domingo, 10 de abril de 2016

LEY, PATRIA Y LIBERTAD

Hay palabras que tienen entre nosotros mala prensa, sin duda patria es una de ellas. Así, dicha sin más suena a cutre, a soflama color caqui y gorra de plato, a privilegio de casta encerrado en viejo arcón decimonónico, a último refugio de los canallas como dijo Samuel Johnson; pero como suele ocurrir, no es eso, no es eso (siempre Ortega, oportuno y liberal desde lo castizo).

Como no son ideas nuevas, ni tan solo del siglo XIX, interesa el acertado adagio de Cicerón: Pro legibus, pro libertate, pro patria. La patria en íntima relación con la libertad y la ley. Haciendo una sencilla traslación a los momentos actuales, la patria en democracia con libertad individual para que cada cual tome las decisiones que crea más oportunas en cada momento y ante cada asunto, y con un cuerpo legislativo nacido de esa libre voluntad de ciudadanos iguales. A partir de esas premisas, falla la patria, la conciencia ciudadana de pertenencia a una patria, cuando la libertad no se ejerce en el más amplio sentido de la palabra, y cuando las leyes no se cumplen sin que resolutivamente actúe un poder coercitivo democráticamente encargado para ello.

Es cierto que siempre apelamos a la libertad, a la justicia y a la democracia, pero también que a fuerza de citarlas muchas veces acaban convirtiéndose en palabras huecas, en referencias sin contenido real. Y lo peor no es que cada ciudadano entendido individualmente no respete la libertad de su prójimo y las leyes que nos regulan, ahí si suele funcionar la fuerza coercitiva, y si alguien agrede a su vecino física o verbalmente, o si nos saltamos un semáforo en rojo al final alguien nos sanciona o nos condena. Lo peor es cuando son precisamente los representantes del pueblo, quienes ostentan la auctoritas  sin demostrar la capacidad moral suficiente (corrupción y prebendas, maldita plaga), y en el ejercicio de su poder otorgado por la ciudadanía, priva a esos mismos ciudadanos de su libertad, por ejemplo en asuntos tan cotidianos como prohibirle o entorpecerle la elección del colegio para sus hijos, del médico que sane sus males o de la lengua con la que le dé la gana expresarse. Y también cuando estos mismos representantes no cumplen con las leyes que los ciudadanos nos hemos dado según nuestro real saber y entender. ¿Cómo podemos calificar por ejemplo que un dirigente político de una autonomía se pase por el forro la limitación legal del gasto?, ¿Cómo que no cumpla una sentencia del Tribunal Constitucional?, ¿Cómo que trate a unos ciudadanos, que no súbditos, de manera diferente según la afinidad política?, ¿por qué el diferente trato tributario según la región donde se viva, y a partir de ahí, mejores condiciones de vida de unos frente a otros?, ¿por qué la redistribución de los impuestos a partir de territorios y no de personas?

En su Deberes del hombre, decía el italiano Mazzini que “Una patria en una asociación de hombres libres e iguales unidos en el fraternal acuerdo de trabajar por un fin único. Una patria no es una agregación, es una asociación. No hay patria verdadera sin derecho uniforme. No hay patria verdadera donde la uniformidad del derecho es violada por la existencia de castas o privilegios”. Pues eso.    

lunes, 4 de abril de 2016

El "problema" de España XIV

          Larra es, junto a Espronceda y Zorrilla, el máximo representante del romanticismo español. Hijo de padre afrancesado sufrió de niñez el destierro, pero cuando volvió a España lo hizo con plena conciencia de que pese a todo, éste era su sitio. El escritor romántico representa la genuina corriente hiperautocrítica que tanto ha fructificado entre nosotros. Para la Generación del 98, Larra será de los primeros en sentir la “angustia española” que produce el ansia de regeneración no satisfecha. Como pocos, tendrá una idea clara sobre lo que se debe hacer, y sufrirá por los obstáculos, por el peculiar carácter, por los intereses que impiden que la sociedad española se transforme como debiera.   

          Vemos como Larra critica alguno de los vicios perennes del español. Lo hace en muchos de sus artículos publicados en El pobrecito hablador:

          “Los aduladores de los pueblos han sido siempre, como lo aduladores de los grandes, sus más perjudiciales enemigos; ellos les han puesto una venda en los ojos, y para usufructuar su flaqueza les han dicho: lo sois todo.”… “…el deseo de contribuir al bien de nuestra patria nos ha movido a decir verdades amargas”. Todo un antecedente del “amo a España porque no me gusta”, que exclamarán muchos regeneracionistas del siguiente siglo. O también “La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra; ésa en la gran causa oculta: es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”.  

          Pero Larra además, será testigo del nacimiento de una de las peores herencias que el fallido siglo XIX nos dejará, el de las dos Españas; lo dice en su famoso El día de difuntos de 1836. Fígaro en el cementerio:

          “Aquí yace media España: murió de la otra media”. “Aquí el pensamiento reposa, en su vida hizo otra cosa

lunes, 28 de marzo de 2016

Sobre la muerte y la victoria en un revolucionario

              "¿No es eso, sobre todo, lo que quiere?, se preguntó Gisors. No aspira a ninguna gloria, a ninguna felicidad. Capaz de vencer, pero no de vivir de su victoria, ¿qué puede desear sino la muerte? Sin duda, pretende darle el sentido que otros dan a la vida. Morir lo más alto posible. ¿Alma de ambicioso, lo bastante lúcida, lo bastante separada de los hombre o lo bastante enferma para despreciar todos los objetos de su ambición y hasta su ambición misma?"

André Malraux, en La Condición humana

domingo, 27 de marzo de 2016

LA CONDICIÓN HUMANA, de André Malraux

Posiblemente sea cierto aquello de que todas las novelas tienen algo de autobiográfico, de ser así, no es de extrañar que de la apasionante vida de André Malraux (1901-1976), saliese una obra tan vibrante y sugestiva como la Condición humana. En Malraux se unen, quizás como en ningún otro escritor del siglo XX, acción y literatura, trinchera y pensamiento, y ello pese a que otros de sus contemporáneos como Hemingway, Orwell o Dos Passos no le vayan a la zaga, pero lo del francés es punto y aparte: participa en calidad de comisario comunista en la revolución China, como piloto de avión en la Guerra Civil española, lo detienen los nazis en 1939 de los que consigue huir, combate con la resistencia francesa, asume importante protagonismo en las luchas anticolonialistas de Asia, lo detienen en Camboya por expoliar piezas arqueológicas, se lanza a la búsqueda de la capital de la reina de Saba en el desierto de Arabia a bordo de un pequeño monomotor, y así un largo etcétera hasta completar una vida a caballo de gran parte de los acontecimientos que marcaron la pasada centuria. Junto a estas experiencias vitales también en lo intelectual fue protagonista de líneas fronterizas: quizás uno de los primeros escritores de una nueva literatura comprometida, promotor del cubismo o del expresionismo alemán, o copartícipe de una manera u otra de todas las vanguardias de los años veinte y treinta; partiendo de la bohemia y acabando en los burgueses salones desde donde se gobernaba la Quinta República, siempre se sintió satisfecho además, del mundano mundo de oropeles y vanidades que le rodeaba. En lo político, comunista convencido y revolucionario en su primera etapa, cambiará a nacionalista hasta transformarse en el más fiel gaullista, asumiendo el Ministerio de Cultura en gobiernos del General Presidente por quien profesará hasta sus últimos días una adhesión inquebrantable. Apasionado, controvertido, contradictorio, narcisista, brillante, ególatra, misógino,… genial, pocos calificativos pueden ahorrarse para quien hizo del pensamiento y la acción un cuerpo único. 

La Condición humana tiene como trasfondo la revolución de Shangai de 1927, en la que la unión del Partido Comunista Chino y el Kuomintang dirigido por Chiang Kai-chek logran derrocar al régimen militar, el de los Señores de la Guerra nacido de los estertores del Imperio, si bien su argumento y su mensaje, que lo tiene y mucho, se centra en la posterior guerra civil entre los dos aliados que acabará con la masacre de los comunistas por parte del Kuomintang, en su intención de implantar un régimen nacionalista moderado. Los héroes de la novela, Kyo, Chen, Katov son, más allá de personajes de una historia, verdaderos arquetipos del ideal revolucionario, distintos entre sí pero a la vez complementarios: la acción, el programa, la organización, cada cualidad encarnada en un hombre, siempre hombre. El final de todos ellos es la muerte, porque la intención de Malraux es elevarlos al máximo escalafón moral, a la máxima dignificación que los haga genuinos representantes de “la condición humana”. Malraux hace así de la novela un panegírico del comunismo, pero sin caer en la mera propaganda, en el panfleto, bien al contrario, formando un mosaico en el que cada pieza encaja con su antagónica: el heroísmo con el miedo e incluso la traición, la bondad y el afán de justicia con el egoísmo del poder y del dinero, y para que no falte de nada, la filosofía que nace de la bola de opio que consume el viejo Gisors entremezclada con la frivolidad y el oportunismo del barón de Clappique.

Efectivamente Malraux necesita de la muerte de sus héroes porque eso es lo que da fuerza y sentido a la novela, de su trágica entrega a la causa, de la semilla que suponen sus huesos bajo tierra, porque es la mejor forma de que queden claras la utopía y la muerte, los dos puntos de un círculo cerrado que se autoalimenta a lo largo de la obra y que toman forma en dos frases en su final bien esclarecedoras: “Todo hombre es un loco”, pensó, “pero ¿qué es un destino humano, sino una vida de esfuerzo para unir a ese loco con el universo?”,…y, “May, escúcheme: ¡no se necesitan nueve meses; se necesitan sesenta años para hacer un hombre; sesenta años de sacrificio, de voluntad, de… tantas cosas! Y cuando ese hombre está hecho; cuando ya no queda en él nada de la infancia ni de la adolescencia; cuando, verdaderamente, es un hombre, no sirve más que para morir.” En ellas no se habla ni siquiera de una ideología determinada, ni de un acontecimiento concreto, sino de la constatación histórica de la condición en la que los humanos vivimos, intemporal e ilocalizable, de ahí que a la novela pueda otorgársele sin ninguna duda el calificativo de obra clásica.    

miércoles, 10 de febrero de 2016

La triste actualidad

Dos son los temas que llenan periódicos y telediarios de forma mayoritaria durante estas semanas: las negociaciones para la formación del futuro Gobierno de España y los casos de corrupción que afectan fundamentalmente al PP. Poco se puede añadir que no se haya dicho por unos u otros respecto a cualquiera de ellos, poco o nada me motiva en este momento a hablar del primero, pero no me resisto a hacer algunas consideraciones respecto al segundo de los asuntos.

Primero y principal: asco, hastío e indignación, pocas palabras resumen mejor que éstas el estado en que se encuentran, en que nos encontramos, la mayor parte de quienes de una u otra forma estamos, en el pasado o en el presente, relacionados con esa formación política. Es tal la abundancia de casos de corrupción que está saliendo a la luz (afortunadamente la justicia funciona, se la deja funcionar, aunque de forma lenta) que quienes militamos, simpatizamos o votamos al Partido Popular no podemos más que avergonzarnos por la conducta de aquellos que aprovechando unas siglas, y detrás de ello una inmensa carga de ilusión, se han lucrado de forma ilegal en lo que es la más miserable de las actuaciones de cualquier político: hacer de los intereses públicos un irregular negocio privado.

Es cierto que la corrupción no es cosa de un partido, de ser así la solución sería fácil, con ilegalizar a ese partido como pretenden por cierto algunos, se habría acabado. Pero no es el caso, la corrupción en la política depende del poder, cuanto más poder y más duradero sea en manos de las mismas personas, más corrupción por parte de éstos. En Andalucía, donde el poder es mayoritariamente del PSOE, los casos de corrupción son mayoritariamente del PSOE; en Cataluña, donde el poder mayoritariamente ha sido y es de los nacionalistas de la antigua CIU, la corrupción es mayoritariamente de CIU; en Valencia o en Madrid, donde el poder ha estado durante muchos años en manos del PP, los casos de corrupción indefectiblemente son del PP. Los únicos que parecen librarse son los partidos que permanentemente han estado en la oposición (aunque con matices, porque por ejemplo en el Consejo de Administración de Bankia estaban todos, además de los Sindicatos, y todos, prácticamente en igual proporción a su representación, están afectados por casos como el de las tarjetas black), y las formaciones nuevas como Ciudadanos o Podemos, aunque el hecho de que éstos últimos se hayan financiado por regímenes tan poco presentables como los de Venezuela o Irán, y que dicha financiación se haya encubierto en pagos por informes sometidos a una dudosa tributación por poner solo un ejemplo, hace pensar que ya apuntan maneras. La corrupción además, admitámoslo si queremos realmente ir al fondo del asunto, está escandalosamente generalizada en todo el país, quizás porque hasta que una gravísima crisis no nos ha golpeado, socialmente se la tenía como algo asumible y un aceptable mal menor; al fin y al cabo hay corrupción cada vez que defraudamos impuestos, cuando exigimos al albañil, o al fontanero, o al electricista que nos efectúa una pequeña reparación en nuestras casas una factura sin IVA, cuando se trabaja “en negro” o cuando un desempleado compagina la prestación con un trabajo que no cotiza, porque aunque esto parezca pecata minuta, ¿quién podría asegurar que si hemos cometido esas pequeñas triquiñuelas, no habríamos sido capaces de hacerlas mayores si por nuestro cargo, por nuestra responsabilidad, por nuestras atribuciones, se nos hubiese presentado la ocasión?, dicen las estadísticas que la economía sumergida en España el del 20% del PIB, y eso es mucho para que lo provoquen solo unos pocos. Ojalá en algún momento fuésemos capaces de, dejando a un lado las filias y la fobias políticas de cada cual, abordar responsablemente esta auténtica enfermedad silenciosa que carcome la base ética sobre la que está construido nuestro modelo de vida.   

Pero volvamos al caso del Partido Popular, no caigamos en el cinismo tan usual de mirar la paja en el ojo ajeno sin reparar en la viga del propio. El PP representa, junto a buena parte de Ciudadanos, al menos a ese cincuenta por cien de la población que según el criterio clásico pero también cada vez más impreciso, se siente de centro derecha. Estoy convencido de que la mayor parte de ese porcentaje quiere, queremos, un Partido Popular de corte liberal, democrático al uso de las democracias de nuestro entorno, educado en las formas y culto en el fondo, con un profundo sentido de pertenencia a España sin que se tenga que renunciar, en nuestro caso, a un valencianismo activo, exigente y cooperante, en permanente autocrítica, defensor a ultranza de la libertad individual, de la economía de mercado, respetuoso y dialogante con el adversario. Ese es el proyecto, esa ha de ser nuestra propuesta y nuestra contribución a una sociedad más libre, más avanzada, más respetuosa, más solidaria, más democrática en fin, y cualquier obstáculo que se presente debería vencerse, por el bien no ya de la formación, sino de la sociedad en general que precisa para su buen funcionamiento de un “centro derecha”, como también de un “centro izquierda”, estables. Si la corrupción es, como creemos, uno de esos obstáculos, la batalla contra ella debe ser contundente y fulminante, una batalla que exige un cambio de personas y una refundación hacia los mismos principios de siempre, pero limpios de polvo y paja. Suele argumentarse al hablar de la corrupción política que la valoración es distinta en la izquierda y en la derecha, una más permisiva que otra, y como ejemplo se suele presentar el casi nulo impacto electoral que tiene en Andalucía con protagonistas socialistas, al que está teniendo en Valencia. No estoy seguro que sea así, pero de serlo mejor estar en el lado de la autocrítica más exigente, aunque solo sea para poder dormir mejor cada noche.   

Es cierto que esa contundencia a la que apelamos provocará perjuicios personales injustos, pero ahora más que nunca el interés general debe primar sobre el particular, aún provocando inmerecidos quebrantos particulares. ¿A que nos referimos al hablar de esos inmerecidos quebrantos particulares?, el ejemplo más cercano lo hemos vivido en Beneixama; como todos recordamos, hace unos meses y a causa de una denuncia, se produjo una intervención policial en el Ayuntamiento de Beneixama que tuvo una amplia repercusión mediática que nos afectó en nuestra honorabilidad a varias personas. Por lo que sabemos, pasado el tiempo los asuntos investigados (menos uno de momento, que no afecta a ningún miembro del PP), han sido archivados por la Justicia, pero el daño personal ya estaba hecho, ¿se sabe si alguien de los que alegremente criticó o incluso insultó a los afectados, les ha pedido después algún tipo de disculpas?, creo que no, y hablo con conocimiento de causa. Del mismo modo, estoy seguro que muchos de los nombres que en estos momentos aparecen en la prensa relacionados con los distintos casos que se investigan a todos los niveles al final quedará libres de sospecha, pero nadie va a poder evitar que su presencia en órganos de gobierno del partido o de instituciones lesione gravemente el nombre de la formación en particular y de la política en general, por lo tanto, es hora de dar un paso atrás por parte de muchos, y que caras nuevas con nuevas ilusiones pasen a ocupar el protagonismo; gente sobradamente preparada la hay, pero debe de haber voluntad, individual y por parte de la dirección.  

Ignoro finalmente cual será el camino que se seguirá, pero urge tomarlo, en la España de nuestro tiempo hay demasiadas cosas en juego para caer en el desánimo.            

sábado, 16 de enero de 2016

El "problema" de España XIII

      Supone un salto en el tiempo respecto a la entrega anterior, pero creo interesante el final con el que acaba Juan Pablo Fusi su Historia mínima de España, libro sobre el que ya hablamos en su momento y que de nuevo no puedo sino volver a recomendar. Por su claridad evito cualquier comentario, independientemente del acuerdo o no que pueda suscitar. Por otra parte el razonamiento viene bien en estos momentos de incertidumbre y en cualquier caso, es un acicate para conocer mejor nuestra propia historia. Ahí va:

          “La historia futura de esa España refundada democráticamente desde 1975 será, por definición, imprevisible, a menudo inquietante y siempre problemática: en ningún sitio está escrito que la historia sea o racional o justa. España, muchas historias posibles, era –si se recuerda lo escrito al principio- la tesis de este libro. España, en efecto, pudo haber quedado de forma permanente, como Turquía, dentro del mundo islámico, o pudo haber cristalizado, como Italia hasta 1861, en una pluralidad de reinos y estados, tal como se constituyó en los siglos XIII a XV. España se asomó a la historia europea con los Reyes Católicos. Fue un imperio universal y la gran potencia hegemónica en los siglos XVI y XVII. Fue, luego, un estado fallido en el siglo XIX y un país en buena medida trágico (Guerra Civil, dictadura de Franco), en el XX.

          "La historia de España no es –quede claro- ni una historia única ni una historia excepcional. Como la historia de cualquier otro país, la historia de España es, sencillamente, una historia muy interesante, cuyo conocimiento –una obligación política y moral para hablar apropiadamente de España- plantea un amplio repertorio de cuestiones esenciales. La verdad histórica, escribió Ranke, al fin y al cabo el más interesante historiador de los tiempos modernos, es “infinitamente más hermosa y infinitamente más interesante que la ficción novelesca”.    

domingo, 20 de diciembre de 2015

De "La admirable mediocridad de la democracia"

      "La democracia, como la libertad de expresión, es el oxigeno que respiramos: descubrimos su importancia vital el día que nos privan de él. Por tanto, la principal virtud de la democracia es que existe. El mero hecho de que todos los partidos en liza acepten sus reglas y de que sepamos de antemano que los ganadores y los perdedores aceptarán el resultado en vez de empezar una guerra civil ya es, en sí, un gran motivo de alegría, mal apreciado, pero más decisivo aún que los resultados de unos y otros.... La democracia, añadía Popper, no garantiza en absoluto que el pueblo elija al más capacitado para gobernar, pero nos asegura, en principio, que se marchará,... El futuro presidente del Gobierno español será, dentro de cuatro años, su expresidente, lo que es una invitación a la modestia para los vencedores y a la paciencia para los perdedores".

Guy Sorman

sábado, 19 de diciembre de 2015

La suerte de una generación

Javier Cercas camina junto a su hijo Raül entre las tumbas del cementerio del campo de concentración de Flossenbürg, camino de la Appellplatz, el espacio central donde se numeraba a los prisioneros dos veces al día, y donde se les torturaba y tenían lugar las ejecuciones. Habían acudido para comprobar la última de la grandes mentiras de Enric Marco, el falso deportado y el falso prisionero que durante años había dirigido la Amical de Mauthausen, la más importante asociación española de ex-cautivos en los campo de concentración nazis. No puede evitar poner voz a una idea que hace tiempo le ronda por la cabeza:

          "- A veces no me puedo creer la suerte que tengo -proseguí, tras una pausa-. Mi padre y mi madre conocieron una guerra. Y mi abuelo y mi abuela. Y mi bisabuelo y mi bisabuela. Y así sucesivamente. Pero yo no. Siempre se dice que el deporte europeo por excelencia es el fútbol, pero es mentira: el deporte europeo por excelencia es la guerra. Durante mil años, en Europa, no hemos hecho más que matarnos. Y voy y yo soy el primero, la primera generación de europeos que no conoce una guerra. No me lo puedo creer. Hay quien dice que eso ya se acabó, pero yo no me lo creo... Ya ves este sitio, personas como tú y como yo murieron aquí a millares, igual que perros, de la forma más asquerosa y más indigna posible. ¡Que horror!"    

Javier Cercas. El impostor

domingo, 13 de diciembre de 2015

Notas sobre la relación entre Hayek y Keynes

          A cuenta de tres libros de reciente aparición sobre las figuras de Friederich Hayek y John Maynard Keynes, el filósofo Santiago Navajas hace una interesante exposición (Hayek y Keynes. Una relación liberal peligrosa. La Ilustración Liberal), de la relación cordial y afectuosa, pero también de enfrentamiento metodológico, que mantuvieron los dos economistas durante primera mitad del pasado siglo.

          La primera visión, simple, que en general tenemos de ellos es por un lado la del liberal Hayek frente al socialdemócrata Keynes, la derecha “civilizada” contra la izquierda “civilizada”. Pero más allá del estereotipo la verdad es que simplemente estamos ante dos maneras de entender el liberalismo porque ambos lo eran. Como acertadamente señala Navajas, se trata de dos caras de una misma moneda, porque los dos compartían el ideal de la democracia liberal y de la economía de mercado y la competencia, frente a la moda que en aquellos momentos representaban los totalitarismos encarnados tanto en el nazismo como en el comunismo, intelectualmente representados por Heidegger y Sartre respectivamente. Pero junto a estos totalitarismos también tenían como enemigo una idea libertaria del laissez faire, una concepción en que todo estuviese en manos del mercado sin ningún tipo de intervención del Estado.

          La preocupación de Hayek es que un Estado que desease controlar excesivamente la economía tendería por propia inercia a la omnipresencia, a un estatismo regulador de todos los quehaceres de la vida cotidiana de los individuos que al final desembocaría en un sistema totalitario. Keynes por su parte, confiaba en la idiosincrasia británica, y por extensión en la de los países europeos, para que eso no llegase a suceder. Atinadamente advierte Santiago Navajas que ésta diferencia de planteamientos podría tener un origen en la propia procedencia de cada uno de ellos, puesto que mientras el inglés Keynes, podía mantener la confianza en un país que defendió con uñas y dientes el sistema democrático, el austriaco Hayec había contemplado con sus propios ojos, y sufrido puesto que fue víctima de persecuciones, como dos naciones “cultas” como Alemania y Austria habían sucumbido, con un fuerte apoyo popular, a los fanáticos ideales hitlerianos y posteriormente en parte a los comunistas.

          Los dos mantienen el consenso en cuanto a la importancia de la competencia en la economía, y los dos abogan porque el Estado debe marcar las líneas por las que los individuos puedan moverse libremente, de manera que esa competencia, tutelada y protegida por el propio Estado, pueda ejercerse sin ninguna cortapisa. La diferencia es que para el escéptico Hayec, las reglas deben conformar un sistema previo, claro e inmutable, libre de las tentaciones totalizadoras de los gobiernos, mientras que Keynes confía en el sustrato liberal de los pueblos y por extensión en la acción de esos mismos gobiernos, abogando por un liberalismo activo, es decir, aquel que es capaz de responder a los diferentes retos que en cada momento se planteen. Desde éste punto de vista como sostiene Navajas, Keynes entendió mejor que Hayek la política, y el futuro le ha dado la razón puesto que desde entonces, si bien el poder de los estados no ha hecho más que incrementarse, no por ello se ha vuelto a caer, refiriéndonos a nuestro mundo occidental, en tentaciones totalitarias, aunque sí en un especie de democracia en demasiados aspectos banal y frívola, en la que puede perderse el sentido de la responsabilidad individual por la vía de encargar al Estado una función de aseguramiento general.    

          Por otra parte es Hayek quien más concretamente resuelve la eterna dicotomía entre libertad e igualdad, simplemente por la vía de la formulación de ambas por ese mismo orden, preservando el principio de igualdad en cuanto al acceso por cualquier ciudadano a cualquier cargo o responsabilidad, así como a unos servicios asistenciales y educacionales mínimos a los que todos tienen derecho, y a partir de los cuales cada cual optará por las metas que, dentro de los parámetros establecidos, libremente elija.  

          En definitiva Santiago Navajas nos ofrece un acertado resumen de una controversia muy actual, a partir de dos de los grandes economistas del siglo XX. 

sábado, 12 de diciembre de 2015

"Valencia", en Azorín

          La dominación árabe de la península ibérica fue larga y por ello intensa. En el caso de Valencia más de cinco siglos, menos en el norte: la cornisa cantábrica, Navarra, Aragón y Cataluña. Quizás por eso primamos siempre el periodo musulmán y la Reconquista, obviando aspectos de la época romana, excepción hecha del derecho. 

          Azorín nos propone una certera reflexión en torno a ello en el capítulo El cuarto de costura de su obra Valencia. 
 
          "Confidencias de Elena Viu al doctor a lo largo de las visitas. Algunas de las confidencias     que Eladio Taroncher ha revelado al poeta. Habla la condesa.

          -Taroncher, yo soy edetana y no agarena. En la barbarie moderna me siento perdida como el explorador desorientado en los hielos polares. Valencia es romana y no árabe. La Valencia   romana ha atravesado impermeablemente el periodo musulmán. Valencia, la Valencia romana, se esquiva. No es fácil captar el verdadero y profundo carácter valenciano. Casi todos los observadores se van por el lado de la jovialidad ruidosa y frívola. Y no hay tal. Piense usted en ese labriego alicantino, sobrio, silencioso, obstinado en el trabajo, que sólo de tarde en tarde expresa su sentir en unas palabras sentenciosas. Cuando yo veo a uno de esos valencianos, creo estar viendo a un ciudadano de Roma. Hablo de Valencia y hablo con ello de todo el reino. Valencia no se entrega a quien no se propone entrar en íntimo y amoroso contacto con ella. Ni nuestros hombres, ni menos nuestras mujeres, descubren desde el primer momento su fondo. ¿Recuerda usted la semblanza que Vives traza de su madre? Seria, callada, rígida, represa sus sentimientos en el fondo del alma. Sólo les da salida en plena confianza y en momentos de efusión familiar o de amistad sincera. Pues esa, doctor, es Valencia. "


domingo, 22 de noviembre de 2015

Cambio de modelo económico

No sé si alguien digo alguna vez aquello que de cuando se oye a un político hablar de cambiar el modelo económico, hay que echarse la mano a la cartera. No sé si alguien lo dijo, repito, pero en caso contrario permítanme que lo haga yo ahora. Suele ocurrir que cuando se producen cambios en los nuevos representantes patrios, o “autonomatrios”, o “municipatrios”, junto al efecto refrescante que siempre es de agradecer, llegan visionarios cargados de buenas intenciones y grandes ideas hasta ese preciso minuto increíblemente inéditas, y con la fuerza que otorga el convencimiento ideológico, se ven en el adánico papel de cambiar el mundo, tan equivocado hasta que la nueva luz que portan en sus manos alumbra los más oscuros rincones de la irreflexiva realidad que nos atonta.

Créanme que no son imaginaciones mías, lo he oído decir a representantes de las áreas económicas de la nueva Generalitat Valenciana, quizás de la Consellería de Economía “Sostenible”, que dirige un licenciado en filología clásica toda la vida dedicado a profesor o a político, sin más relación con la economía real que se sepa, que la que otorga la condición de consumidor pasivo de sus frutos. O quizás se trataba de alguien relacionado con la Consellería de Hacienda y “Modelo Económico”, comandada desde la digna pero endogámica torre de marfil de la universidad pública. Quede claro mi más absoluto respeto hacia las personas, pero permítanme que al menos me sienta intranquilo ante quienes pretenden dirigir nuestra economía y no se les conoce en su currículum, o al menos en el de sus colaboradores más próximos, un intento de negocio privado, quizás con algún fracaso que hizo peligrar su propio patrimonio personal, quizás con al menos un éxito que les permitió crear media docena de empleos. No sé, debe ser la deformación que provoca el ser autónomo y tener que pelear cada día con una persiana que cuesta cada vez más de levantar.

Suele ocurrir así que alguien reniega del modelo turístico de “sol y playa”, tan vulgar y masificado para sufrimiento de nuestras costas; o del sector “del ladrillo”, obcecado con eso de las burbujas; o de los grandes centros comerciales, encarnación de un capitalismo “sin alma”; o incluso de las presas de agua que las “grandes eléctricas” usan para generar energía y “sangrar” al pobre consumidor desvalido, y que además se han cargado un valle entre montañas donde en primavera florecían los romeros. La solución suele ser subvencionar “nuevos negocios”, quizás artesanos, porque eso ayuda a una buena foto, pequeñas casas rurales que nunca tendrán rentabilidad para mantenerse, y así un sinfín de ideas que por ellas mismas pueden ser interesantes, pero que regadas con el maná del dinero público, ese que “no es de nadie”, al final llenan capítulos y capítulos en los presupuestos de gastos de las administraciones que las ubres de un depauperado sistema fiscal no son capaces de alimentar.

Oiga y digo yo, ¿porqué no dejar a quienes se juegan su parné que elijan el negocio que crean conveniente en función del mercado (maldita palabra para algunos)?, ¿porqué los que mandan no se limitan a facilitar el papeleo, a poner unas normas claras que todos entiendan, a intentar que los impuestos no acaben con la ilusión de quien se aventura en crear una empresa?, claro, es verdad, eso sería confiar en la gente, creer realmente en la libertad individual, pasar a un segundo plano en la foto de las inauguraciones.  

Puestos a pensar aún de forma rápida, alguna tarea les podríamos apuntar en lo que a la economía valenciana se refiere. Por ejemplo, ¿puede reconstruirse de alguna forma el sistema financiero que teníamos, desaparecido por la inoperancia y desvergüenza de algunos políticos del PP? (no me duelen prendas decirlo, al fin y al cabo, en otras autonomías han sido otros). ¿No podrían intentarse apoyar el aumento de tamaño de nuestras industrias, excesivamente pequeñas y por lo tanto vulnerables a los ciclos económicos?, ¿no podríamos aumentar la investigación y abrir nuestras universidades al mundo real, aún a riesgo de que cuatro demagogos griten la estupidez esa de que “no queremos empresarios en la universidad”?, ¿podríamos renunciar a algún que otro pabellón deportivo, o piscina cubierta, o centro cultural sobredimensionado, o incluso a alguna espectacular rotonda, y dedicar ese dinero a buenos polígonos industriales, a eficaces institutos tecnológicos, a una enseñanza profesional de calidad?, por cierto, ¿podrían las mentes pensantes de la Generalitat ponerse de acuerdo de una vez con las leyes urbanísticas y desbloquear los proyecto, modestos, racionales, que hay en marcha?

Bueno, en un par de meses tendremos aquí a los Reyes Magos, no cuesta nada pedirles que éste año cambien las ocurrencias por el sentido común. .    

domingo, 15 de noviembre de 2015

Un comentari sobre la funció de l'historia

          He rellegit, després de molts anys, l'obra bàsica que Joan Reglà dedicà a València, Aproximació a la Història del País Valencià. Independentment de moltes consideracions que podrien fer-se al voltant de les conclusions als que arriba (crec que la seua teoria del dualisme i les contradiccions que resumix l'historia de València son francament qüestionables), m'interessa sols en aquest moment un comentari que Sanchis Guarner fa en el Proleg i que en pareix contradictori amb allò que també diu a continuació. Per una part i amb tota la rao del mon afirma que “Des del Romanticisme a la II Guerra Mundial, la Història ha estat invocada massa sovint com a arma ideològica,…” i que “La ciència històrica fou desfigurada, principalment en els infortunats anys trentes, per la mitologia de la propaganda maniquea amb què els totalitarismes nodrien la mística nacionalista”. Es difícil no estar mes d'acord amb aquetes manifestacions,  després l'evidencia de la quotidiana instrumentalització que el nacionalisme, qualsevol nacionalisme, fa de determinats fets històrics en el seu favor, ignorant els que no l'interessen o interpreten-los de manera enganyosa.

          Però per altra part Guarner afirma que “Un altra lliçó molt important que ens dóna el Prof. Reglà és ensems científica i moral, car es refereix a l'obligatorietat d'adequar la Història a la vida. Els fets humans són sempre relatius, i l'investigador de les ciències socials no pot mai defugir el seu compromís vital…. Cal partir del present per a projectar les nostres preocupacions en el passat”. Sense arribar al radicalisme pel que advoca, per no eixir-se'n del mon intel·lectual valencià, Miquel Adlert Noguerol en el seu “El compromis de Casp, qüestio jurídica”, quan limita la feina de l'historiador simplement a “investigar els fets y donar-los a conéixer, i millor quant major caràcter diplomàtic tinga sa obra, esdevén sols l'historiador “formular els resultats”, si que es deveres que si “les preocupacions en el passat”, es a dir la forma d'interpretar eixe passat, la importància d'uns fets vers altres, depenen de les nostres preocupacions del “present”, es a dir, de la nostra visió social, ideològica, del moment que ens toca viure, podem caure molt fàcilment en una falsificació dels fets històrics tal i com realment van succeir, donat eixe condicionament per “partir del present”.

          Conve tindre les idees ben clares al respecte, tindre clar que creem que es l'historia i quin el seu paper, perquè de lo contrari estarem donant per bones interpretacions “de part”, quant ens plantegem per exemple “que som els valencians” o “quina es la nostra nacionalitat”, com crec que fan determinats assagistes passats i presents de la nostra terra.    

lunes, 12 de octubre de 2015

9 d'octubre de 2015


Un dels grans problemes que tenim a Espanya, i per descomptat a València, es que no aconseguim  posar-nos d'acord en la interpretació de fets claus de la nostra historia, no encontrem unanimitats bàsiques en lo que fou el procés de la Reconquista, o en la transcendència o no del descobriment i la colonització d'Amèrica, o en la Guerra de Sucessiò, o en el naixement de l'Estat nació a partir de la constitució lliberal de 1812, i aixina un llarg etcètera. No deixa de ser curiós que en un país com el nostre, que les humanitats, i dins d'elles l'historia, son tan maltractades al sistema educatiu, siguem cadascú de nosaltres tan puntosos i tan “assabentats” en converses d'eixes en les que al voltan d'una botella de ví s'arregla el mon, fen poc cas de la bona historiografia que tenim al nostre abast, i que de consultar-la mes a menut ens evitaria molts problemes que quan entren en l'àmbit polític sempre s'engrandixen.

La falta de consens històric, com es previsible, es traduïx en falta de consens respecte als nostres símbols, a les nostres institucións, als legítims representants d'eixes institucions…, i això perquè sempre encontrem alguna excusa per no sentir-nos representats per ells; d'ahí a faltar-los al respecte de manera mes o menys sonora, sols n'hia un pas.

Dic açò perquè no m'agrada que es xiule, que s'insulte, que es menyspree públicament els símbols històrics que tenim; tampoc a les persones que en cada moment les representen. No m'agrada que en un camp de futbol es xiule l'himne nacional pel fet que acudisca el Rei, perquè les que eu fan ofenen de manera gratuïta a molta gent, no m'agrada que s'insulte a un president del govern, siga del partit que siga, quan acudix per exemple a un desfile militar, com solia passar-li a Zapatero, i no m'agrada que un dia tan simbòlic com el 9 d'Octubre, al pas de la Reïal Senyera de tots els valencians, s'insulte i es xiule al seu portador, abans del Partit Popular, i enguany a Joan Ribò, alcalde de València per Compromís. Es cert que amb el canvi polític a l'ajuntament del cap i casal, s'han dut a terme sense cap tipus de consens, modificacions que no agraden a una part important de valencians, a mi tampoc m'agraden, ja eu dic, i bé està que l'oposició eu diga, eu argumente políticament quan toque, eu utilitze com a crítica als òrgans de govern municipal i davant dels seus partidaris, però en un acte que es de tots, que tots els valencians de dretes, d'esquerres, monàrquics, republicans, valencianistes, catalanistes, espanyolistes, o qualsevol altra possibilitat que vullguen, i que acudixen a un fet que deuria ser solemne com es la Processo Cívica que cada dia 9 d'Octubre es celebra a València, se senten incòmodes, exclosos de lo que es tant d'ells com de les que xiulen.   

He dit que a mi no m'agraden les canvis introduïts pel nou govern de l'ajuntament; en pareix que el fet de viure a un país laic com es el nostre no te res que vore que es respecte la tradició de presentar la Reïal Senyera davant de l'arquebisbe per cantar un Te Deum; no saber distingir la tradició constituïda per l'innegable component històric de la religió en la conquista de València per part de Jaume I, no reconéixer que un dels primers actes del conqueridor a l'entrar a València fou la consagració cristiana de la mesquita de la ma de l'arquebisbe Pere d'Albalat, i la celebració d'un acte religiós, interpretan al segle XXI tot això com un detall històric i no necessàriament religiós, en pareix un infantilisme i una falta de visió ampla. Personalment, eixe laïcisme visceral que no es capaç siquiera de respectar les fets fonamentals dels activitats festeres o culturals, sempre m'ha paregut una manifestació infantil d'un complexe d'inferioritat ideològica: mols fluixa es una ideologia que no resistix els trenta minuts que pot durar un acte tradicional o festiu dins d'una Catedral. 

Dit açò, ¿no podria l'Ajuntament de València i les organitzacions participants donar-li mes solemnitat a la processó?, ¿tan difícil es organitzar el desfile, establint un millor ordre i vistositat d'eixes organitzacions socials, culturals, econòmiques, etc. de manera que quedaren millor identificades? seria d'agrair per a major disfrut dels assistents i de l'acte en si.

Aquest any molta gent va acudir a la processó, al Te Deum en presencia de la Senyera de Lo Rat Penat, al desfile de moros i cristians de la vesprada. Un dia de festa per a disfrutar, per a sentir-nos orgullosos del nostre passat i obligats amb el nostre futur, mes allà de la polèmica, que dies en hauran al llarg de l'any per discutir. 



   

domingo, 4 de octubre de 2015

Al voltan del Llibre dels Fets

         Hi han lectures pertorbadores, lectures crítiques que remouen plantejaments que sempre hem donat per bons però que si o si hem d'escometre si volem mantindre cert rigor científic en allò que es diu. Dic açò perquè he pogut aconseguit alguns llibres de medievalista Antonio Ubieto Arteta que en resultem altament interessants però que costen de trobar, potser, m'atrevisc a avançar, perquè els seus plantejaments no son còmodes a lo políticament correcte en lo que respecta a l'historia de València.

Ahí van uns paràgrafs del seu "Orígenes del Reino de Valencia":

"A la vista de los resultados apuntados en el capítulo anterior, es evidente que la narración de la Crónica de Jaime I no puede ser aceptada íntegramente por cuatro motivos fundamentales:

1º. La versión que hoy conocemos de la Crónica de Jaime I no es la redactada por el rey, sino una refundición hecha en Poblet el año 1343. Ésto explica que la narración sea hecha en primera persona, como si fuera escrita o dictada por el propio rey Jaime I, y se llegue al contrasentido de narrar la muerte del monarca. Por lo menos ésta parte ha sido interpolada por el refundidor de 1343. Lo que permite suponer que pudieran existir otras interpolaciones.

2º. Porque la crónica -como todos los textos narrativos- quiere darnos "su versión"; y esta versión puede estar interesada para justificar "a posteriori" algunos acontecimientos.

3º. Porque la comparación de la Crónica con la documentación coetánea emitida por la cancillería del mismo rey Jaime I están en contradicción en multitud de ocasiones, señalando que Jaime I tergiversó la cronología y el desarrollo histórico para justificar determinados momentos de su reinado.

4º. Porque cuando hay un enfrentamiento entre fuentes cronísticas y documentales es norma metodológica considerar como más cercano a la verdad histórica lo que se desprende del documento que no lo que cuente la crónica."

martes, 22 de septiembre de 2015

Sobre el tiempo y el olvido...

      ..."Éste niño no sabrá nunca lo que ha sucedido, se lo ocultarán su padre y su tía y se lo ocultaré yo mismo y no tiene importancia porque tantas cosas suceden sin que nadie se entere ni las recuerde, o todo se olvida y prescribe. Y cuán poco va quedando de cada individuo en el tiempo inútil como la nieve resbaladiza, de qué poco hay constancia, y de ese poco tanto se calla, y de lo que no se calla se recuerda después tan sólo una mínima parte, y durante poco tiempo: mientras viajamos hacia nuestra difuminación lentamente para transitar tan sólo por la espalda o revés de ese tiempo, donde uno no puede seguir pensando ni se puede seguir despidiendo: "Adiós risas y adiós agravios. No os veré más, ni me veréis vosotros. Y adiós ardor, adiós recuerdos."

Javier Marías, en Mañana en la batalla piensa en mí.

domingo, 20 de septiembre de 2015

MAÑANA EN LA BATALLA PIENSA EN MÍ, de Javier Marías.

Qué sensación nos daría leer nuestros propios pensamientos si antes hubiésemos sido capaces de poner negro sobre blanco absolutamente todo lo que nos pasa por la cabeza. Ese es el ejercicio que Marías nos propone en ésta novela introspectiva (¿psicológica?) casi de sus inicios (1994), el camino por el que nos lleva a partir de una situación quizás absurda y ridícula, pero posible y por lo tanto inquietante: a Víctor Francés, guionista de televisión, un “negro” de discursos vacuos, se le muere en sus brazos su casi desconocida amante, medio vestida y medio desnuda, con un hijo de dos años durmiendo en la habitación de al lado, sin saber a quién llamar, ni siquiera sin saber si debe llamar a alguien, sin saber cuál es el siguiente paso que debería dar más allá de pensar en lo anecdótico, en lo absurdo de la situación, en su mala suerte o en la mala suerte de Marta Téllez, ya sin vida en el engaño de una infidelidad no consumada.

Llevado quizás por la inercia de su indecisión Víctor querrá conocer a la familia de Marta y a partir de ahí a todo un electo de personajes secundarios que desde mi punto de vista no siempre encuentran su encaje en el relato: a su padre académico y cortesano, a su hermana más joven y lúcida, a su viudo entre comprensivo e irritado, protagonista él también de una infidelidad atormentada y cobarde por la muerte accidental de su amante, la otra, en una calle mojada de Londres, llegando por fin al epílogo del relato provocado por la confluencia de dos mujeres muertas en un mar de mutuos desconocimientos.

Siguiendo la opinión del propio autor, quizás estemos ante un ensayo del engaño, vivimos engañados o engañando, y así a lo largo de la vida, una vida gris como las calles del Madrid en invierno donde transcurre, un ambiente oscuro que esconde la realidad hasta hacerla convertir en ficción, porque esa es la única manera de que el olvido no difumine definitivamente lo que realmente ha ocurrido.  

      

jueves, 3 de septiembre de 2015

UNA ACLARACIÓN OBLIGADA

Durante dieciséis años de mi vida he formado parte del Ayuntamiento de Beneixama, doce de ellos como alcalde. Como he dicho en otras ocasiones, ha sido una experiencia única que me llena de orgullo y que recordaré con satisfacción durante el resto de mis días. Pasados un par de meses desde que abandoné el cargo no puedo sino agradecer, en primer lugar a mi familia por el apoyo que siempre he tenido de ellos, y desde luego a mis compañeros en los sucesivos gobiernos municipales por el inmenso trabajo llevado a cabo de manera tan desinteresada, fruto del cual son importantes mejoras en infraestructuras de todo tipo de las que los vecinos de nuestro pueblo pueden disfrutar. Muchas gracias a todos.

Tantos años de dedicación hace inevitable los buenos y los malos momentos, pero incluso estos últimos los he tenido por positivos, porque me han permitido valorar más si cabe la cultura del esfuerzo, el compañerismo y el afán de dedicación por lo público. Pero es cierto que también me ha dado ocasión de descubrir y de sufrir, y lo hago con una gran pena, la deshonestidad y la bajeza moral de ciertas personas, afortunadamente pocas, a las que antes había tenido por vecinos cabales y responsables, cuando no ejemplares. Y digo esto, repito, con inmensa pena, porque a partir de determinado momento, curiosamente en el intervalo de cuatro años en que no ocupé cargo alguno, lo que en todo caso debería haber quedado como mucho en simples discrepancias políticas, derivó en denuncias judiciales por parte de personas que ahora me permito no nombrar, y la aparición de noticias maliciosas en medios de comunicación que solo tenían como propósito provocar un daño personal. Pongo por ejemplo una denuncia que en su momento se formuló contra mí por supuesta malversación de fondos públicos y que fue aireada de forma torticera por determinados periódicos, los mismos que posteriormente, en un ejemplo elocuente de falta de profesionalidad, apenas se hicieron eco del archivo de las actuaciones por parte del Juzgado instructor al no haber encontrado comisión de delito alguno. Un caso típico de difama que algo queda.

Cuando en 2011 volví a ocupar el cargo de alcalde, con un holgado apoyo electoral, tuve con mis compañeros que hacer frente a una difícil situación en las arcas municipales, lo que nos llevó a acometer una importante reducción de gastos que nos parecían innecesarios y en cualquier caso inasumibles. Entre ellos estaba la partida de incentivo a la productividad que los trabajadores municipales perciben por su especial dedicación y por tareas fuera del horario normal del trabajo. De un examen minucioso de dicha partida pude deducir la injusticia con que se había distribuido y la falta de un criterio objetivo, existente en anteriores legislaturas, que venía a beneficiar a unos frente al resto. La implantación de nuevo de esos criterios objetivos, más justos y equitativos, supusieron además la reducción de la partida, que pasó de los 40.625,05 eu. pagados en 2010, a los 30.340,65 en 2011, y 16.210,69 en 2012. Como era de prever ésta medida, que no iba dirigida contra nadie, no gustó a todos, y fue la causa evidente de que el Ayuntamiento en general y yo en particular, tuviésemos que sufrir nuevas denuncias y despropósitos.  

Una de esas denuncias tuvo como consecuencia la intervención de la policía judicial en el Ayuntamiento el pasado día 17 de marzo. Puedo asegurarles que fue uno de los días más tristes de mi vida, y no porque tuviera ningún miedo en lo personal, que ni lo tenía entonces ni lo tengo ahora, sino porque como benejamense y como alcalde me sentí humillado y ofendido, y porque me dolió ver cómo se ponía en tela de juicio la actuación de personas de las que conozco sobradamente su profesionalidad y su honestidad.  El ver como determinados vecinos parecían alegrarse en las puertas del Ayuntamiento de lo que estaba sucediendo, me pareció sencillamente repugnante.   

De esa intervención policial, por lo que yo sé dado que en estos momentos no dispongo de información actualizada, se siguen actuaciones de instrucción por parte de un Juzgado de Villena de las que derivará lo que en justicia proceda, y parece prudente que no hagamos demasiados juicios de valor hasta que las mismas hayan concluido; ya he mencionado la experiencia de una anterior denuncia en aquel caso contra mí, que quedó en nada pero que produjo, de manera intencionada por quienes filtraron la noticia a la prensa, daños irreparables. En cualquier caso algunas personas han sido imputadas en este nuevo asunto, lo que en modo alguno quiere decir condenadas, y sobre al menos algunas de ellas que conozco bien, no tengo la menor duda de su inocencia, como estoy seguro que quedará demostrado.

Creo que no es pertinente por mi parte dar en estos momentos información detallada sobre el contenido de las actuaciones judiciales a las que un día tuve acceso, y menos hacerlo de forma sesgada, pero sí que puedo decir, y lo hago obligado por la noticia falsa aparecida en el Diario Información de Alicante con fecha del pasado 1 de septiembre, que en ningún momento en dichas actuaciones he sido imputado de delito alguno y mucho menos detenido, todo ello es falso e injurioso, y promoveré las acciones legales a que tenga derecho contra los autores de tamañas mentiras. La justicia, como toca ante cualquier denuncia, está actuando, y creo que lo procedente y lo responsable es dejarla trabajar sin intentar condicionarla con noticias sesgadas y sacadas de contexto como parece que está haciendo determinada prensa con tintes sensacionalistas, todo ello a partir de información filtrada por alguien que debería tenerla a buen recaudo si no tuviese la mala intencionalidad que demuestra. Habla el periodista de un supuesto delito por la segregación de unos terrenos que en cualquier caso se realizó con total transparencia y de la que no hubo apropiación alguna, sino una simple compra-venta como tantas otras de las que todos los días se llevan a cabo, y de la que de momento que yo sepa, el Sr. Juez instructor ha hecho caso omiso.


Por la prudencia a la que antes he apelado, no puedo de momento ser más explícito, tiempo habrá si es que quedan ganas cuando las actuaciones judiciales acaben, por ahora no podemos sino lamentar el afán de algunos por injuriar, por causar daño en lo personal y en lo profesional, sin ningún miramiento y sin atreverse a dar la cara, utilizando para ello un medio de comunicación que se demuestra afín a sus propósitos. Triste, realmente triste, es que algunos entiendan la política y las relaciones vecinales de ésta manera, pero no está en nuestras manos hacerlos cambiar, solo tener confianza en que el sentido común de la población en general sepa distinguir a unos y otros. Utilizar estas fechas para airear falsedades e injurias, precisamente a las puertas de nuestras Fiestas Patronales en que más población se concentra en el pueblo, no hace sino incrementar la mala intención de sus promotores. Si sus aspiraciones en ésta vida y hacia la convivencia en Beneixama no son más que injuriar, calumniar y expandir noticias falaces y malintencionadas, solo podemos sentir por ellos lástima.     

domingo, 30 de agosto de 2015

¿Una llengua, una cultura, una nació?

Un dels principals conflictes de l'anomenada “batalla de València”, ocorreguda fonamentalment als anys de la Transiciò, es el que es donà al voltant de la llengua que parlem els valencians. Per dir-ho de manera extremadament resumida, les diferencies estaven (i estan), en determinar si com afirmen uns, abans que les tropes de Jaume I entraren a València, ja es parlava una llengua romanç, descendent del llatí, i per lo tant podem dir que els valencians ja parlàvem valencià, o si pel contrari, sols s'utilitzava l'àrab i fou a partir de la conquista cristiana quan s'implanta la nova llengua, el catalá, de la mà de part de les tropes que acompanyaren al rei en Jaume. Personalment, si tenim en conter que era l'època de formació de les llengües romanços, i de la pròpia característica canviant i adaptable innata a qualsevol llengua, sempre m'ha paregut un debat estèril. Hui per hui pareix que es la segon teoria, implantada cada vegada mes a les àmbits oficial i educatiu, la que ha resultat vencedora, a pesar de la resistència d'entitats com Lo Rat Penat, la Reial Acadèmia de Cultura Valenciana o l'Associació d'escriptors valencians, entre altres. 

En qualsevol cas aquesta es una polèmica de veres trista, que podria quedar reduïda a l'àmbit acadèmic, als filòlegs, i poc mes, però veiem que no es així, veiem que de tant en tant es torna a ella, i ¿això per què?, avance la meua tesi: en el fons no es tracta d'un problema lingüístic, es tracta, diguem-no clar, d'un problema polític, perquè sobre una o altra conjectura hi han formulacions netament polítiques, i ahí es on ens dol.

Fa pocs dies que un conseller de la Generalitat catalana dia que no podien oblidar els catalans, endinsats en el proces sobiranista que alguns d'ells porten per davant, a la resta de ciutadàns de la nació catalana, als valencians i als mallorquins entre altres, i que l'objectiu últim era la independència dels PaÏsos Catalans; també de Països Catalans i de la seua independència i unificació parlava fa menys d'un any l'actual conseller d'educació de la Generalitat Valenciana, i eixe es precisament el problema que majoritàriament tenen els que, amb tot el dret del mon, se senten a la volta valencians i espanyols, que acceptar l'assimilació entre valencià i catalá, es entrar en el joc d'alguns, evidentment no tots, que en l'única llengua veuen una única cultura, i en l'única cultura, veuen una única nació, i ahí em tocat ferro.

Dia als anys seixanta Joan Fuster, en el seu to pamfletari habitual, que “Tenim dret a esperar –per molt llunyana que se'ns presenti aquesta esperança-, que un dia serà suficient dir català per al.ludir a la nostra condició de poble únic”. Efectivament, repetim, eixa es la meta del catalanisme polític, i per això el seu camí es acostumar-nos a dir que parlem català (podien dir valencià, inclús donant per assentat que fora la mateixa llengua, com per cert la nomena nostre Estatut), i que donat que tots parlem català passar a defendre que tots tenim, com ja he dit, una mateixa cultura, la cultura catalana, que a la mateixa vegada es distinta de qualsevol altra, i finalment si tenim una mateixa, i única llengua, i per lo tant una mateix i única cultura, finalment tenim una mateixa i única nació, la nació catalana.

Realment l'argumentari, si no ens parem en masa detalls pot paréixer impecable, però si eu fem encara que siga superficialment, es cau per tots els costats. Mes enllà de les disquisicións lingüístiques que puguem fer, si la cultura es basa en la llengua, ¿què passa per eixemple amb els escriptors valencians que utilitzen l'espanyol?, ¿no formen part de la cultura valenciana autors com Azorín, Miguel Hernández, Rafael Chirbes, Gabriel Miró o Max Aub, per dir-ne sols alguns?, i ¿no tenim dret a sentir com a propits a Cervantes, Machado, Lorca, Valle Inclán o Pio Baroja, pel fet de no haver-hi nascut a la “nació catalana”?, ¿per qué hem de conformar-nos en una sola llengua, per molt que la vullguem, i la volem, i no em de tindre com a pròpia l'espanyola i la immensa cultura que d'ella ens pertany? Passar d'eixa assimilació entre llengua i cultura a reivindicar una única nació es simplement ridícul, es com reduir tot un gran mon que les noves tecnologies ens obrin de par en par, a un altre xicotet, provincià, ètnic, repetisc, ridícul.

Es possible que algú pense que estic exagerant en aquets escrit, però si es pillen la molèstia de repassar les estatuts d'alguns partits polítics i organitzacións culturals valencianes (i catalanes amb forta influencia en eixes valencianes) voran que no es així. Al final cadascú te dret a pensar i a defendre el que estime convenient, faltaria mes, però no puc mes que lamentar que per eixa sensació que molts valencians tenen que a partir de la llengua les volen dur a entelèquies polítiques que simplement avorrixen, la nostra llengua valenciana, la que hem parlat des dels primers moments de la nostra vida, la que hem utilitzat sense complexes per exemple quant fa quaranta anys anaven a la ciutat de València, i mols dels que ara ens volen vendre la burra del catalanisme, “hablaban castellano porque era más fino (i molts d'ells seguixen parlant-lo en la família)”, la que estimem com un dels grans tresors de la nostra cultura (però no l'únic), les l'estiguen fent avorrir. En diu un estimat amic de Beneixama que està mes que de volta de la política, que qui mes mal ha fet al valencià sons els que l'utilitzen com a traga-la. Estic admirat de la seua clarividència.  

domingo, 16 de agosto de 2015

LA VELOCIDAD DE LA LUZ, de Javier Cercas

El libro ya tiene años (2005), pero reconozco que después de leer la exitosa novela Soldados de Salamina, me daba cierta pereza volver a un autor que lo parecía de bestsellers; estaba equivocado y me alegro de haberlo descubierto a tiempo.  

La novela empieza como pareciendo contar una historia corriente, entre autobiográfica y reflexiva en torno a la brutalidad de la guerra, para ello se sirve de la de Vietman, aquella tragedia de los años sesenta y setenta con la que los niños y adolescentes de la época convivíamos casi a diario a golpe de telediario y película de Hollywood. Pero pronto nos abre un mundo más denso y más extenso, más complejo y a la vez cercano a la realidad cotidiana de cada cual.

El relato en sí transita desde la primera a la última página sobre la tenue línea que separa la realidad del narrador: la ilusión de un joven Cercas que quiere ser escritor, su estancia durante un par de años en la universidad americana de Urbana, su matrimonio y su hijo (aquí arriesga hasta el borde de un abismo trágico), el éxito y sus perversos efectos tras la publicación de una novela anterior (se entiende, Soldados de Salamina) … , con la ficción que aportan una vida por los subsuelos de una gran ciudad (¿) o el trágico accidente que destroza su familia, por poner solo dos ejemplos, de manera que cuando acabamos su lectura no sabemos a ciencia cierta incluso si  quien es la piedra angular del relato, el controvertido exsoldado e inteligente lector Rodney Falk, abatido hasta el suicidio por un terrible mal de conciencia, existió realmente o no. De cualquier forma poco a poco vamos descubriendo que todo eso es lo de menos, porque lo que realmente importa no es tanto conocer las barbaridades que se cometieron en una guerra como cualquier otra, ni siquiera la influencia que la misma podía tener en una familia ordinaria de una sociedad como la norteamericana, sino ver como la ciénaga de esa guerra concreta se parece cada vez más a la ciénaga en la que está hundido el narrador y a través suyo cada lector. Como la cotidiana mirada en el espejo de cada uno de nosotros en determinados momentos de la vida, nos puede mostrar la crueldad y la podredumbre por la que tan a menudo transitamos quizás sin darnos cuenta. Como los dos caminos de desilusión por lo que el autor nos conduce en su relato corren uno frente al otro hasta unirse, a la velocidad de la luz, porque al final todas las historia que se cuentan son una misma historia.

Con un lenguaje sencillo Javier Cercas consigue atrapar al lector en un torbellino de desazón psicológica, con la valentía añadida de asumir riesgos en lo personal hasta el extremo de convertir parte del mismo en una ficticia autobiografía cruel consigo mismo.        

martes, 11 de agosto de 2015

El debate catalán (35)

Dice Julio Camba hablando de los hechos diferenciales en 'Haciendo de República' (1934):

             “Los hay en Cataluña con respecto a España, y en Barcelona con respecto a Cataluña, y en la rambla de Canaletas con respecto a Barcelona, y en cualquier casa de la rambla de Canaletas con respecto a la rambla en general. En todas partes hay hechos diferenciales, pero la cuestión está en si debe uno cultivarlos o debe, por el contrario, dedicarse al cultivo de los hechos igualitarios”.

miércoles, 29 de julio de 2015

El debate catalán (34)

Una interesante reflexión del catalán Xavier Vidal-Folch, que hasta ahora parece haber pasado inadvertida, en su artículo de El País, de hoy.

Un "Golpe" para Cataluña




domingo, 26 de julio de 2015

HOMBRES BUENOS, de Arturo Pérez-Reverte

Serán fundamentalmente los dos últimos tercios del siglo XVIII en Francia, los que darán nombre a la centuria y zarandearán como un terremoto con epicentro en París, las ideas y las estructuras políticas y sociales de toda Europa; el Siglo de las Luces, se convertirá en la gran referencia de la lucha sin cuartel entre el oscurantismo y la razón, entre el encorsetamiento impuesto por una religión acostumbrada a dirigir vidas y reinos y la fuerza liberadora de la nueva filosofía inspirada por Rouseau, Voltaire o Montesquieu entre otros. La edición entre 1751 y 1780 de la Encyclopédie de Diderot y d’Alembert será en cierto modo la condensación de todas esas nuevas ideas ofrecidas al mundo.

Ese es el marco en que se mueve la historia de Hombres buenos (Alfaguara, 2015), y lo hace su autor a partir de tener entre sus manos esa primera edición de la Enciclopedia que se guarda en la biblioteca de la Real Academia de la Lengua de la que es miembro, e indagar en las peripecias que la ilustre institución sufrió para su compra, tarea encargada a dos de sus académicos, don Pedro Zárate y don Hermógenes Molina,  en un momento además en que la Inquisición la tenía prohibida.  

Si algo caracteriza las novelas de Pérez Reverte es su meticulosa preparación de cualquier detalle histórico, geográfico o técnico de los que se utilizan en el relato, y la novedad en su último libro, que a su vez le da frescura y en cierta forma hace partícipe al lector de su génesis, son los capítulos que va intercalando en donde pregunta a especialistas como Carmen Iglesias o Francisco Rico, o a la propietaria de una librería de viejo a las orillas del Sena, informaciones que después utilizará en la obra.

En Hombres buenos aparece una confrontación a cuatro bandas capitaneadas a su vez por sus cuatro protagonistas principales, todos ellos académicos de la RAE: por una parte los ya citados Pedro Zárate, máximo representante de las nuevas ideas ilustradas y hacia quien el autor parece demostrar mayor simpatía, y el bibliotecario de la institución Hermógenes Molina, hombre culto, razonable, que comparte las ideas ilustradas sin renunciar a su condición de católico convencido. Por otra parte el reaccionario periodista Manuel Higueruela, enemigo acérrimo de la nueva filosofía y Justo Sánchez Terrón, un mediocre intelectual auto convencido de ser el mejor representante de las nuevas ideas. Entre ellos se irán hilvanando alianzas, amistades e intereses, en lo que en último caso es la representación de un enfrentamiento poliédrico entre lo viejo y lo nuevo, situados ambos más allá de las trincheras previsibles.   

La novela carece, pese a la escena del duelo que presenta en París y un violento final en el que los académicos recuperan la obra a punto de ser destruida, de momentos vibrantes que tensionen el relato, pero quizás tampoco se trataba de eso cuando se tiene la pretensión de ser fiel a los acontecimientos que realmente ocurrieron. Por otra parte, de forma intencionada o no, creemos que sí, Reverte nos va haciendo una lectura actualizada de los hechos, es como si al leer lo acontecido hace más de doscientos años estuviésemos escudriñando las páginas de opinión de un periódico de hoy mismo.

Quizás no sea la mejor sus novelas, pero es imprescindible para quienes siguen la obra de Pérez-Reverte y desean conocer un poco mejor las inquietudes de siglo XVIII en Francia y España.


jueves, 23 de julio de 2015

El debate catalán (33)

Hoy aparece en El País un artículo del escritor Santiago Roncagliolo que no puedo dejar de recomendaros. Los nacionalistas, empezamos a saberlo también en Valencia y me temo que tendremos múltiples ejemplos durante los próximos cuatro años, suelen hablar de cultura auto situándose sobre un peldaño superior, como revestidos de una autoridad intelectual desde la que poder menospreciar la opinión contraria: la historia, las tradiciones, el lenguaje, la literatura..., son como ellos las entienden, los otros, pobres ignorantes, poseídos por una "cultura extraña", no pueden sino perder resortes de expresión. Nunca pues llegaremos a entender las bondades pedagógicas de la inmersión linguística al catalán (?), nunca a ser conscientes de la fortaleza de nuestra "única" cultura subyugada, nunca a asumir que poder hablar castellano y tenerlo como lengua propia junto al valenciano, nos priva de las delicias de la etnia.

Quizás desde nuestra ignorancia lleguemos a pensar algún día, que es precisamente ella la que nos hace grandes.     


domingo, 12 de julio de 2015

El "problema" de España XII


Es cierto que nuestros ilustrados nunca tuvieron la iniciativa intelectual, y por lo tanto no dejaron el sedimento de cualquiera de los autores de las “Luces” francesas. Aquí no hay un Voltaire, ni un Diderot, ni mucho menos un Rousseau, y ello se debe en gran parte al ambiente general que se vive en la España del siglo XVIII, a la falta de libertad de pensamiento, al dominio que una iglesia ultramontana ejercía incluso contra los intentos regios de modernización de Carlos III; y a pesar de ello son fundamentales para entender lo que serán los dos siglos siguientes. Moratín describe así ese ambiente contradictorio en que viven:


“… la edad en que vivimos nos es muy poco favorable: si vamos con la corriente, y le hablamos el lenguaje de los crédulos, nos burlan los extranjeros, y aún dentro de casa hallaremos quien nos tenga por tontos; y si tratamos de disipar errores funestos, y enseñar al que no sabe, la santa y general Inquisición nos aplicará los remedios que acostumbra”.  

sábado, 20 de junio de 2015

Reflexión y razón

¿Firmarías esta afirmación o crees que es un impedimento al avance intelectual?

"... la especulación -entendida en su acepción reflexiva- comienza allí donde concluye el imperio de la sana razón; para poderse consagrar a ella es necesario o carecer de razón o haberla perdido". 

Cartas de Jhering. "Jurisprudencia en broma y en serio". 1880

jueves, 18 de junio de 2015

Opinión a contracorriente



"Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad",... "enseguida (a éstos) los callaban, mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra de un premio Nobel. Es una invasión de imbéciles".

Umberto Eco

jueves, 4 de diciembre de 2014

El "problema" de España XI


          El dramaturgo Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), ilustrado testigo de acontecimientos tan trascendentales como el final del Antiguo Régimen, la guerra de la Independencia o el desastroso reinado de Fernando VII, mostró siempre una preocupación especial por la cultura y el trabajo. Admirador e incansable viajero por Europa, desde allí examinó en ocasiones, para añorarla o para criticarla, la vida en España.

          En sus Obras Póstumas leemos:

“¡No es desgracia nuestra que cuanto se hace, dirigido a la utilidad pública, si uno lo emprende viene otro al instante que lo abandona y lo destruye! ¿Cuándo se educará la nación? ¿Cuándo se generalizarán las ideas de economía política, y convendrán los que gobiernan en no abandonar jamás lo que es urgente, lo que es conocidamente útil, y cesará el empeño funesto que los agita, de aniquilar y deshacer lo que sus predecesores fomentaron?”


          No sabéis como me suena todo esto, ….

domingo, 16 de noviembre de 2014

Entre la originalidad y la coincidencia

     "La civilización española posee indiscutiblemente su originalidad y su singularidad, pero ¿es radicalmente ajena a los grandes movimientos que caracterizan al Occidente europeo? No hay ningún motivo serio para pensarlo.
.../...
     Uno tiene a veces la impresión de que son los mismos españoles los que han contribuido a difundir la leyenda negra, al insistir con excesivo masoquismo sobre determinados aspectos del pasado de su patria: la expulsión de los judíos y de los moriscos, la Inquisición, la violencia en la conquista de América... Cada nación tiene en su historia sus páginas negras, pero, en general, se las considera como acontecimientos que pertenecen a un pasado histórico que no tienen por qué empañar definitivamente la imagen de la nación."

Joseph Pérez. Historia de España

viernes, 14 de noviembre de 2014

Sobre la inmortalidad...?

          "Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal."

El Aleph. Jorge Luis Borges

domingo, 9 de noviembre de 2014

9 de noviembre

          Hoy hemos podido refrescar las imágenes de aquella noche berlinesa. Creo que era el Ministro del Interior de la República Democrática de Alemania quien anunciaba primero que no se reprimiría el paso de disidentes hacia la parte Federal; a partir de ahí, miles de alemanes de ambos lados se encontraron ante el dramático Muro de la Vergüenza, como lo había calificado Willy Brandt siendo alcalde de Berlín, unos para saltarlo, otros para darles la bienvenida y al final todos para derribarlo. Picos, martillos, palas, todo valía en una tarea que significaba pasar de la desolación, de la represión, del comunismo en su peor versión, a la libertad.

          La caída del muro de Berlín hace hoy justo veinticinco años supuso la señal más plástica del derrumbe de los regímenes comunistas en Europa, el final de una silente pero trágica guerra fría iniciada tras los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial. Todos pensábamos en aquel momento que nada sería igual en el futuro, que por fin Europa en particular y el mundo en general habrían aprendido la dolorosa lección de la que durante décadas fueron tristes protagonistas. Durante estos veinticinco años la Europa democrática se ha hecho más grande, nuevos países, entre ellos España, se han unido a un club en el que a cambio de soberanía, se garantizaba un futuro lleno de prosperidad, de paz y de libertades. Hoy, por desgracia, el panorama que se atisba en el medio plazo es distinto. La guerra de los Balcanes primero, el actual conflicto en Ucrania, la ascendente tensión entre Rusia y el resto de países europeos, los desequilibrios aparecidos durante la crisis económica y el incremento de los sentimientos nacionalistas, así como los nuevos populismos de diferente vitola, deben ser un motivo de preocupación y reflexión para todos los europeos.

          El azar (no creo que estuviese planificado) ha querido que el aniversario de la caída del Muro de Berlín haya coincidido con el simulacro de referéndum promovido por los partidos independentistas en Cataluña, en lo que desde mi punto de vista es el mayor órdago nunca lanzado contra la unidad del Estado y la paz en Europa, dado el efecto contagio que puede tener. Curiosa coincidencia, el valor simbólico del derrumbe de fronteras con el deseo ultramontano del levantamiento de otras nuevas. Ya nos hemos referido a que la primera batalla que se gana o que se pierde es siempre la de las palabras, y hay que reconocer que dando por bueno el “derecho a decidir de un pueblo”, unos han ganado mucho y otros, en la misma proporción, han sido en ese punto derrotados.

          Se quiera vestir como se quiera, aceptar que unos pueden decidir sobre algo que es de todos, significa consentir que la mayoría no tiene derecho a opinar sobre algo que le pertenece, y que ese derecho se pierde a favor de una minoría, quizás más organizada, acaso más vociferante, pero en cualquier caso, minoría. En otras palabras y ya está bien de buenismos estúpidos: cada vez que los nacionalistas catalanes apelan a su derecho a decidir sobre la unidad de España, con las consecuencias históricas, sociales, culturales, económicas, etc., que eso supone, nos están robando al resto de los españoles ese mismo derecho, nos están despojando de la más importante cualidad de ciudadanía que es la igualdad democrática, nos están convirtiendo en ciudadanos de segunda, inferiores en derechos y superiores en obligaciones, no están, digámoslo de una vez, insultando, menospreciando y ofendiendo, porque su reclamación de un derecho supone simple y llanamente la obligada renuncia de ese mismo derecho por parte del resto.   

           Pero la gran pregunta en estos momentos es que hacer. Los errores cometidos ya los sabemos todos: el inicial activismo social y político de una minoría nacionalista frente a la actitud “vaga” del resto; la debilidad tradicional de la idea de España sobre todo en amplios sectores de la izquierda política que, al contrario de lo ocurrido hasta prácticamente la guerra civil, ligaba la idea de lo español con lo fascista; el sistema electoral favorable a las minorías nacionalistas en detrimento de los partidos con vocación nacional; el permanente chantajeo y la imperdonable dejación de los partidos mayoritarios, PP y PSOE, que año tras año negociaban el apoyo puntual de sus iniciativas parlamentarias a cambio de nuevas trasferencias de carácter permanente; la renuncia más absoluta e incomprensible de esos mismos partidos a favor del gobierno autonómico catalán en el ejercicio de todas las competencias de educación, los medios de comunicación, etc.; la permisividad ante el reiterado incumplimiento por parte del gobierno autonómico de las leyes y las sentencias judiciales en temas como la lengua y la libertad en su uso; la construcción de las principales vías de comunicación de España con el resto de Europa, por carretera o ferroviarias, de las grandes conexiones eléctricas o gasísticas y tantas otras infraestructuras siempre a través de Cataluña o del País Vasco, sin acometer un gran corredor aragonés, al albur de las presiones de los políticos nacionalistas que sabían del poder que así lograban; en definitiva, la permanente abdicación, la más absoluta falta de respuesta del Estado, en su estamento político pero también en el social, ante la iniciativa constante, persistente y eficaz de las élites políticas nacionalistas.


          Sinceramente creo que, a no ser que España en su conjunto y principalmente sus representantes políticos, opte por la aceptación de una derrota en su versión más cobarde, el “choque de trenes” está servido. Mañana los sectores soberanistas que han impulsado la pseudoconsulta, aunque ésta carezca de las mínimas garantías democráticas, se mostrarán en estado de éxtasis ante su éxito; el Presidente del Gobierno seguirá con su tradicional calma chicha, minimizando los efectos de dichos resultados; el secretario general del PSOE continuará con sus apelaciones al federalismo y la reforma de la Constitución, sin querer entender que los independentistas ya no están es eso. A corto plazo no veo solución que no sea traumática para todos, aunque no me atrevo a puntuar en qué grado. A largo plazo, y coincidiendo con la idea de Spengler de que la nación está fundada sobre una idea, creo que hay mucho trabajo por delante, de generaciones, para intentar unir cabos, para que la idea de lo español incluya también a los catalanes, como a los vascos o los valencianos (ojo con las futuras presiones que nos vienen encima con lo de els països catalans). El Estado deberá ser fuerte y los grandes partidos tendrán que estar dispuestos a pactar entre ellos para no permitir más cesiones de soberanía y en la medida que se pueda, recuperar las que se le han hurtado. No son permisibles más acomplejamientos, más miedos, más palabras sin contenido. Hará falta inteligencia y capacidad de diálogo, pero sabiendo a las claras a quien se tiene enfrente y cuáles son sus propósitos.            

domingo, 2 de noviembre de 2014

Libros, historias y referencias

Han caído en mis manos en la últimas semanas varios libros de historia de distinto pelaje pero siempre interesantes. El primero es Reyes Forales Medievales del Reino de Valencia, de José Vicente Gómez Bayarri. Bayarri es Catedrático de Historia y miembro de la Real Academia de Cultura Valenciana. A lo largo de más de trescientas páginas nos detalla las semblanzas personales, los conflictos de política y armas, las principales decisiones de las Cortes Valencianas, las distintas emisiones de monedas, etc., de los reyes que ocuparon tal magistratura desde la creación del Reino por Jaume I, hasta la unión de las Coronas de Aragón y Castilla en las personas de Fernando e Isabel respectivamente. Se trata de un libro descriptivo, cronológico y repleto de datos, bueno para entender el cuando y el como, pero corto en lo que se refiere al porqué. Adecuado para quien desee una primera aproximación a nuestra historia medieval, a partir de la cual profundizar en las razones de los distintos comportamientos.

El segundo es La Corona de Aragón. Manipulación, mito e historia, obra del también Catedrático y prolífico escritor José Luis Corral, tiene además la virtud de ofrecer una óptica “aragonesa” del periodo histórico que trata: Corral nació en la zaragozana Daroca e imparte clases en su Universidad. Como el autor afirma en la primera línea de la Introducción, se trata de un libro de Historia y por ello no obvia ni fechas ni hechos, pero incide de manera acertada en la amplia mitología y exageradas tergiversaciones se han escrito sobre la Corona de Aragón, principalmente desde los antiguos Condados Catalanes, en su ansia por justificar opciones que no son más que políticas. Un simple repaso al índice y sus anexos nos deja claras las intenciones de la obra: “La falsificación de la historia de la Corona de Aragón”, “¿Qué fue la Corona de Aragón?”, “Las intitulaciones de los reyes de Aragón y soberanos de la Corona de Aragón”, etc., exponiendo con meridiana claridad que la misma “No constituye ninguna “federación”, ni “confederación” de Estados”, y que “Los Estados que integran la Corona de Aragón mantienen sus propias leyes (Fueros de Aragón, Usatges en Cataluña o Furs en Valencia) y sus instituciones, pero bajo un mismo soberano”; una Corona en fin, que “se sostiene en sus soberanos y en la continuidad de su linaje”, y que desaparecerá precisamente cuando con la muerte sin descendencia de Carlos II el Hechizado, se acabe dicho linaje y la Corona de Aragón junto al resto de Coronas hispánicas, entre en una cruenta y larga guerra civil de la que a fin saldrá victorioso el Borbón Felipe V, precisamente el mismo al que Carlos II había nombrado heredero en su testamento de 3 de octubre de 1700. Un libro altamente recomendable y más ahora, con la cantidad de historietas que algunos nos cuentan.   

El tercero de los libros es Historia de la nación y del nacionalismo español, obra magna de más de mil quinientas páginas, dirigida por Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi Aizpurúa y Andrés de Blas Guerrero, y en la que participan un total de cuarenta y ocho autores, especialistas en las distintas áreas que se estudian. Se trata de una obra de lectura y relecturas permanentes porque va a ser muy difícil a partir de su aparición hablar de los orígenes mitológicos de España, de su extensa Edad Media o las Crónicas medievales, de la “ideología” de la época imperial, o la del romanticismo, o de las distintas corrientes culturales por poner unos ejemplos, sin acudir a ella ni considerar las referencias que ofrece. Fruto como queda dicho del trabajo de muchos autores, podría parecer en principio contradictoria en sí misma puesto que llega a ofrecer versiones distintas de unos mismos hechos, pero es ahí precisamente donde está su valor, en que lejos de contradecirse se complementa con la riqueza de la discrepancia haciendo buena quizás aquella arriesgada cita de Paul Valéry de que la historia justifica lo que se desea, no enseñando nada porque lo contiene todo y da ejemplo de todo. Libro apropiado para quien se acerque a la historia con ánimo de aprendizaje del que se pase a una reflexión profunda sobre aquello que somos y del porqué lo somos.

El cuarto libro es Historia mínima de España, de Juan Pablo Fusi Aizpurúa. Fusi forma parte de ese grupo de historiadores, junto con Antonio Domínguez, Santos Juliá, Vicens Vives, García de Cortázar, José Carlos Mainer, García Cárcel, Carmen Iglesias, Fontana y algunos otros, que han sabido unir al estudio e investigación de la historia, la difusión popular de la misma, sacándola de las selectas aulas universitarias para hacerla comprensible al lector simplemente interesado. Es posible que sea un atrevimiento por mi parte afirmar esto, pero creo que son quienes mejor han sabido coger el testigo modernizador de nuestra historiografía, iniciado por los grandes hispanistas ingleses y franceses como Joseph Pérez, Hugh Thomas, Elliott, Bonassie, etc., superando las primeras interpretaciones de los Sanchez Albornoz, Pidal, Castro o Madariaga, por poner algunos ejemplos. En esa línea el libro de Fusi es un extraordinario compendio, en trescientas páginas, de la historia de España desde su prehistoria hasta la actual época democrática. Necesariamente debe ser un libro de resúmenes e interpretaciones generales pero precisamente por eso es tan valioso para quien desee tener un mínimo conocimiento histórico de su nación. El texto se estructura en seis grandes bloques temáticos: La formación de Hispania, La España Medieval, La España Imperial, El siglo XVIII español: el fin del Antiguo Régimen, España 1808-1939: la debilidad del estado nacional y De la dictadura a la democracia. Sin menoscabo de que pueda cada cual matizar alguna de esas interpretaciones, es un libro absolutamente recomendable. Si quien esto escribe tuviese alguna influencia en el Ministerio de Educación (y en los diecisiete ministeritos autonómicos), propondría que no acabase ningún estudiante sus estudios de enseñanza media, cualquiera que fuese la rama, sin haber estudiado este libro.