

viernes, 13 de septiembre de 2013

11 de Setembre de 1714

Que la història es un molest obstacle per als nacionalistes eu sabem des de fa temps i ningú amb un mínim sentit crític s´estranyarà per tal cosa; i no deixa de ser curiós donat que la base, el germen de la seua concepció tribal de la societat la basen en determinats fets històrics, o llegendaris, però ja se sap, una cossa es llegir l'historia com un proces continu en el que passen coses normalment relacionades unes amb altres i l'altra, molt distinta,  es valdres de determinats fets per construir una argumentació política que sempre comença pel victimisme i acaba amb la reivindicació; ¿no vos crida l'atenció que la major part de les commemoracións nacionalistes recorden derrotes?

I perquè dic açò, voran, fa tres dies a Catalunya van celebrar la seua Diada amb manifestacions, homenatges i les “cadenes” dels que ja tots sabem. El dia elegit commemora la pressa de Barcelona  per les forces borbòniques, dins de la Guerra de Sucesió iniciada per la disputa de la Corona Espanyola, com a conseqüència de la mort, l'1 de novembre de 1700, del Rei Carlos II sense deixar descendència; disputa que enfrontà per un costat als Borbons, capitanejats per Felipe V, i per altre a la austracistes dirigits per l'Arxiduc Carlos.

En la Guerra de Sucesió, que no de “secessió” com volen fer-nos creure els nacionalistes catalans, i catalanistes pel que als valencians ens toca, en el fons el que es dilucidava era la supremacia europea, però pel que a Espanya respecta, significà una guerra civil fratricida en la que es ventilaven molts i variats interessos contraposats.

El cas es que l'11 de setembre de 1714, en uns dels últims episodis de la guerra, les tropes borbòniques entraven en una Barcelona en la que destacà la intervenció de Rafael de Casanova, un autèntic heroi que intentà resistir l´envestida enemiga després de fer públic un conegut ban en què cridava a la defensa. Ara, cada 11 de setembre, els nacionalistes catalans acudixen al monument dedicat al que consideren primer Conseller en Cap, a la capital catalana, amb l'ànim reivindicatiu que les caracteritza, fen de Casanova un patriota catalá que lluitava per una Catalunya independent en contra de la dominació espanyola, però, ¿que dia exactament l'esmentat ban? Anem a llegir-lo en la seua versió original:

“Ara ojats, se fa saber á tots generalment, de part dels tres Excms. Comuns, pres lo parer dels Senyors de la Junta de Gobern, personas asociadas, nobles, ciutadans y oficials de guerra, que separadament estan impedint lo internarse los enemichs en la ciutat; atés que la deplorable infelicitat de esta ciutat, en que avuy resideix la llibertat de tot lo Principat y de tota Espanya, está exposada al ultim extrem, de sujectarse á una entera esclavitud.
Notifican, amonestan y exhortan, representant pares de la patria que se afligeixen de la desgracia irreparable que amenassa lo favor e injust  de las armas gali-spanas, feta séria reflexió del estat en que los enemichs del Rey N.S., de nostra llibertat y patria, estant apostats ocupant totas las bretxas, cortaduras, baluarts del Portal Nou, Sta. Clara, Llevant y Sta. Eulalia. Se fa á saber, que si luego, inmediatament de ohit lo present pregó, tots los naturals, habitants y demés gents habils per las armas no se presentan en las plassas de Junqueras, Born y Plassa de Palacio, á fi de que unidament ab tots los Senyors que representan los Comuns, se poden retxassar los enemichs, fent lo ultim esfors, esperant que Deu misericordiós millorará la sort. Se fa també a saber, que essent la exclavitud certa y forsosa, en obligació de sos empleos, explican, declaran y protestan als presents, y donan testimoni als veniders, de que han executat las últimas exhortacions y esforsos, protestant de tots los mals, ruinas y desolacions que sobrevinguen á nostra comuna y afligida patria, y extermini de tots los honors y privilegis, quedant esclaus amb los demés enganyats espanyols y tots en exclavitud del domini francés; pero com tot se confía, que tots com verdaders fills de la patria, amants de la llibertat, acudirán als llochs senyalats á fi de derramar sa sanch y vida, per son Rey, per son honor, per la patria y la llibertat de tota Espanya, y finalment los diu y fan saber, que si despres de una hora de publicat lo pregó, no compareixen gent suficient per executar la ideada empresa, es forsós precis y necessari fer llamada y capitulació als enemichs, antes de venir la nit, per no exposar á la mes lamentable ruina de la Ciutat, per no exposarla a un saco general, profanació dels Sants Temples, y sacrifici de noys, donas y personas religiosas.
Y para que á tots sia generalment notori, que ab veu alta, clara e inteligible sia publicat per tots los carrers de la present ciutat. Donat en la casa de la Excma. Ciutat, residint en lo portal de S. Antoni, presents los dits senyors Excms. y personas associadas, a 11 de Setembre, á les 3 de la tarde, de 1714.”    

¿Podríem dir que Rafael de Casanova era un patriota catalá o mes be un patriota espanyol lluitant dins d'una guerra civil?

No estem en temps de massa raonaments, el nacionalisme catalá està embravit després de la seua demostració de força de la Diada, que inclús a entrat en terres valencianes. Estan saber valdré ens sentiments, la passió, la propaganda i el “agitprop”; la “massa” està en marxa i davant les raons tenen poc valor, però no per això em de perdre la perspectiva de la veritat.

Un altra pregunta per acabar. Hi han descendents vius de Rafael de Casanova, ¿perquè creuen que no les trauen a la palestra com un arma mes de la seua lluita mediàtica? Podem escoltar una chicoteta entrevista a la seua descendent i eu entendrem millor:



Es clar que amb les nacionalistes no hia que deixar-se llevar pel que pareix.  

lunes, 9 de septiembre de 2013

Para una reflexión sobre el poder

Hablando de Cesar:

"Le agrada la habilidad si carece de escrúpulos, y le agrada el carácter elevado si no es práctico, pero no puede sufrir ambas cosas en un mismo hombre". 

¿Quizás porque entonces se convierte en adversario político?

Thornton Wilder en "Lo Idus de Marzo" 


domingo, 1 de septiembre de 2013

El Tractat d'Almirra



Des de 1976 el Camp de Mirra, i dic el Camp de Mirra i no altra cosa, perquè es  tot el poble el qui eu fa, representa amb una solemne dignitat un dels fets senyers de l'historia del Regne de València: el Tractat d'Almirra. Els intèrprets, ja eu sabeu, son en la seua immensa majoria, camputs de totes les edats i condicions, actors aficionats, amants de la seua historia i enamorats del seu poble. Molts d'ells, la majoria, han canviat al llarg d'aquestos anys, en un relleu que les habitants del Camp tenen com a natural, senyal que la teatralització del fet històric ha segut assumida per eixa consciència col·lectiva que tenim els pobles menuts i que tant ens cohesiona. 

L'historia es de sobra coneguda: el 26 de març de 1244, “… aquell dia tan famós/que, per cert, era dissabte”, el Rei Jaume I en representació de la Corona d'Aragó i l'nfant Alfonso, de la de Castella, signaren al Castell d´Almirra un pacte que fixava la frontera sud del nou Regne de València.  Les negociacions foren difícils, com es de supondre entre dos Corones que es disputaven les noves terres a conquerir als moros, però com diu el rei En Jaume en la seua Crònica, al final “férem els nostres documents, amb butles, entre nós i l'Infant don Alfonso, i ens separàrem com a bons amics, i l'un tornà a l'altre allò que retenia i no era seu”.

Però aquestos actes de representació històrica, com tantes altres coses per cert, corren el perill de la manipulació política, i almenys els qui de bona fe acudim any rere any a disfrutar d'ella a la plaça d'Espanya del Camp de Mirra, ens mereixem tindreu amb compte, ¿i perquè dic açò?, voran, al programa de mà d'aquest any s'inclou un article d'un professor de la Universitat d'Alacant amb uns paràgrafs eloqüents. Comença, com sol ser prou freqüent amb les escrits provinents del nacionalisme cultural, assegurant que som “..d'un país com el nostre, tan propens a la imitació grollera de models culturals forasters i habitualment predisposat a la submissió carpetovetònca més rància”, es evident que necessitem d'algun erudit que ens òbriga els ulls…    

Però despres ve la interpretació del Tractat en el sentit de “realitat … projectada nacionalment…”, i de la que fonamentalment cal tenir en conte les diferencies entre “uns” i “altres”: “…sabent que els uns són els uns –els valencians- i que els altres són els altres –els castellans-, i que no som els mateixos. Que podem viure reconeixent-nos i en pau: nacions lliures i iguals”.  Es a dir, a partir d'un fet medieval, incurs en els avatars polítics i militars típics de la Reconquesta: guerres, pactes, matrimonis de conveniència, repartiment de terres conquerides, senyors feudals, etc., conclou que existix una definitiva diferencia entre valencians i castellans i traslladant eixa diferencia al dia de hui, com si res mes hagué passat després, com si no s'hagué fet mai la unió dels regnes hispànics, com si les revolucions lliberals del segle XIX i la caiguda dels antics Regims foren esdeveniments sense importància, com si la formació de les Estats Moderns no ens afectara nosaltres, com la Constitució de Cadiz, la tercera constitució democràtica a tot el mon, no incloguera tot els llocs que des de fa mes de cinc-cents anys formen Espanya. Però es que a més eu fa utilitzant un terme modern com el de “nació”, ¡a partir d'un fet ocorregut fa mes de set-cents anys! Sincerament i desd'el meu modest punt de vista, fer això em pareix una frivolitat, però fer-ho des de la talaia d'una Universitat, em pareix una obscenitat.  

Be està que cadascú pensí com vullga i tinga les pretensions polítiques que crega convenient, son ben clares les de l'autor de l'article, i davant d'elles sols cap el respecte que no exclou la discrepància, a fi i al cap vivim en un Estat democràtic i no en “país” medieval, però fer-ho aprofitant  l'esforç, la il.lusió, i el treball de tot un poble, en lo que no es mes que una burda manipulació política d'aquest fet cultural i ciutadà, en pareix immoral. 

Xarre molt amb veïns del Camp de Mirra de diferents meneres de pensar i sempre he comprovat l'orgull amb el que parlen del Tractat, per que es tant com parlar d'ells mateix, i som molts els qu'els admirem per tot el que fan. Esperém de bon cor que mai es permeta que ninguna manipulació trenque aquest afecte de tot un poble a allò que tan be saben fer.

domingo, 18 de agosto de 2013

ARBRES, de Xavier Casp

Un esplèndit diumenge d´estiu. ¿Que vos pareix un poco de poesia d´un dels grans poetes valencians?

     ARBRES

     ARBRES!, vides amigues de la meua!
     Braços a l´aire
     i arrels a terra,
     pobre cor estirat, vertical de les ànsies!

     Arbres!, fills de la terra
     i amants de l´aire!
     Com jo, com jo,
     tronc fidel a l´enigma de les ales!

     ¿Qui em diria el secret
     si els fracassos floreixes esperances?
     Ja vaig tornant-me espill:
     mireu-me els arbres!

     S´hi vindria dins mi -en un ofici d´ombres-
     la vostra primevera per l´estiu de les ànimes,
     i aquest esforç
     que em fan les meues branques
     òrfenes de les fulles
     que podrien vibrar-me l´aire,
     sabria cantar: Salve,
     vida meua, germana
     dels arbres!

                                                         Xavier Casp

sábado, 17 de agosto de 2013

El "problema" de España VIII

De familia vasca, José de Cadalso (Cádiz, 1741 – Gibraltar, 1782), alcanzaría el grado de coronel en el ejército español, encontrando la muerte en el asedio de Gibraltar. Cadalso representa junto a Jovellanos y otros, la plenitud de la Ilustración española. De su obra, y por lo que aquí nos interesa, destacan sus Cartas marruecas. En las misivas que se cruzan tres personajes que representan visiones distintas del problema, aparece el "hondo sentir" hacia la situación nacional, aunque su patriotismo le hace reaccionar contra la leyenda negra que ya por entonces había tomado cuerpo. Dice Gazel a Ben-Beley:

“Si entre los españoles no se oye sino religión, heroísmo, vasallaje y otras voces dignas de respeto, del lado de los extranjeros no suenan sido codicia, tiranía, perfidia y otras no menos espantosas…, reflexionase por ahora que los pueblos que tanto vocean la crueldad de los españoles en América, son precisamente los mismos que van a las costas de África, compran animales racionales de ambos sexos a sus padres, hermanos, amigos y guerreros victoriosos, sin más derecho que ser los comprados negros; los embarcan como brutos; los llevan millares de leguas desnudos, hambrientos y sedientos; los desembarcan en América; los venden en público mercado como jumentos…”   
Pero tampoco duda en responsabilizar a los máximos dirigentes de la deriva del país; hablando de Felipe II y en tono acusatorio, afirma: “Murió dejando a su pueblo extenuado con las guerras, afeminado con el oro y la plata de América, disminuido con la población de un nuevo mundo, disgustado con tantas desgracias, y deseoso de descanso…; y en la muerte de Carlos II no era España sino el esqueleto de un gigante”.

Aunque al final parece encontrar un consuelo ante tanta desdicha. Dice en la carta de Nuño a Ben-Beley:


“Querer que una nación se quede con solas sus propias virtudes y se despoje de los defectos propios para adquirir en su lugar las virtudes de las extrañas, eso el fingir otra república como la de Platón. Cada nación es como cada hombre, que tiene sus buenas y malas propiedades peculiares en su alma y cuerpo. Es muy justo trabajar para disminuir éstas y aumentar aquellas; pero es imposible aniquilar lo que es parte de su constitución”. 

domingo, 11 de agosto de 2013

El árbol de los cuentos, de Luis Mateo Díez

Ha sido el primer libro del verano y una vez terminado, creo que fue una acertada decisión empezar con él. El árbol de los cuentos, es una recopilación que el propio Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) hace de estos relatos cortos escritos en su ya dilatada trayectoria literaria, desde los primeros de 1973 hasta 2004.

Mateo Díéz en un autor imprescindible en nuestra actual narrativa; extremadamente realista, sencillo entendido en el sentido de descriptor de las cosas habituales, y a la vez profundo en cuanto a que no deja detalle por considerar de su relato, a quien esto escribe siempre le ha parecido un escritor austero, preciso, rico en recursos literarios que utiliza en su justa medida, dignísimo representante del mejor estilo castellano.

El árbol de los cuentos en un libro largo, de más de quinientas páginas, pero que puede leerse fácil porque cada uno de los ciento cinco relatos que contiene describe un mundo distinto y a su vez relacionado dentro de su propio apartado en los que se estructura la obra: El árbol de los cuentos, Brasas de agosto, Álbum de esquinas, Los males menores, Días del desván, La palabras de la vida y Las lecciones de las cosas. Apetece no obstante una lectura tranquila para sacarle el jugo a cada una de las múltiples aristas que encierra.

En estos cuentos, muestras en cierto modo de sus novelas o “huellas insustituibles de mi mundo literario” como el propio autor afirma, mezcla recuerdos con imaginación, fundamentalmente en los pasajes sobre su infancia y juventud a partir de la posguerra, dejando al lector cuando llega al último relato, un poso descorazonador y de liviano pesimismo, tan nuestro por otra parte. Pero además, y aquí tiene en mi opinión una más de sus virtudes, hace una continua puesta en valor de nuestro vocabulario menos usado: hirsuta, tagarnina, albañales,… son solo unos ejemplos de lo dicho.  

Si hemos dicho que Mateo Díez es un autor imprescindible en nuestras bibliotecas, fundamentalmente por sus novelas, este libro de cuentos se nos presenta como un manual de claves para entender mejor su creación literaria. No me resisto a apuntar una frase cualquiera llena de contenido y a la vez del justo misterio, “De las cosas que aquel país me lleva enseñadas, la que más me gusta es la de que nada vale nada más allá del sueño de cada noche”. Como afirma el autor en la solapa de la edición que manejamos “No hay opción para historias complacientes, la vida que se gana en las ficciones siempre debe ser más poderosa que la verdadera”.    


   

miércoles, 3 de julio de 2013

Una mirada hacia la economía

Cuando los nuevos datos que aparecen cada día condicionan la percepción global que se tiene de la economía, malo, porque eso significa que nos encontramos en una situación de incertidumbre e inestabilidad extrema, y esto, en lo que toca a las cosas del comer, solo crea desconfianza, y como todos sabemos, no hay peor enemigo para el dinero, entendido como inversiones productivas de riqueza, que el miedo.

Cada vez que aparecen las cifras de paro o del déficit público, cada vez que el Gobierno presenta un nuevo cuadro macroeconómico, en cada nueva rueda de prensa del presidente del Banco Central Europeo o en cada presentación de un informe del Fondo Monetario Internacional, por cierto, increíblemente contradictorios unos con otros, sube o baja la prima de riesgo, sube o baja la bolsa, y las agencias de calificación, por cierto, bastante desprestigiadas con el tiempo, cambian su nota sobre España y sus empresas.

La situación de la que venimos desde hace solamente unos meses es sobradamente conocida: una economía al borde de la suspensión de pagos, una prima de riesgo por las nubes, un sistema financiero con más agujeros de un queso gruyere y un déficit público galopante, aderezado todo ello con una credibilidad internacional por los suelos. Aunque algunas de estas variables no haya mejorado aun, hay que reconocer que las cosas, poco a poco, están cambiando, nuestra inseparable “prima” no baila tanto, el déficit se está controlando, aunque es imposible que mejore sustancialmente si no aumentan los ingresos y esto no sucederá hasta que haya recuperación, y España afortunadamente ya no es el centro de la preocupación económica mundial.

Pero la solución a los problemas aún no está completamente encarada, pese a alguna mejora en las cifras de paro como las conocidas hoy correspondientes al mes de junio, o el increíble cambio de pasar en solo cuatro años de un 10% de déficit por cuenta corriente a un superávit del 2%, las empresas, verdaderas protagonistas en el bienestar económico (cuanto han tardado algunos en darse cuenta), tienen grandes dificultades en su caja, la financiación es escasa y cara comparada con sus competidores europeos, y en esta situación muy pocas se atreven a planificar nuevas inversiones, ocupadas como están en aguantar el tirón y no cerrar, las que han podido resistir hasta ahora. Es pues urgente mejorar el crédito, solo así se creará empleo y este será de calidad. Uno de los factores que más han contribuido a su dramática destrucción es la falta de músculo financiero de nuestras empresas, tenemos algunas muy grandes y muy bien gestionadas, multinacionales con una diversificación de actividades y de zonas geográficas excelente, pero sobre todo muchísimas microempresas sin capacidad de aguantar por sí mismas; será necesario en el futuro una política industrial que favorezca la existencia de medianas empresas con suficiente capacidad de capitalización, y con una presencia consolidada en los mercados exteriores.   

El gobierno no debería cejar en su política de reformas a todos los niveles, estando hundidos como estamos, ahora o nunca. Hacer caso de ciertas voces populistas que piden más gasto sin calibrar las consecuencias (entre otras cosas la salida del euro, como hoy mismo ha reprochado el propio Rubalcaba al portavoz de IU en el Congreso); no adelgazar una Administración mastodóntica y en demasiados casos ineficaz, llena de duplicidades, con unas Comunidades Autónomas convertidas en auténticos reinos de taifas; seguir aumentando los impuestos y por lo tanto mermando aún más la demanda interna; no depurar responsabilidades ni aclarar de una vez por todas la financiación de partidos y otras organizaciones sociales entre otras cosas, serían ocasiones perdidas de las que algún día nos arrepentiríamos.


Soy de la opinión que las crisis son buenas cada cierto tiempo porque ayudan a eliminar ineficiencias, pero las que tienen un carácter tan depresivo como la actual, consecuencia de una etapa de burbujas de toda índole, son realmente devastadoras. Una economía estable no crece tanto en tan poco tiempo como ha sucedido con la nuestra, pero la corrección no produce tampoco tanto dolor. Es en esas economías más estables donde sus datos diarios no se convierten en agitados sobresaltos. Ojalá algún día lleguemos a esa situación.  

domingo, 16 de junio de 2013

domingo, 2 de junio de 2013

El "problema" de España VII. Una aclaración

Mantenía el otro día una conversación con unos amigos, de esas de las que entre cuatro se arregla el mundo y aún nos quedamos con ganas, cuando me di cuenta de error de interpretación que uno de ellos, para mi sorpresa seguidor de El Blanquinal, tenía respecto al significado de esta sección.

Vamos a ver, no es lo mismo hablar del “problema” de España que de los problemas de España. De estos últimos tenemos a capazos llenos y más en los tiempos que corren: económicos en todas sus vertientes, políticos, de confianza, institucionales, de falta de motivación, etc., pero no va por ahí la intención de la serie. El “problema” de España, así, entre comillas, se refiere a la preocupación intelectual que muchos de nuestros pensadores, fundamentalmente  a partir de finales del siglo XIX, han tenido sobre la esencia, el carácter, la historia,… de nuestra Nación. Se trata pues de reflejar un estado de inquietud que tiene su línea de continuidad histórica, con el propósito final de reflexionar sobre si la misma ha tenido razón de ser, y si se trata de algo peculiar de los españoles o si también se da en otros países.

Por cierto, os invito a que propongáis autores, en público o en privado, que se hayan ocupado de este asunto.  

sábado, 25 de mayo de 2013

Un puntazo: libertad y responsabilidad

"Libertad no significa solamente que el individuo tiene tanto la oportunidad como la carga de la elección, también significa que debe soportar las consecuencias de sus acciones. Libertad y responsabilidad son inseparables".
 F.Hayek

domingo, 19 de mayo de 2013

Manuel Pizarro


Más allá de su ámbito puramente profesional, a Manuel Pizarro empezamos a conocerlo cuando presidía Endesa, sociedad que por componendas políticas el Gobierno de Zapatero pretendía vender a un precio notoriamente bajo. A su tesón turolense le deben los accionistas una transacción justa, aunque el resultado final de aquella batalla fuera que la empresa española cayese en manos italianas. Después le veríamos en política, en el famoso debate con Pedro Solbes, ganador efímero del encuentro porque el tiempo demostraría, para desgracia de todos, que Pizarro tenía razón.

En 2009, publicó El arte de la economía, un pequeño libro de opiniones en forma de frases cortas, realmente ilustrativo. En su corta carrera política sin duda alguna Rajoy le desaprovechó, una acción que muchos seguimos sin comprender.

Observador de excepción de la actualidad del país, el pasado jueves día 16 pronunció una conferencia organizada por el Colegio de Economistas de Alicante, sobre la situación de la economía española y las causas de la crisis, a la que pone tres caras: la financiera internacional provocada en gran medida por la confusión entre banca comercial y banca de inversión, con su correlato español de sobreendeudamiento de los sectores público y privado pero también de crisis moral de los banqueros y de desconfianza mutua entre ellos porque nadie se cree realmente el balance de los demás, todo lo cual acabará en problemas para financiar la deuda española. La crisis europea, motivada por una evidente falta de liderazgo y de estructura institucional que ofrezca cierta soberanía única a una moneda única. Y en tercer lugar una histórica crisis de competitividad de la economía española, ajustada en gran medida en el momento del cumplimiento de los criterios de Maastricht, pero de nuevo revivida tras un largo periodo de crecimiento acompañado de inflación.

Ante tamaño panorama Pizarro propone una serie de ajustes que de manera resumida podemos enumerar en los siguientes:

1/ Reforma financiera, que en su opinión de momento se ha hecho tarde y mal, porque originada en ciertas entidades de ahorro, las Cajas principalmente, ha contaminado en gran medida a todo el sistema. Además, los test de estrés sectoriales han sido muchos más duros para las entidades españolas que para las de otros países europeos, Alemania por ejemplo, lo que ha ahogado aún más de forma innecesaria el sistema.

2/ Reforma energética que reduzca sus costes y elimine la paradoja de que siendo el coste de la energía necesaria para España de unos 13.000 millones de euros, existan subvenciones con cargo a tarifas de entre 8.000 y 9.000 millones.

3/ Necesidad de incrementar el talento, el conocimiento, porque España ya no volverá a competir internacionalmente en precios, sino en calidad, para lo que es necesario establecer un adecuado sistema educativo e investigador en el medio plazo.

4/ Reforma de las Administraciones Públicas, porque si tenemos un 7% de déficit público lo que estamos diciendo es que estamos sobredimensionados en ese 7%. Con la reforma, la Administración debe establecer su concreto cuadro de competencias, y lo que no sea genuínamente suyo, dejarlo en manos de las empresas.

5/ Replantear el Estado del Bienestar porque sin duda es una marca genuina de Europa y no nos podemos permitir la frivolidad de destrozarlo, pero para ello hay que revisarlo con el propósito de hacerlo sostenible.

Todo lo referente al sector público se traduce al final, en opinión de Manuel Pizarro, en la necesidad urgente de acabar con las ineficiencias, con los gastos superfluos a través de una exhaustiva contabilidad de costes, como haría cualquier empresa, porque la consecuencia de ellas no es otra que el aumento de los impuestos y la entrada en un nuevo círculo de inflación, falta de competitividad, disminución de la demanda y paro.    

Se trata de la opinión de un liberal pronunciada a partir del bagaje que le da una intachable conducta ética.   

jueves, 16 de mayo de 2013

El "problema" de España VI


El Padre Feijoo (Casdemiro, 1676 – Oviedo, 1764), antecedente clave de nuestra Ilustración, fue posiblemente uno de los primeros intelectuales que miraron a Europa, fundamentalmente a Francia, como modelo de aprendizaje. Quizás, aunque parezca un atrevimiento, podríamos encontrar en él un antecesor del “España es el problema, Europa la solución” de Ortega. Su obra literaria en forma de ensayos, de los primeros en aparecer en España, fue una suerte de recopilación de novedades científicas llegadas del continente y reflexiones ante los errores que creía percibir en su entorno. La siguiente cita nos ilustra contra los extremos y sobre la necesidad de conocer y apreciar lo que proviene de otros países.

         “Dos extremos, entrambos reprehensibles, noto en nuestros españoles, en orden a las cosas nacionales: unos las engrandecen hasta el cielo; otros la abaten hasta el abismo. Aquellos que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de los libros esparcieron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella. De aquí aquel bárbaro desdén con que miran a las demás naciones, asquean su idioma, abominan sus costumbres, no quieren escuchar o escuchan con irrisión sus adelantamientos en artes y ciencias. Bástales ver a otro español con un libro italiano o francés en la mano, para condenarle por genio extravagante o ridículo”

lunes, 13 de mayo de 2013

Una entrevista a Carmen Iglesias

Acabo de leer una entrevista en el ABC Cultural a la historiadora Carmen Iglesias. Un poco larga pero, como no podía ser de otra manera, extraordinariamente interesante. Os la brindo por si os interesa.
 
http://www.abc.es/cultura/20130513/abci-carmen-iglesias-entrevista-201305111734.html

domingo, 12 de mayo de 2013

La hora de los sensatos


Hay momentos en la vida a los que la perspectiva del tiempo ofrece la cualificación de la singularidad. Momentos que saltan inesperadamente en el tranquilo devenir de los días para convertirse en claves de lo que sucederá en las siguientes décadas. Momentos cortos pero intensos, en los que un pueblo camina por el mismo vértice del precipicio quizás sin plena conciencia del peligro, pero de cuyos pasos dependerá un futuro colectivo armónico o trágico.

Muestras de ellos las encontramos en casi todas las épocas y en todas las naciones. Próximos a nosotros en el pasado siglo, dos evidentes: el final de la II República y la guerra civil, una anormalidad histórica fruto de una “ingente frivolidad” en opinión de Julián Marías; y la transición a la democracia, “la reconquista de la libertad” para el mismo autor.

El ánimo, la disposición, el talante que adoptaron los responsables políticos y sociales en cada uno de estos momentos fue decisivo en el resultado final alcanzado, porque son ellos quienes al final catalizan los movimientos de masas. En el primer caso demasiados dirigentes vieron en el sistema de libertades republicano el instrumento adecuado para imponer a los demás su propia idea, su particular concepción del mundo. En el segundo, la mayoría prefirió renunciar a gran parte de sus objetivos con el fin de lograr un “consenso” en pos de una sociedad en la que todos cupiésemos y nos encontráramos cómodos.

Vivimos en la actualidad circunstancias tremendamente difíciles, inimaginables hace solamente tres o cuatro años. Una crisis económica sin parangón a las vividas anteriormente por las actuales generaciones está reduciendo drásticamente el bienestar de la mayoría, dejando al descubierto además algunos viejos demonios colectivos con los que no contábamos: corrupción, despilfarro, pereza y codicia por parte de responsables sociales pero también de amplias capas ciudadanas, etc. Además, y por si faltaba algo, ávidos ante un Estado débil y con problemas, los nacionalismos vasco y sobre todo catalán, intentan aprovechar el momento para, ni más ni menos, romper en pedazos el marco político que desde hace más de cinco siglos nos une a los españoles, en un ejercicio de deslealtad institucional pero también ciudadana que sin duda tardaremos mucho en olvidar.

Ante ello cabe preguntarse, ¿en qué quedará todo esto dentro de diez años?, o mejor, ¿cuál es la posición, el camino óptimo que deberíamos seguir? De las experiencias anteriormente referidas sabemos que contar con dirigentes que sean auténticos ejemplos de comportamiento, capaces de trasladarnos a todos la necesidad de esforzarnos porque el futuro vale la pena; que a pesar de nuestras diferencias ideológicas, todos hemos de convivir en un clima de respeto y libertad; que las penurias actuales, lejos de servir de ariete de unos contra otros, deben ser lecciones para no caer en el futuro en errores que ahora nos parecen de bulto, pero que hasta hace bien poco a casi nadie quitaban el sueño. Necesitamos urgentemente de esos modelos, queremos ver que desde la izquierda y la derecha se alcanzan acuerdos más allá de engañosos intereses partidistas, que la Nación tiene conciencia de sí misma y no está dispuesta a que nadie nos complique aún más la vida con lo que no son sino intereses de unas pequeñas élites dirigentes, habitualmente ayudadas por acólitos siempre dispuestos a romperlo todo; que lo común, lo de todos, está por encima de lo particular, pero también que nadie debe invocar ese interés general para ocultar lo que no han sido más que privilegios de unas nuevas “clases muertas”, subvencionadas, cómodas en el chupeteo contante de las ubres públicas a costa del esfuerzo de la mayoría. Necesitamos en fin, de hombres y mujeres prudentes y a la vez ilusionados, que sean además capaces de enfrentarnos a  los españoles, uno a uno, a nuestra propia responsabilidad individual en la tarea común que a todos nos concierne.

Pasados unos pocos años sabremos si por la acción de quienes nos dirigen, pero también por la de todos y cada uno de nosotros, hemos conseguido llegar a un estado armónico, ni más ni menos que el apropiado según nuestras posibilidades, pero libre y democrático que todos podamos considerar como propio, o si por el contrario nuestra falta de memoria histórica, nuestra ira y la secular manía de culpar a los demás de todos los males, la creencia de que solo tienen razón quienes piensan como nosotros, nos ha conducido a un insoportable estado de desorden social, a la falta de libertad, a la tragedia.

Sin lugar a dudas estamos inmersos en uno de esos momentos históricamente trascendentales,… y es la hora de los sensatos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Retrato de una tarde


Después de días de frío y lluvia hoy hemos tenido una agradable tarde de primavera (vaya primera línea más hortera que me ha salido; claro, es mayo florido), de esas que invitan a pasear por la sierra o por las calles. Así las cosas, me la he pasado en casa.

Hace unos domingos que en el ABC te regalaban un libro titulado Retrato de España dedicado a su 110 aniversario, y siendo la tarde tan placentera, siesta de sofá incluida, no he encontrado mejor forma de aprovecharla que repasando las risas y lágrimas de nuestro último siglo con fondo de Eric Clapton en estéreo, que para esto de ver con perspectiva nuestros caretos siempre ayudan los aires anglosajones. Tiene entradillas de algunos de sus columnistas más o menos habituales: Santiago Castelo, Juan Pablo Fusi, Marina, Cortázar, Juan Manuel de Prada, Juaristi, Gabriel Albiac, Ignacio Camacho, tan pesimista últimamente de puro regeneracionista, etc.

Ver en foto y pluma ciento y tantos años de un tirón te hace sentir como un moderno diablo cojuelo sobrevolando “lo más notable que a estas horas pasa en esta Babilonia española”, y que puñetas, tampoco somos tan malos ni tan distintos. Guerras, arte, muerte y vida, toros y literatura, pasión, decepción, ángeles y demonios, héroes y villanos,… hombres y mujeres al fin y al cabo, con una mezcla de grandezas e hideputas que no hay dios que las separe.

Quizás el más certero sea el legendario Julio Camba, que cierra el libro, hablando de los españoles que viven en París o Londres. “Como ambos son españoles, ambos se pasan la vida protestando: el de Paris, contra Francia, y el de Londres contra Inglaterra. Mientras tanto ustedes, los españoles que no han abandonado España, protestan contra ella.” Pues eso, la foto de una tarde cualquiera.  

sábado, 27 de abril de 2013

Blas de Lezo

Hoy he encontrado un artículo corto pero interesante sobre este marino español que en 1741 infringió una derrota sin paliativos a la fuerza naval británica. Como solía ser constumbre, Inglaterra se ocupó de que la debacle se ocultase en las crónicas históricas, y como también solía y quizás suele ser habitual, el heroe español moriría en la miseria y falto de un reconocimiento que tardaría en llegarle.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/04/27/blas-de-lezo-o-la-gran-derrota-que-los-ingleses-han-censurado-119713/



viernes, 26 de abril de 2013

El "problema" de España V


Ramón Menéndez Pidal definirá el carácter de Baltasar Gracián (Belmonte, 1601 – Tarazona, 1658) con tres vocablos: agudeza, ingenio y buen gusto. Este jesuita erudito, bien relacionado, distinguido, sabrá introducir en su literatura culta “el agrio negativismo del pícaro”, consiguiendo novelar un contenido filosófico con la frescura de lo cotidiano. La máxima expresión de todo ello quizás la encontremos en El Criticón, novela simbólica protagonizada por Critilio y Andrenio en la que se describe su peregrinaje por el mundo, alegoría del vivir.

En cuanto a lo que a nosotros nos interesa en esta muestra de la preocupación por España, veamos la opinión crítica que de ella dan los personajes.

“La Soberbia, como primera en todo lo malo, cogió la delantera. Topó con España, primera provincia de la Europa. Parecióle tan de su genio, que se perpetuó en ella. Allí vive y allí reina con todos sus aliados, la estima propia, el desprecio ajeno, el querer mandarlo todo y servir a nadie, hacer el don Diego y vengo de los godos, el lucir, el campear, el alabarse, el hablar mucho, alto y hueco, la gravedad, el fausto, el brío, con todo género de presunción; y todo desde el noble hasta el más plebeyo”.     
Y sigue con su descripción del carácter nacional…

“ No me puedes negar que son los españoles muy bizarros.
Si; pero de ahí les nace el ser altivos. Son muy juiciosos; no tan ingeniosos. Son valientes; pero tardos. Son leones, más con cuartana. Muy generosos y aun perdidos. Parcos en el comer y sobrios en el beber; pero superfluos en el vestir. Abrazan todos los extranjeros; pero no estiman los propios. No son muy crecidos de cuerpo; pero de grande ánimo. Son poco apasionados por su patria y trasplantados son mejores. Son muy llagados a la razón; pero arrimados a su dictamen. No son muy devotos; pero tenaces en su religión y absolutamente es la primer nación de Europa odiada por tan envidiada”.

domingo, 14 de abril de 2013

14 de abril


Cada 14 de abril surgen, este año más que nunca, nostálgicos del sistema republicano dispuestos  a fiar en él todos sus anhelos. No entiendo bien como, tras dos monumentales fracasos históricos, haya gente dispuesta a otorgar a ese sistema un potencial regeneracionista de proporciones casi telúricas. En mi modesta opinión creo que el bienestar de la sociedad no depende de la disyuntiva Monarquía o República, sino de otras características sociales. Hay repúblicas imitables en muchos aspectos: Francia, Estados Unidos, Alemania,… y otras manifiestamente mejorables: Irán, Venezuela, Cuba,… Algo parecido sucede con las monarquías; las hay buenas como Dinamarca, Noruega, Reino Unido o Japón, y otras de las que mejor no copiar demasiado: Arabia Saudí, etc.

Pero hoy ya se ha escrito bastante al respecto; por mi parte os brindo un artículo imprescindible entre otras cosas por lo premonitorio que resultó. Se trata de El Dilema, publicado por Ortega y Gasset en el periódico El Crisol el 9 de septiembre de 1931, solo cinco meses después de proclamarse la República.

     Desde que sobrevino el nuevo régimen no he escrito una sola palabra que no fuese para decir directa o indirectamente esto: ¡No falsifiquéis la República! ¡guardad su originalidad! ¡No olvidéis ni un instante cómo y por qué advino! En suma: autenticidad, autenticidad...
     Con esta predicación no proponía yo a los republicanos ninguna virtud superflua y de ornamento. Es decir, que no se trata de dos Repúblicas igualmente posibles -una, la auténtica española, otra, imaginaria y falsificada- entre las cuales cupiese elegir. No: la República en España, o es la que triunfó, la auténtica, o no será. Así, sin duda ni remisión.
     ¿Cuál es la República auténtica y cuál la falsificada? ¿La de «derecha», la de «izquierda»? Siempre he protestado contra la vaguedad esterilizadora de estas palabras, que no responden al estilo vital del presente -ni en España ni fuera de España. (....) No es cuestión de «derecha» ni de «izquierda» la autenticidad de nuestra República, porque no es cuestión de contenido en los programas. El tiempo presente, y muy especialmente en España, tolera el programa más avanzado. Todo depende del modo y del tono. Lo que España no tolera ni ha tolerado nunca es el «radicalismo» -es decir, el modo tajante de imponer un programa-. Por muchas razones, pero entre ellas una que las resume todas. El radicalismo sólo es posible cuando hay un absoluto vencedor y un absoluto vencido. Sólo entonces puede aquél proceder perentoriamente y sin miramiento a operar sobre el cuerpo de éste. Pero es el caso que España -compárese su historia con cualquier otra- no acepta que haya ni absoluto vencedor ni absoluto vencido.
     (... ) Pero en esta hora de nuestro destino acontece, además, que ni siquiera ha habido vencedores ni vencidos en sentido propio, por la sencilla razón de que no ha habido lucha, sino sólo conato de ella. Y es grotesco el aire triunfal de algunas gentes cuando pretenden fundar la ejecutividad de sus propósitos en la revolución. Mientras no se destierre de discursos y artículos esa «revolución» de que tanto se reclaman y que, como los impuestos en Roma, ha comenzado por no existir, la República, no habrá recobrado su tono limpio, su son de buena ley. Nada más ridículo que querer cobrar cómodamente una revolución que no nos ha hecho padecer ni nos ha costado duros y largos esfuerzos. Son muy pocos los que, de verdad, han sufrido por ella, y la escasez de su número subraya la inasistencia de los demás. Una cosa es respetar y venerar la noble energía con que algunos prepararon una revolución y otra suponer que ésta se ha ejecutado. Llamar revolución al cambio de régimen acontecido en España es la tergiversación más grave y desorientadora que puede cometerse. Lo digo así, taxativamente, porque es ya excesiva la tardanza de muchas gentes en reconocer su error, y no es cosa de que sigan confundidos lo ciegos con los que ven claro. Se hace urgentísima una división de actitudes para que cada cual lleve sobre sus hombros la responsabilidad que le corresponde y no se le cargue la ajena.
     Las Cortes constituyentes deben ir sin vacilación a una reforma, pero sin radicalismo -esto es, sin violencia y arbitrariedad partidista-. En un Estado sólidamente constituido pueden, sin riesgo último, comportarse los grupos con cierta dosis de espíritu propagandista; pero en una hora constituyente eso sería mortal. Significaría prisa por aprovechar el resquicio de una situación inestable, y el pueblo español acaba por escupir de sí a todo el que «se aprovecha». Lo que ha desprestigiado más a la Monarquía fue que se «aprovechase» de los resortes del Poder público puestos en su mano. Una jornada magnífica como ésta, en que puede colocarse holgadamente y sin dejar la deuda de graves heridas y hondas acritudes, al pueblo español frente a su destino claro y abierto, puede ser anulada por la torpeza del propagandismo.
     Yo confío en que los partidos (...) no pretenderán hacer triunfar a quemarropa, sin lentas y sólidas propagandas en el país, lo peculiar de sus programas. La falsa victoria que hoy, por un azar parlamentario, pudieran conseguir caería sobre la propia cabeza. La historia no se deja fácilmente sorprender. A veces lo finge, pero es para tragarse más absolutamente a los estupradores.
     Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: «¡No es esto, no es esto!»
     La República es una cosa. El «radicalismo» es otra. Si no, al tiempo.

Visión actual de España tras la memoria del General Prim

Se estan celebrando en estos momentos actos conmemorativos del Bicentenario del nacimiento del General Prim (1814-1870), natural de Reus. En torno a ellos Ramón Tamames ha pronunciado una conferencia de la que hace un resumen en un artículo que recomiento, porque nos coloca sobre la realidad actual de nuestro pais a la sombra de este militar, protagonista de la Gloriosa de 1868.

http://www.republica.com/2013/04/10/prim-y-la-nacion-espanola-una-vision-desde-el-presente_636345/

miércoles, 10 de abril de 2013

El "problema" de España IV


Si tuviésemos que remontarnos en el tiempo en busca de un autor que de forma clara comenzó a expresar su preocupación por la deriva que la Nación iba tomando, nos encontraríamos posiblemente con Francisco de Quevedo (1580-1645).

Quevedo conocía como pocos los entresijos de las Cortes de Felipe III y Felipe IV, las improvisaciones, las envidias, las ambiciones personales por encima de los intereses generales,…   

Será casi al final de su vida cuando escriba uno de los sonetos más recordados de nuestro Siglo de Oro. En El Desaliento todo parece avisarle de la muerte, pero también se vislumbra el principio del fin del Imperio.

Miré los muros de la patria mía,
Si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
De la carrera de la edad cansados,
Por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo; vi que el Sol bebía
Los arroyos del hielo desatados;
Y del monte quejosos los ganados,
Que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa; vi que mancillada
De anciana habitación era despojos
Mi báculo más corvo, y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada;
Y no hallé cosa en que poner los ojos,
Que no fuese recuerdo de la muerte. 

lunes, 8 de abril de 2013

El “problema” d'Espanya III


Fins quasi al final del segle XIX, l'anomenat “problema” no es referia mai com ara passa, a la pertenença o no d'algún territori a Espanya. Vegem per eixemple que diu Jaume I quant, recordem, encara les regnes de la Corona d'Aragó i Castella no s'havien unit, en el capitol 392 del Llibre dels Fets, a compte de l'ajuda que el Rei demana als seus nobles per ajudar-lo contra els sarraïns de Castella.

“… creiem certament que ningú no podria trobar això malament, ja que nós ho fem, en primer lloc per Déu, en segon lloc per salvar Espanya, i en tercer lloc per tal que nós i vosaltres guanyem bona fama i gran nom per haver salvat Espanya. I per la fe que devem a Déu, ja que els de Catalunya, que és el millor regne d'Espanya,…”


Com diu Jaume Vicens Vives en Noticia de Catalunya, referint-se als cronistes medievals, "Cap cronista dubta mai en utilitzar els noms d´Espanya i espanyol en sentit geogràfic, històric o politic". 
Jaume I. Llibre dels Fets

sábado, 6 de abril de 2013

El "problema" de España II

Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol.
Si os alaba Inglaterra, será inglés, 
si os habla mal de Prusia, es un francés, 
y si habla mal de España, es español.

Joaquín María Bartrina y Aixemús. Poeta
(Reus, 1850 - Barcelona 1880)

jueves, 4 de abril de 2013

El "problema" de España

Quizás sean pocas las naciones que, como la nuestra, hayan dedicado tanto esfuerzo intelectual en intentar definirse. Son innumerables los pensadores, historiadores, poetas,... que han construido parte de su obra en torno a ésta, no sabemos, si útil tarea. Para quienes les interese adentrarse en el "problema" de España, les propongo una serie de Puntillas y Puntazos, a partir de las que promover la reflexión.   

"La ola de nacionalismo político que levantó la gran Revolución en toda Europa -y que en España se concretó en la Constitución de 1812- no podría explicarse, por tanto, a la manera de los románticos (o de los neorrománticos catalanes, vascos o gallegos de nuestros días) como un impulso procedente del "amor a las propias culturas nacionales", o bien al "despertar del genio o espíritu de cada pueblo", sino como un proceso de las clases emergentes en lucha con las clases dominantes del Antiguo Régimen. Una lucha de clases que simultáneamente quedará involucrada en una dialéctica de Estados, que constituye el argumento sangriento de la gloriosa historia política y social de los siglos XIX y XX".  

Gustavo Bueno. Filósofo
en "España no es un mito"



lunes, 1 de abril de 2013

Serenidad ante el futuro

"Si tiene remedio, ¿porqué te quejas? Si no tiene, ¿porqué de quejas?"

Proverbio oriental

sábado, 30 de marzo de 2013

DIOS


Hay temas que por su propia esencia producen vértigo, y sin duda la existencia o no de un ser superior y primero del que todo emana es uno de esos; quizás Dios es el tema por excelencia. Evidentemente no me atrevo a dar ningún tipo de opinión propia al respecto, pero os brindo la de otros por si a alguien, estos días precisamente de Semana Santa, le apetece pensar un rato sobre ello.  

Hace poco oí y leí, de forma casual y con pocos días de diferencia, la misma frase pronunciada por dos eminentes pensadores desde posiciones distintas; pero además me sorprendió, dado el clásico enfrentamiento entre ciencia y religión, la opinión expresada en función de la procedencia académica de cada uno de ellos, fundamentalmente por parte del científico.   

El primero fue el filósofo Fernando Savater, agnóstico en lo que a religión respecta, que en el transcurso de una conferencia de la que ya comentamos algo días pasados, afirmaba que nada hay que demuestre la existencia de Dios, ni tampoco nada que demuestre su no existencia. En el mismo sentido se manifestaba en una entrevista publicada en El País Werner Arber, protestante y darwiniano, Nobel de medicina y Catedrático de Microbiología Molecular, “La ciencia no puede probar que Dios existe, pero tampoco puede demostrar que no existe…Dios no se puede personificar, pero veo que la ciencia tiene sus límites y hay un poder divino en la naturaleza que no puedo explicar”.

 De forma más ecléctica y en una curiosa relación entre la formación y la estructura del universo con la del cerebro, se manifestaba otro científico, en este caso David Jou, profesor de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona, en otra entrevista en el diario ABC: “Los físicos tenemos la impresión de que lo sabemos casi todo del Universo y no nos damos cuenta de que dentro de nosotros hay otro “universo” mucho más complejo”, “Se puede interpretar el Universo como un gran ordenador del que podría emerger un gran pensamiento que interaccionara con el que ha surgido en su interior. Religiosamente, no habría problema en imaginar un pensamiento que podría ser el Logos del Evangelio de San Juan”.   

Lo interesante de todo esto es comprobar cómo, a estas alturas del progreso científico y después de dos mil años de teología cristiana, afortunadamente aún no hemos llegado a ningún tipo de límite en el pensamiento, las puertas siguen abiertas. 

"Paz hogareña y paz del alma"

"Nuestro estado de ánimo corriente depende del estado de ánimo en que sepamos mantener a las personas que nos rodean." 

Friederich Nietzsche

domingo, 24 de marzo de 2013

HACIENDO HISTORIA, de John H. Elliott


El último libro de John Elliott, catedrático emérito de Historia Moderna en la Universidad de Oxford, es una especie de autobiografía profesional que tiene la virtud de unir, junto a las tareas ejercidas propiamente por su condición de historiador, los cambios acaecidos en la historiografía contemporánea desde que mostró su interés por este campo de investigación, al inicio de la década de los cincuenta del pasado siglo, hasta nuestros días.

Elliott forma parte, junto con Hugh Thomas, Joseph Pérez, Stanley Payne y unos cuantos más, de esa pléyade de historiadores “hispanistas”, que contribuyeron, en un momento de cierta sequía intelectual patria, a incrementar el interés por nuestro pasado no solamente en los propios historiadores locales, sino fundamentalmente en un público inquieto que encontró en sus trabajos el suficiente atractivo como para hacer del estudio ese pasado el sustrato de sus inquietudes culturales.

A lo largo de trescientas páginas, en Haciendo historia (Ediciones Santillana, 2012), Elliott nos va presentando los motivos de la elección de España como centro de su atención, el deseo de averiguar el porqué de estereotipos que no duda en calificar de obsoletos, la difícil reconciliación entre la unidad y la diversidad de su propio territorio, o los procesos internos y externos que propiciaron tanto la formación como la decadencia de un inmenso imperio trasatlántico que tantos recelos, cuando no abiertas antipatías, suscitó en países vecinos, temerosos de las potencialidades de una monarquía universal bajo la Casa de los Habsburgo. La respuesta que él mismo se da, “es que se trata de un país infinitamente fascinante, cuya historia, compuesta por sorprendentes éxitos e igualmente por asombrosos fracasos, abarca temas de relevancia universal,… un país cuyos logros religiosos, culturales y artísticos a lo largo de los siglos han realizado una contribución riquísima, aunque a menudo controvertida, a la civilización humana”.   

Por los recurrentes acontecimientos que en estos momentos vivimos, tienen especial interés las referencias al historiador Jaume Vicens Vives y a la controversia que éste tuvo en su momento, año 1935, con Rovira i Virgili y el resto de historiadores tradicionalistas catalanes vinculados al Institut d´Estudis Catalans, a los que acusaba de “abordar la historia de Cataluña desde un postura ideológica preconcebida”; así como al síndrome de “víctima inocente”, según el cual “Las comunidades nacionales que sucumben a este síndrome tienden a verse a sí mismas como víctimas permanentes de fuerzas malignas que emanan de uno o varios vecinos más poderosos”, “Ni el síndrome de pueblo escogido ni el síndrome de la víctima inocente son propicios para escribir buena historia”. ¡Cuánto esfuerzo nos ahorraríamos si en algún momento fuésemos capaces de ver la historia sin tantos apriorismos victimistas! Valdrá la pena detenernos en este punto, y también en el porqué la rebelión surgida en Cataluña ante la pretensión Real de movilizar recursos para la guerra en las décadas de 1620 y 1630, no se siguió en el Reino de Valencia, pero esto será motivo de otro artículo.

Desde el punto de vista puramente historiográfico resultan muy interesantes las reflexiones que el autor hace sobre los estudios biográficos, él mismo los desarrolló brillantemente en El conde-duque de Olivares,  así como el enfrentamiento mantenido por éste con Richelieu en defensa de sus respectivas monarquías y por la influencia de éstas en el orbe mundial, controversia de la que a la sazón resultaría victorioso el cardenal francés. Similar interés tiene la utilización de la historia comparada como herramienta de trabajo y los problemas que la propia elección de los  elementos de comparación tiene a fin de evitar anacronismos en los que tan a menudo se incurre. Lecciones en fin, de técnica historiográfica muy interesantes para quienes pretendan adentrarse en la investigación de cualquier episodio del pasado, al hilo de lo cual podemos acabar con una reflexión que Elliott hace en el Prólogo del libro: “Creo que la teoría es menos importante para escribir buena historia que la capacidad de introducirse con imaginación en la vida de una sociedad remota en el tiempo o el espacio y elaborar una explicación convincente de por qué sus habitantes pensaron y se comportaron como lo hicieron”.

martes, 19 de marzo de 2013

En torno a la muerte


No me dirán que el tema no es enormemente sugerente. La muerte en realidad lo es todo dentro de la vida, porque es precisamente la certeza que tenemos de la muerte aquello por lo que somos conscientes de que vivimos.

Esta semana he tenido la oportunidad de asistir a una conferencia de Fernando Savater titulada El sentido de la vida ante la perspectiva de la muerte, ahí es nada. Savater habla de lo importante de manera cotidiana, es decir, te cuenta que es la muerte lo que nos hace pensativos, con la misma sencillez con que cualquiera comenta la tormenta del día antes en la barra de un bar del pueblo. Es precisamente esa contidianidad la que te permite a la salida vislumbrar el final de la vida, de tu vida, con una cierta normalidad, y te conformas mejor ante tu inevitable trágico final, aunque no sea más que durante un par de horas, sin tener necesariamente que haber padecido previamente un infarto, experiencia que según dicen los que la pasan, si la pasan, que te hace que mirar la vida “de otra manera”.

Efectivamente la muerte, ser conscientes de la muerte, que no es lo mismo que tener miedo a la muerte, es lo que nos da la certeza de nuestra vulnerabilidad, y porque somos vulnerables, aceptamos la moralidad,… y los vicios, cara y cruz de la misma moneda, y nos esforzamos en crear cultura como una prevención ante la misma muerte. No hay nada tan inmoral ni tan tonto como un inmortal dios mitológico. “Solo lo frágil y lo vulnerable es digno de amor”, dice el maestro; y también la muerte no da libertad, añade Spinoza: “El hombre libre sólo piensa en la muerte, y su sabiduría es una meditación, no de la muerte, sino de la vida”.

Es en ese contexto sencillo, evidente, racional, cuando Savater, ya entrado en edad, dice por experiencia propia aquello de que “lo divertido de la vejez es que todo se convierte en un deporte de riesgo”, y entonces el auditorio no puede evitar una risa casi estruendosa ante la inevitable perspectiva de la muerte.       

Pero aún queda un mensaje-resumen que llega con las preguntas; ¿cuáles son las virtudes ante la vida?: el coraje precisamente para vivir; la generosidad para convivir y la prudencia para sobrevivir.

Buenas noches y felices sueños. 

domingo, 3 de marzo de 2013

¿Dónde están nuestros intelectuales?


Hemos sabido esta semana que el Gobierno recurrirá ante el Tribunal Constitucional la declaración soberanista aprobada por el Parlamento Catalán; era lógico que así fuera, como también era de prever el menosprecio con que los nacionalistas han respondido a lo que no es sino el mínimo exigible a cualquier gobernante: que cumpla y haga cumplir las leyes.  

Pero si todo ello era lo previsible en la gravedad que el caso encierra, lo que desconcierta a estas alturas del proceso es la falta de debate intelectual acerca de la existencia o negación, nada más ni nada menos, que de la propia Nación española. Desde Cervantes o Quevedo, pasando por Feijoo y Jovellanos, Larra o Menéndez Pelayo, hasta sumergirse en la Generación toda del 98, “el problema de España”, ha sido una constante en la preocupación de nuestros mejores pensadores, por eso ahora, cuando de forma más lacerante se vive el desafío de los nacionalistas hasta ayer mismo moderados, e incluso los sectores de nuestro socialismo alumbran dudas desconcertadoras acerca de lo que somos (¡qué dirían al respecto Pablo Iglesias, Prieto o Besteiro si pudieran!), desmoraliza ver la falta de opinión publicada de historiadores, filósofos o creativos de cualquier campo al respecto.

Es cierto que el tiempo y el humor, a menudo el mal humor, nos lo ocupan cuestiones económicas siempre grises o noticias sobre conductas más que improcedentes que día sí día también copan los distintos informativos, pero también lo es que necesitamos separar el grano de la paja, y que por muy importantes que sean los  problemas coyunturales que desde luego hay que solucionar, no deberíamos perder la perspectiva de lo que nos estamos jugando con el caso catalán: que España siga adelante, con sus virtudes y sus defectos, con sus luces o con sus sombras, o que la perdamos para siempre vencidos ante un argumento tan pueril como el Espanya ens roba, que esgrimen los independentistas.   

La cuestión de España no es de derechas ni de izquierdas, no es de ideología de lo que aquí estamos hablando, es de sentimientos, de historia, de planes compartidos para el mañana, de una porción trascendental en la tarea civilizadora del pasado y del futuro, es una cuestión de afectos compartidos entre personas o entre territorios del norte y del sur o del este o del oeste; estamos hablando del alma de un pueblo, de nuestro pueblo, de nuestra cultura, de nuestra mirada americana desde la ventana de Europa. ¿De verdad que nada tienen que decir sobre todo ello nuestros intelectuales? Por desgracia no hay en el Parlamento en estos momentos un Azaña y un Ortega y Gasset capaces de elevar el debate al Olimpo de la trascendencia, pero ¿tampoco los hay en nuestras universidades?, ¿entre nuestros escritores?, ¿entre los que, siendo los mejor dotados, tiene la obligación de dar luz a nuestros pasos?

Era precisamente desde América a principios del siglo XX, cuando Rubén Darío se preguntaba por el futuro de la Hispanidad con palabras que en estos momentos deberían ser auténticos aldabonazos a nuestra conciencia:

La América española, como la España entera,
Fija está en el Oriente de su fatal destino;
Yo interrogo a la esfinge que el porvenir espera
Con la interrogación de tu cuello divino,
……
¿Callaremos ahora para llorar después?