sábado, 29 de octubre de 2016

FALCÓ, de Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte inicia una nueva serie de novelas de la mano de Lorenzo Falco, un espía con pretendidos escasos escrúpulos y nula ideología que trabaja para los servicios de seguridad de Franco, al poco de iniciarse la Guerra Civil Española. Ese es el fondo de escenario del relato, el espacio temporal al que el autor anuncia no querer encadenarse, no pretende, dice, hacer una novela, una más, sobre la Guerra Civil, posiblemente busque una de caracteres fuertes, amorales, enfrentados y contradictorios, supervivientes de un tiempo convulso: “El mundo de Falcó era otro, y allí los bandos estaban perfectamente definidos: de una parte él, y de la otra todos los demás”. El personaje ya había ejercido antes de traficante de armas en medio mundo, protagonista de negocios sucios, asesino si se terciaba,… hasta que su futuro jefe elige entre matarlo o captarlo como espía de la República, opción que su olfato finalmente le aconseja. Reverte incluye una frase con la que define al personaje: al comunicarle su superior el golpe militar del 18 de julio su reacción es automática: “¿Estamos a favor o en contra?, cualquiera de las dos opciones se encontraba en el otro bando.

Con estos mimbres, y algunos más que aparecen por el camino,  comienza un relato de acción, con diálogos cortos y afilados, con poco espacio para una reflexión imposible hasta llegar al final; no hay tiempo para más, solo una carrera de personajes dignos e idealistas que en el terror de la retaguardia se confunden con otros malvados y culpables, sobre todo a partir de la página 130, cuando el relato enfila definitivamente por la difícil senda de hacer verosímil algo tan inverosímil como la liberación de José Antonio Primo de Rivera, preso en la cárcel de Alicante; incluso en algún momento casi llegamos a creer que pueda ser posible: Reverte ha ganado.    

Como ocurría con el capitán Alatriste casi cuatrocientos años antes, hermanos atemporales hijos del mismo vientre, Pérez-Reverte nos quiere presentar un personaje sin alma ni escrúpulos, un hombre frio que simplemente obedece ordenes que ejecuta sin que le tiemble ni una pestaña, un mujeriego bajo cuyo pantalón se esconde un fondo misógino,  pero al final no le sale, al final nos queda el regusto de haber conocido a la dignidad vestida de traje y sobrero, fiel a unos principios personales e intransferibles, tan de uno mismo que no tienen porqué explicarse. Quizás el autor demuestra una vez más que todas las novelas tienen algo de autobiográfica, aunque solo sea de aquello que se pretenda ser.

La novela se cierra bien, con personajes llamados a enfrentarse y a la vez amarse en el ignoto camino que ha de llegar. Ojalá no se convierta nunca Lorenzo Falcó en un personaje políticamente correcto, Arturo Pérez-Reverte perdería su encanto y su libertad.      

martes, 25 de octubre de 2016

La Humanidad y su valla.

               "Lo que nos lleva a las carreras es exactamente lo mismo que nos llevaría a otro lugar: la seguridad de que en el hipódromo habrá una valla que separará a la humanidad en dos categorías: la de los que están dentro y la de los que están fuera; y el presentimiento de que, si estamos con los de dentro, llegaremos a olvidar a los que están fuera; mientras que, si quedamos afuera, nos será muy difícil olvidar a los que están adentro".

Glosas al vivir de París (1906). Eugenio D'Ors

domingo, 16 de octubre de 2016

¿L’Alcoià o l’Alt Vinalopó? Elementos para el debate

Estos días hemos sabido que una asociación privada llamada Institut d’Estudis de les Valls de la Mariola, por lo que se ve de marcado cariz nacionalista, ha presentado ante la Dirección General de Administración Local de la Generalitat Valenciana una solicitud para que Biar, Beneixama, Cañada y Campo de Mirra, cambien su actual comarca de l’Alt Vinalopó por la de l’Alcoià, con vistas a la futura ley de comarcalización ahora en proyecto. Por lo que sabemos la petición contiene un Manifiesto en el que la entidad resume sus argumentos básicos, a saber: una relación especial con los pueblos de l’Alcoià, la lengua habitual como factor determinante, mejores perspectivas económicas y de progreso, y el acuerdo firmado en 1244 en el Tractat d’Almizra por las Coronas de Aragón y Castilla que nos convertía en pueblos de frontera con el futuro Reino de Murcia.   

Vaya por delante el más absoluto convencimiento a cerca de la importancia de las Comarcas, primero por el sentido de pertenencia, arraigo y convivencia que persiguen, pero fundamentalmente por las ventajas funcionales que ofrecen a sus habitantes. Sin ánimo de contradecir las opiniones de esa asociación, las consecuencias que un cambio de adscripción como el propuesto pueden provocar hace imprescindible que haya un cierto debate, hasta ahora inexistente, en el que se tengan en cuenta otras variables además de las expuestas, que nos ayuden a formar una mejor opinión. Ese es el modesto propósito de estas líneas.  

Es cierto que el Tractat d’Almizra fijó en 1244 la frontera sur del nuevo Reino de Valencia en la conocida línea Biar-Xixona-Busot, pero también que con la sentencia de Torrellas de 1304 y el acuerdo de Elx de 1305, parte del Reino de Murcia pasaría a Valencia, Villena y Sax incluidas, hasta que medio siglo después estas dos ciudades vuelvan a Castilla. A partir de ahí toda una serie de acontecimientos históricos han ido modulando la forma en que nos hemos organizado: los quarters para la recaudación del llamado tall de drap, la división en Gobernaciones de la época foral, los sucesivos proyectos tras la abolición de los fueros en 1707, la división provincial inspirada en el pragmatismo liberal de Javier de Burgos de 1833, la incorporación definitiva de Villena y Sax a la provincia de Alicante de 1836, los partidos judiciales y la ordenación de los servicios administrativos a partir de 1900, …. y así un largo etcétera que lo que nos indica es que la organización del territorio siempre ha estado condicionada a las circunstancias del momento, y a esas circunstancias se ha ido adaptando.

Por lo que respecta a la concreta división comarcal, el primer proyecto data del no tan lejano 1933 y se debe a Felip Mateu i Llopis en el cual Biar, Beneixama, Campo de Mirra y Cañada, junto con Villena y casi veinte pueblos más, quedaban incluidos en la comarca de Elche. Tras esta, otras ocho propuestas que sepamos, han intentado armonizar historia, lengua, cultura y pragmatismo en el diseño de sendos mapas comarcales del antiguo Reino de Valencia. Al menos en nuestro caso nunca lo han logrado a gusto de todos, aunque los más criticados quizás sean los que, dando la espalda a las necesidades cotidianas, marcaban la línea atendiendo simplemente a la lengua que hablaba cada población.  

Nadie niega la importancia de la historia, la cultura o la lengua en la formación de las comarcas, pero la pregunta es doble, ¿quién elige el momento histórico al que más nos conviene parecernos en la actualidad?, ¿hay que anteponer acontecimientos lejanos a la calidad de vida de los habitantes actuales? El actual Alt Vinalopó concentra en Villena, lógico siendo la población mayor y cabecera de Comarca, servicios a los que todos acudimos y que nos resultan relativamente cercanos, la población más alejada es Beneixama y está a once kilómetros. En el ámbito sanitario el Centro de Especialidades que se completa con el Hospital de Elda; allí están también los Juzgados; la Administración de Hacienda donde presentamos las declaraciones tributarias; el Instituto Nacional de la Seguridad Social donde solicitamos prestaciones como la jubilación, las incapacidades, auxilios familiares, etc.; allí está también la Oficina Comarcal Agraria donde anualmente acuden decenas de agricultores a tramitar por ejemplo las ayudas del Pago Único. Allí está la Comunidad General de Usuarios que engloba las numerosas Comunidades de Regantes de la zona y con las que compartimos la preocupación de tener un mismo acuífero sobreexplotado; allí está la depuradora de aguas residuales donde vertemos, organizados en Mancomunidad, las poblaciones de Beneixama, Campo de Mirra, Cañada y Villena. Allí están las estaciones de ferrocarril y de AVE, así como la autovía del Mediterráneo, infraestructuras de vital importancia para el desarrollo económico y social de toda la zona y que al final suponen una comunidad de intereses. Allí está el Conservatorio de Música, imprescindible para los alumnos de las poblaciones menores. También la mayoría de las Asociaciones de carácter social como APADIS, el Centro de Día de enfermos de Alzheimer, la Unidad de Conductas Adictivas, la unidad para la aplicación de la Ley de Dependencia, que es un servicio mancomunado, y un largo etcétera, que tienen carácter comarcal y perciben financiación precisamente por atender a los usuarios de la Comarca. Sin menospreciar a nadie ni a nada, ¿de verdad puede alegarse que nuestra relación es mayor con las poblaciones de l’Alcoià que con las de l’Alt Vinalopó?, ¿facilitaría cambiar estos servicios que los tenemos tan cercanos por otros más alejados y además con peores comunicaciones?, ¿somos menos valencianos por el hecho de resolver muchos de nuestros problemas cotidianos en Villena?    
   
Hay quien pretende tranquilizarnos diciendo que el cambio de Comarca sería solo nominal, que no tendría efectos sobre nuestro día a día, que todo seguiría igual pero, si eso es así, ¿para qué sirve una Ley de Comarcalización si al final precisamente las Comarcas quedan vacías de contenido? Hay decisiones que deben pensarse con sosiego porque antes o después tienen consecuencias, y desde luego nunca es conveniente que otros decidan por uno mismo, y menos cuando nadie les ha otorgado mandato alguno.


domingo, 11 de septiembre de 2016

El debate catalán (36)

Hoy es 11 de Septiembre, día en que los nacionalistas catalanes se emborrachan de delirios.
No está mal la entrevista que ayer le hicieron al historiador catalán Gabriel Tortella, una isla de lucidez en un mar lleno de estupidez.

Entrevista al historiador de la economía Gabriel Tortella

domingo, 4 de septiembre de 2016

Vicent, rápida impresión

     Manuel Vicent escribe fácil y rápido, con esas frases redondas con que uno presume de sabiduría en la barra del bar con los amigos. Si le salen improvisadas es un genio de la dialéctica, si las elabora cuidadosamente antes de ponerlas negro sobre blanco, es un genio de los recursos, Se le entiende bien lo que dice, y lo que dice lo hace desde la trinchera, con la dureza del converso, del colegio de monjas a la trinchera progre de El País. 

     Domina la Transición con la naturalidad de quien pasaba por allí, casi como un observador al que nadie ve pero que penetra tanto en la lo que fue que hasta puede permitirse el lujo de inventársela, en un juego divertido entre la real y lo ficticio.

     De Aguirre, el magnífico y El azar de la mujer rubia, dos frase de ésta última para guardarlas en el cajón de las citas redondas, esas que nunca se sabe si son ciertas o no, pero que suenan impecables: 

          "La cultura consiste en ese poso que queda después de leer dos mil libros y haberlos olvidado"

          "Con la papilla se transmite el meollo de la fe. A tan tierna edad, lo que uno oye mientras come llega al estómago en forma de ideología".

miércoles, 31 de agosto de 2016

CINCO ESQUINAS, de Mario Vargas Llosa

Hay autores a los que parece obligado seguir siempre, en primer lugar porque a ciertas alturas de la vida tienen más que acreditada la excelente calidad de su narrativa y siempre es un gozo leerla, y también porque es una forma de saber por dónde van los tiros de eso que llaman la gran literatura. Sin duda Vargas Llosa es uno de ellos, a todas luces el escritor vivo en lengua española más influyente a nivel mundial en la actualidad. Pero que los lectores nos auto impongamos esa obligación no quiere decir que aquello que sale de sus manos y llega a las nuestras tenga que ser invariablemente bendecido con la gracia de nuestro alago. Vayamos al caso.   

El argumento de fondo de Cinco esquinas, porque una cosa es la forma, el modo narrativo, pero tan importante o más lo es el fondo, aquello que se está narrando, es interesante: durante la dictadura de Fujimori y su compinche Vladimiro Montesinos en Perú, los resortes del poder que ellos dirigían se aprovecharon de la llamada prensa amarilla, hoy más conocida como prensa del corazón, para difundir infamias y calumnias sobre sus opositores políticos con el único propósito de destrozarlos, de desactivarlos políticamente ante la opinión pública. El argumento es sumamente interesante y merecía la pena que de él quedase constancia literaria, y quien sino debía hacerlo que el peruano Vargas Llosa. Pero al leer la novela lo primero que nos llama la sensación es que se queda corta, que el argumento hubiese podido dar más de sí, que hay suficiente sustancia en el caldo para rellenar trescientas o cuatrocientas páginas desarrollando un tema sin duda sugestivo, por momentos con matices periodísticos, políticos, sociales, históricos e incluso de triler policiaco, pero para ello la novela tendría que haberse trabajado más, dotarla de más historias, quizás más personajes, en una palabra, no dar el aspecto de improvisación que tiene.

A falta de esa profundización en los contenidos, de una mayor densidad en la trabazón del argumento, Vargas Llosa ha utilizado un recurso que parece tan fácil como fuera de lugar, que no viene a cuento del tema principal que se está tratando, que más parece un añadido simplemente por llegar a un mínimo de páginas obligatorio que una historia consustancial a aquello que se relata, y es la sexualidad, con un final que nos atrevemos de calificar de absurdo, de juego de niños, y que como desenlace desmejora absolutamente la tensión lograda con la historia del chantaje que se relata. Con todos los respetos del mundo, si Vargas Llosa quiere en algún momento escribir una novela sobre sexo por supuesto que le sobran cualidades para ello, pero no de forma que aparezca como un pastiche sin sentido.     

Soy, lo confieso, un admirador de Vargas Llosa no solamente en lo literario, sino también en muchos de sus posicionamientos políticos y sociales, pero creo que si por cualquier circunstancia uno no puede al menos intentar escribir un buen libro, debe de contenerse. Cinco esquinas es una novela perfectamente prescindible en su bibliografía, de la que hablamos porque la ha escrito quien la ha escrito, porque de lo contrario quizás no hubiese pasado ni el primer filtro en la editorial.   

Dan ganas de sumergirse con todas las prisas del mundo en la relectura de La ciudad y los perros o Conversación en La Catedral, por respeto al autor y a su obra.  

domingo, 28 de agosto de 2016

VIDA Y DESTINO, de Vasili Grossman

     Definitivamente hemos de convenir que hay libros reverenciales, libros que aún cerrados y convenientemente ordenados en sus anaqueles, irradian un algo especial que nos obligan a mirarlos con respeto y admiración, dignos casi de una discreta inclinación de cabeza. Sin duda Vida y destino cumple todas las condiciones para que pueda adjetivarse como reverencial.

      Vasili Grossman (Berdíchev, 1905 – Moscú, 1964) escribió ésta novela sobre la II Guerra Mundial en 1960 sufriendo inmediatamente la censura del régimen soviético y, pese a su prestigio como escritor y periodista en los medios intelectuales de la URSS, ganándose el  ostracismo que le acompañaría hasta su muerte cuatro años más tarde.  Afortunadamente y a partir de un manuscrito encontrado milagrosamente, una copia microfilmada pudo travesar el sólido telón de acero y publicarse en la década de los ochenta. Los avatares de la novela hasta su llegada al gran público dignifican más si cabe a la obra.

      Vida y destino tiene como fondo de escenario la batalla de Stalingrado, focalizando especialmente los días, a principios de 1943, previos y posteriores al quebramiento del bloqueo al que las tropas alemanas tenían sometida la ciudad, pero no por ello es una novela de guerra en sentido estricto del término, no es una novela que se detenga en los detalles de las operaciones llevadas a cabo por los dos grandes ejércitos en conflicto, es una novela de sentimientos, de pasiones y de sufrimientos personales de quienes son actores de la tragedia pero humanizados hasta el más recóndito de los extremos, es una novela de la vida de cada persona más allá del destino en que se ve imbuido. Antes de marcharse para siempre la anciana Aleksandra Vladímirovna decide visitar las ruinas de lo que fue su casa en Stalingrado, “Y ahí estaba, una mujer vieja ahora; vive esperando el bien, cree, teme el mal, llena de angustia por los que viven y también por los que están muertos; ahí está, mirando las ruinas de su casa, admirando el cielo de primavera sin saber lo que está admirando, preguntándose por qué el futuro de los que ama es tan oscuro y sus vidas están tan llenas de errores, sin darse cuenta de que precisamente esa confusión, esa niebla y ese dolor aportan la respuesta, la claridad, la esperanza, sin darse cuenta de que en lo más profundo de su alma ya conoce el significado de la vida que le ha tocado vivir, a ella y a los suyos. Y aunque ninguno de ellos pueda decir qué les espera, aunque sepan que en una época tan terrible el ser humano no es forjador de su propia felicidad y que sólo el destino tiene el poder de indultar y castigar, de ensalzar en la gloria o hundir en la miseria, de convertir a un hombre en polvo de un campo penitenciario, sin embargo ni el destino ni la historia ni la ira del Estado ni la gloria o la infamia de la batalla tienen poder para transformar a los que llevan por nombre seres humanos. Fuera lo que fuere lo que les deparará el futuro –la fama por su trabajo o la soledad, la miseria o la desesperación, la muerte y la ejecución-, ellos vivirán como seres humanos y morirán como seres humanos, y lo mismo para aquellos que ya han muerto; y solo en eso consiste la victoria amarga y eterna del hombre sobre las fuerzas grandiosas e inhumanas que hubo y habrá en el mundo”.    

     La grandeza de la novela está precisamente ahí, en remarcar la condición de la vida humana más allá de los infortunios que tan a menudo el destino tiene reservado para cada cual, y lo hace en varios ambientes, de manera coral: en un Instituto Científico soviético con una muestra de la fuerza que la adulación y la traición tienen en un régimen dictatorial, donde la red de delaciones invisible incluye a compañeros y amigos, y donde mediocridad y mezquindad van unidos indiferentes a la clase social a la que cada cual pertenece. Lo hace con la sencillez aterradora con que se relata la llegada de un tren cargado de judíos, muchos sin conciencia de serlo solo unos meses antes, a un campo de exterminio nazi desde un gueto improvisado en un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera, bajo la mirada amenazadora o indiferente de quienes habían sido sus vecinos de toda la vida, bajo la luz negra del miedo paralizador, “Y sin avergonzarse ya de aquel sentimiento maternal que había nacido en ella, Sofia Ósipovna, una mujer soltera, cogió entre sus grandes manos de trabajadora la cara delgada de David. Era como si hubiera tomado entre sus manos sus ojos cálidos, y los besó. –Sí, si niño –dijo-. Hemos llegado a los baños.”, y todo ante un Jefe de Campo normal, con una familia normal, conducido por el destino al crimen, aún quizás sin quererlo.

     Si, la novela va de guerra, pero para resaltar las miserias que esa guerra causa en las relaciones humanas entre amigos y vecinos de siempre; va de guerra, pero para estremecer con la sordidez de la rutina en los enterramientos de un hospital; va de guerra, pero para apuntar al desencanto hacia la revolución comunista expresados por un viejo bolchevique de primera hora a un discípulo que no quiere oírlo, que no quiere creerlo, los dos encerrados en un campo de trabajo ruso, purificando por decisión imperativa del poder ese sentimiento revolucionario; va de guerra pero para poner de manifiesto los miles y miles de muertos de la retaguardia, a manos de sus respectivos visionarios llamados Hitler o Stalin, dependiendo de la cara de la moneda que se mire.   

     Harían falta muchas páginas para intentar un pequeño resumen de Vida y destino, pero aún así no habría manera de transmitir la melancolía, el dramatismo, también el amor y hasta la ilusión que debajo de la agonía de los hambrientos, de los heridos, de los presos, e incluso de los muertos, es capaz de sobrevivir. “Con una fuerza brutal que le sacudió el alma, percibió toda su vida: sus hijas, su desdichado hijo, su nieto Seriozha, las pérdidas irreparables y su cabeza gris, sin un techo. Una mujer débil, enferma, con el abrigo raído y los zapatos destaconados miraba las ruinas de su casa. ¿Qué le deparaba el futuro? A sus setenta años, era una incógnita. “Queda vida por delante”, pensó Aleksandra Vladímirovna. ¿Qué sería de aquellos a quienes amaba? No lo sabía. Un cielo primaveral la miraba a través de las ventanas vacías de su casa.”      
     Vida y destino no es una novela fácil, sus mil cien páginas y la multitud de personajes con nombres rusos o alemanes hacen imprescindible cierto sosiego en su lectura, el lápiz y las notas a pie de página. Pero es un esfuerzo que vale la pena porque tras Vida y destino algo parece como que te ha cambiado. 

sábado, 27 de agosto de 2016

EMOCIÓNS

          A falta que alguna universitat nord-americàna de nom impronunciable, publique el definitiu estudi que justifique la capacitat emotiva d'alguna especie animal, lo que no tindria res de sorprenent a la vista del comportament irracional de tants humanoides, pareix prou consensuat que una de les característiques que diferencien als humans de la resta de les especies animals, es la capacitat d'emocionar-se.

          I emocionar-se, sentir-se sumit en un estat d'ànim capaç no sols d'alterar la nostra psique sinó també, i sobre tot, els nostres biorrítmes de la manera més incontrolable. Ens pot passar de manera solitària, potser la mes freqüent, a l'escoltar per exemple la Novena de Beetowen en versió coral, o sumint-se en un tràgic ambient davant del Guernica, o al deixar-se llevar, per exemple, pel gregorià cantat pels monges de Samos un vesprada de pluja i vent. Però tembé podem sentir-se emocionats de manera col·lectiva, amb un grup amorf on no s'escolte ninguna veu individual, amb amics o desconeguts, sempre que ens encontrem en el moment i en el lloc adequat. Aquesta segon manera te una peculiaritat especial, i es la d'establir en tot eixe grup una especie de boirina que els vincula, un lligam que ens fusiona en l'heterogeneïtat.

          Crec que es el que va passar a Beneixama entre el catorze i el quinze d'aquest més d'agost, en la romeria de la Divina Aurora al Salze, i el seu retorn a l'ermita. El motiu, ja el sabem tots, era el trasllat de la nova Imatge estrenada a l'any 1940, i que substituïa a l'anterior, destrossada per l'anticlericalisme mes absurd durant la Guerra Civil. No cal detenir-se en els detalls històrics perquè a la fí no erem mes que l'excusa per aconseguir, com crec que va ser, eixe moment d'emoció col·lectiva que hem tingut la sort de viure al nostre poble.

        I estic parlant d'emocións, no de creençes religioses, perquè segur que gran part dels que estaven presents els animava la creença devota amb la Mare de Deu i amb tot el que això suposa, però amb ells n'haurien altres amb menys certeses doctrinals, que eu farien pel que la pròpia figura de la Mare de Deu, al cap i a la fi una escultura de fusta, hi ha suposat al llarg de la vida no sols per a ells sinó també als seus avantpassats, o inclús per altres motius més trivials i fútils que cadascú sabrà.  

       Però al final el que veiem es la tremenda capacitat que te'l fet religiós, repetisc, independent de les creençes de cadascú, per aconseguir emocionar, i a més fer-ho de manera oberta, col·lectiva, social.

       En uns moments en què tots busquem maneres de relaxar-nos, de “encontrar-nos a nosaltres mateixos” a través de costoses sessións se psicoteràpia, de buscar en llunyanes religions orientals camins de meditació, no ens domen conter del que ens es propi a la nostra cultura, del que tenim tan prop com girar el cantó, per aconseguir eixa elevació moral, eixa espiritualitat, religiosa o no, que ens emociona i per eixe camí, ens fa gent mes racional, mes sensible, i a bon segur, mes conscients del que som.

          Es cert que davant qualsevol manifestació religiosa estan aquells que la miren per damunt del muscle, amb eixa supèrbia suposadament intel·lectual però que la majoria de vegades es d'un infantilisme de rialla, per la que es creuen superiors a la resta que consideren inculta, però bo, això es tan inevitable com la sal en l'arròs, però també tan prescindible com l'all en la taula. 

domingo, 7 de agosto de 2016

Un tranvía pintado de azulete

Las librerías de viejo, o las que ofrecen libros nuevos pero con la condición de presentar el suficiente desorden en sus anaqueles, siempre encierran cierto halo de misterio y esperanza por el hallazgo de un tesoro escondido. Seguro que muchos compartimos el placer de las horas muertas en busca de hojas indefinidas, hojas que durante años habrán estado pacientemente esperando bajo el polvo y la indiferencia a que las recatemos para la nueva vida y los ojos nuevos. Sin duda unas de esas librerías son las cuatro de Paris-Valencia que con la paciencia del hombre sabio nos esperan en algunos de los lugares más sugerentes del Cap i Casal. El ritual siempre es el mismo: no buscar nada en concreto, y como equipaje cuatro duros en el bolsillo y un poco de tiempo para gozar, todo un lujo al alcance de cualquiera.   

Hace unos días, entré en la de la Gran Vía y apuré la hora de cierre eligiendo media docena de libros de bolsillo para las tardes de lo que queda de verano. Allí estaba Manuel Vicent y su Tranvía a la Malvarrosa. No había leído nada de él que no fueran algunas de sus columnas en El País, y no sé porqué cada vez que lo escuchaba me había dejado una mala impresión de prepotencia intelectual que se me hacía antipática. Después de tener entre las manos cuatro o cinco libros suyos la prudencia me llevó a coger solo el más conocido, a modo de prueba y tanteo.

Tranvía a la Malvarrosa es un libro de tránsito, parece que autobiográfico, de la niñez a la juventud del autor, un relato iniciático, un camino de perfección en cuyas cunetas van quedando las ideas impuestas, los proyectos que otros tienen sobre la vida de uno mismo al tiempo del rompimiento de la crisálida, de los pasos inciertos y azarosos de los primeros andares desde el resbaladizo barro de la adolescencia hasta las baldosas firmes, o no, que pisaremos durante el resto de nuestros días. Un camino a través de los sentidos abiertos de par en par al nuevo aire que llega desde los naranjos en flor de la huerta, para unirse al fino olor del incienso del Patriarca o al hedor de las alcantarillas del barrio de chino; un camino en fin, que desemboca en un nuevo mundo de los sentidos, de los nuevos credos: la exuberante primavera de los veinte años, aromatizada con el olor a brea sobre las arenas del Mediterráneo.

Vicent escribe sencillo, con la mentalidad del adolescente por momentos inseguro y siempre enamorado de una niña de sus ojos entre real e imaginada, como la que todos hemos llevado dentro de nuestra mochila de adolescentes, solo que aquella subida sobre el pescante de un tranvía en dirección al balneario color azulete de la Marvarrosa. Vicent nos enseña a sus compañeros de viaje, entrañables todos, hasta la descuartizadora Pilar Prades: la fugitiva Marisa, al fiscal Chamorro, a la China y a la Catalina, putas y amigas, el padre España y sobre todo Vicentico el Bola, especialista en tugurios y preceptor del primer desfloramiento de la castidad y la candidez.

La música la ponen desde el gramófono Machín o Pedro Vargas, o desde lo alto del escenario Angelita Corbí, Pedrito Rico, Rafael el Titi o Rosita Amores. A quienes tuvimos la extraordinaria suerte de pasear, aunque fuese unos años después, por Ruzafa o por el Cabanyal, tomarnos un vino con gaseosa en la Marcelina o un café en Barrachina, nos suena todo tan lejos, y a la vez tan cerca….

Háganme caso, no dejen pasar el verano sin haber leído Tranvía a la Malvarrosa

domingo, 12 de junio de 2016

NOTICIA DE CATALUÑA, de Jaume Vicens Vives

Jaume Vicens Vives fue sin duda uno de los más influyentes historiadores de toda una generación, la que va desde mediados de los años treinta del pasado siglo, hasta 1960, año de su temprana muerte. Durante este tiempo protagonizará, en abierta discusión con Rovira i Virgili y Ferran Soldevila, una línea revisionista de la historiografía romántica catalana que intentará replantearse la dialéctica Cataluña-Estado desde el punto de vista de lo que fue, en abierto antagonismo a lo que pudo haber sido, tan profusamente argumentado desde aquella parte del Ebro en lo que respecta fundamentalmente al periodo que comienza con el fin de la Guerra de Sucesión y la entronización de la dinastía borbónica. Represaliado primero por el franquismo, conseguirá pronto, en la misma década de los cuarenta, cátedra primero en Zaragoza y después en Barcelona, y desde luego tras su muerte no se librará de una crítica feroz por parte de sectores nacionalistas (él también lo fue, moderado), que como suele ocurrir en tantos casos, confundieron la critica a su obra con la de su persona; sin ir más lejos Fuster llegará a llamarle “españolista provinciano” o “vocero del regionalismo burgués”, todo un ejemplo de razonamiento académico. 

Es en este contexto en el que escribe Noticia de Cataluña, publicada en 1954, y desde luego, si no fuera por el resto de su obra, nadie diría que Vicens no es un abierto propagandista de las más paradigmáticas virtudes catalanas cuya exposición responde a lo que él mismo llama “eterna llamada de su sangre”, porque el ensayo, que desde nuestro personal punto de vista no pretende ser tanto histórico como sociológico, no es sino una exposición metafísica del esencialismo catalán, como por otros tantos autores lo ha sido del castellano o del español en su conjunto.   

El libro contiene valiosísimas reflexiones sobre el pasado, pero fundamentalmente sobre la personalidad, la manera de ser de los catalanes a lo largo de la historia y su relación con el resto de los habitantes de la península, pero también es ahí donde se encierran algunos de sus más clamorosos defectos, como la elevación, en palabras de Ricardo García Cárcel, a la categoría de “arquetipos antropológicos” por ejemplo del seny y la rauxa, del sentido común frente a la violenta pasión irreflexiva, cuyo origen estaría en la menestralía temprano medieval, desde la que invariablemente habrían guiado por pasos del pueblo catalán más allá de las peculiaridades de cada época.   

Vives enfatiza por ejemplo el hecho de la importancia originaria en la Marca Hispánica en el carácter “comerciante” sin atender que esa misma peculiaridad pueden tenerla valencianos o andaluces por la influencia fenicia, o del arraigo de la masía y la tierra de los catalanes que formaría una “subestructura social” que llega hasta nuestros días, como si lo mismo no fuese característico de cualquier otra parte de la península. Éste carácter particularista, étnico, que concede desde nuestro punto de vista una excesiva importancia por ejemplo a la burguesía catalana en su empeño, siempre por lo visto frustrado, de modernizar España, o al consabido componente pactista catalán, sin caer en la cuenta de que en muchas ocasiones lejos de una virtud puede tratarse de un defecto, por cuanto significa que nada se hace por la colectividad común hispánica, si no es a cambio de algo, es lo que desde nuestro punto de vista convierte el ensayo en un estudio laudatorio excesivamente particularista (“Tan pronto como nos ponemos a trabajar de firme, desbordamos las posibilidades mentales de los castellanos…”), diferenciador pero no comparativo (¿no hay pactismo en las Cortes de Aragón o Valencia, o de la propia Castilla, cada vez que el monarca de turno reclama fondos para una guerra a cambio de nuevos privilegios, nuevos “fueros” a favor de una determinada clase social?), y no solamente con respecto a las virtudes, sino también a los defectos que enumera, como el individualismo o la propia rauxa, tan característicos en cualquier otro sitio.   

Pero al lado de esto, también reconoce Vicens el daño de la historiografía romántica en cuanto ha sido base de posicionamientos posteriores meramente políticos, o la apropiación que se ha hecho por una parte, de la totalidad de la obra de la Corona de Aragón, o la falta de entendimiento de lo que suponía el nuevo mundo surgido del Renacimiento.

Sea cual fuere la reacción que en cada cual provoque la lectura del ensayo, creemos esencial su estudio, y no solamente porque nos hable de lo que fue y del porqué fue de una manera determinada, sino porque nos muestra una perspectiva muy común al abordar la relación siempre complicada entre Cataluña y el resto de España, y no podemos entender muchas cosas sin atender primero a esa visión particular del problema. 

domingo, 29 de mayo de 2016

El "problema" de España XV

          En este apartado estamos asomándonos a la reflexión intelectual que en distintas épocas se ha hecho sobre los males de nuestra patria, por ello consideramos apropiado incluir el razonamiento de un historiador como Jaume Vicens Vives, a cerca de la relación que Cataluña ha tenido con el resto de España, comentario que aunque hecho hace varias décadas, no deja de tener actualidad, habida cuenta del conflicto territorial que en estos momentos nos conmueve.

          Se refiere a la importancia que desde el siglo XII tuvo en las ciudades catalanas más vinculadas al comercio el nuevo tipo de gobernantes que el autor denomina “prohombres” o “ciudadanos honrados”, y como un anacronismo histórico ha tenido tanta pervivencia merced a las reformulaciones históricas del romanticismo. Lo saco de su ensayo Noticia de Cataluña, del que próximamente hablaremos.

           "…Había que defender el reducto por el reducto, en un juego que calificaríamos de ingenuo si no hubiéramos despilfarrado tantos entusiasmos, tanto dinero y tanta sangre.

          El complejo de inferioridad ante la nobleza se tradujo, en cuanto menguó la influencia de la oligarquía feudal, en un sentimiento análogo respecto a la monarquía. Éste es un punto importante, sobre el que voy a extenderme largamente en todo un capítulo. Digamos desde ahora que los prohombres catalanes, como otras minorías del patriciado urbano, no comprendieron el Estado del Renacimiento, y que incluso bajo reyes catalanes propios los ciudadanos honrados habrían considerado la monarquía cesarista como un arte diabólico que debía combatirse. Y ello porque toda su concepción política descansaba en un mecanismo defensivo que, si lograba detener los impulsos de la realeza, no ofrecía otra salida que la de ir enredando la madeja de leyes, privilegios y constituciones, en la que poco a poco se ahogaban el sentido de las proporciones políticas, la sutileza diplomática y la destreza para maniobrar en el momento oportuno sin cambiar revolucionariamente la suerte del país. Para desgracia pública, los historiadores y juristas románticos alabaron este aspecto negativo del comportamiento político de la burguesía catalana medieval, y acostumbraron a las generaciones presentes a pensar como las del siglo XIII. Hay que decir que hemos pagado a alto precio este anacronismo político, orientado por una lado a menospreciar el Estado y por el otro a atizarlo continuamente con nuestras críticas, sin intentar una labor de profunda infiltración en sus puestos de mando”.    

domingo, 22 de mayo de 2016

Opiniones

          "La democratización absoluta del pensamiento, el arte, la riqueza y la política en una utopía, como ha demostrado, de forma manifiesta, el ejemplo de la Unión Soviética.

          Una minoría creadora se adscribe, necesariamente, a una clase social determinada, que comparte, debido a las tendencias económicas e intelectuales de sus miembros, su impulso renovador y su éxtasis profético, y a la vez le ofrece los medios de acción para concretarlos en el terreno de la realidad."

Noticia de Cataluña (1954). Jaume Vicens Vives

domingo, 1 de mayo de 2016

Comentarios sobre la economía valenciana, hoy.

El último número de Papeles de Economía Española, editado por Funcas (una de las pocas cosas buenas que quedan del casi extinto entramado empresarial conformado por las Cajas de Ahorros), tiene el voluntarista título de “Las Comunidades Autónomas dispuestas a crecer”. En él se hace un repaso siquiera somero, de las principales características y circunstancias económicas en que se encuentran las distintas autonomías de nuestro país, después de atravesar la durísima crisis económica que aún colea. El referido a la Comunidad Valenciana lo firman los profesores Salvador Gil Pareja, Rafael Llorca Vivero y Andrés J. Picazo Tadeo. Vale la pena detenernos en sus reflexiones.

Históricamente Valencia, las tres provincias que forman la Comunidad, se ha caracterizado por tener un nivel de vida superior a la media nacional, situación que tiende a converger en la década de los sesenta del pasado siglo, pero que desde entonces ha seguido un camino negativo hasta situar la renta per cápita valenciana en 2014, en el 87’9 por cien respecto a dicha media. El estudio se centra en el periodo 2000-2014, y encuentra como causas por una parte el aumento de la población (en una tasa anual del 1’3%, pero que hasta el 2007 fue del 2’4%) y en una caída del dinamismo económico. Por su parte el PIB regional en términos reales fue para el mismo periodo del 1’1% de media anual, con un fuerte incremento hasta el 2007, pero con una caída desde el 2008 superior en seis décimas en Valencia respeto a la media nacional. En cuanto al empleo entre 2000-2007 el crecimiento fue en España del 3’5% anual frente al 3’7% de Valencia, mientras que entre 2008-2014 la tasa nacional fue del -2’7% frente al -3’5% de la valenciana, hecho que curiosamente contribuyó al aumento de la productividad por puesto de trabajo, pero no por méritos ganados sino por una simple disminución del divisor a causa de la pérdida de puestos de trabajo. Ante éstos acontecimientos se ha generado en distintos ámbitos, un lógico debate a cerca de la necesidad o no de introducir modificaciones en el modelo económico valenciano, en el que participan los autores del estudio, y que nos obliga a estar alerta sobre medidas que podrían nacer de la improvisación que suele acompañar al adanismo propio de muchos dirigentes políticos. Es innegable que si el modelo económico es poco productivo, como se deduce en el estudio, las dos primeras medidas que se nos ocurren serían aumentar la cualificación de la mano de obra e impulsar una potente política tecnológica, pero esto solo es posible a largo plazo, y más si tenemos en cuenta la depauperada situación en que se encuentran las arcas públicas, que podrían ayudar en este sentido.  

El estudio utiliza un acertado modelo matemático que, pese a su simplicidad y el uso de pocos parámetros estadísticos, pone adecuadamente en relación la estructura y el crecimiento económicos, comparando los datos de Valencia, Madrid, Cataluña y la media española, y de donde se deduce que solamente en la agricultura y la construcción la productividad valenciana es mayor o parecida a la madrileña o catalana, en tanto que en la industria y los servicios es notoriamente inferior, con el agravante de que nueve de cada diez trabajadores valencianos lo hacen en estos dos últimos sectores. La primera conclusión, importante, del trabajo es que no es tanto un problema del modelo económico, que se considera básicamente aceptable, sino más específicamente de la baja productividad del trabajo.   

En las conclusiones los autores apuntan unas medidas, todas ellas acertadas aunque quizás insuficientes, para revertir la situación, comenzando por una básica que suele aparecer en muchas encuestas elaboradas por los Colegios de Economistas de la región, y es modificar incrementándola, la reducida dimensión media de las empresas valencianas: el 52’7% son autónomos sin trabajadores, mientras que solo un 0’1% tienen entre 200 y 999 asalariados, unos datos que nos distancian sensiblemente de Cataluña y sobre todo de Madrid. Como se pone de manifiesto, a mayor dimensión empresarial más posibilidades de acceso a economías a escala, a mejor financiación, mayor capacidad para la investigación, el desarrollo y la innovación, más estabilidad y mejor formación y cualificación de los empleados, mayor acceso a los mercados internacionales, menor vulnerabilidad ante situaciones de crisis, y tras todo ello, mejora en la productividad del trabajo y en el nivel de vida general de la sociedad. Las facilidades a la concentración de empresas, tanto mercantiles como cooperativas, etc., y la atracción de nuevas inversiones foráneas que promoviesen este fin deberían ser preocupaciones prioritarias de quienes tienen las responsabilidades de gobierno.

Pero también entre las conclusiones figuran el aumento formativo, tanto en las propias empresas como en un sistema educativo atento a las necesidades laborales de las empresas; el impulso de una política tecnológica promovida tanto desde el sector público como desde el privado en estrecha relación; una mejora en las infraestructuras que faciliten la salida de los productos hacia sus mercados naturales (corredor mediterráneo, mejor en la conexión ferroviaria con Teruel y norte de España, etc.), y algo que sí pueden hacer desde los estamentos políticos como es una fuerte simplificación de las medidas regulatorias y en la burocracia administrativa, así como, añadimos nosotros, una legislación clara y estable que de confianza a los inversores eximiéndoles de cualquier atisbo de inseguridad jurídica, completado con una unificación legislativa hasta donde sea posible, en las disposiciones no ya de las distintas autonomías, sino de los propios municipios, cuyas ordenanzas urbanísticas e industriales en ocasiones parecen más propias minúsculos reinos de Taifas que de poblaciones de un mismo país.    

domingo, 10 de abril de 2016

LEY, PATRIA Y LIBERTAD

Hay palabras que tienen entre nosotros mala prensa, sin duda patria es una de ellas. Así, dicha sin más suena a cutre, a soflama color caqui y gorra de plato, a privilegio de casta encerrado en viejo arcón decimonónico, a último refugio de los canallas como dijo Samuel Johnson; pero como suele ocurrir, no es eso, no es eso (siempre Ortega, oportuno y liberal desde lo castizo).

Como no son ideas nuevas, ni tan solo del siglo XIX, interesa el acertado adagio de Cicerón: Pro legibus, pro libertate, pro patria. La patria en íntima relación con la libertad y la ley. Haciendo una sencilla traslación a los momentos actuales, la patria en democracia con libertad individual para que cada cual tome las decisiones que crea más oportunas en cada momento y ante cada asunto, y con un cuerpo legislativo nacido de esa libre voluntad de ciudadanos iguales. A partir de esas premisas, falla la patria, la conciencia ciudadana de pertenencia a una patria, cuando la libertad no se ejerce en el más amplio sentido de la palabra, y cuando las leyes no se cumplen sin que resolutivamente actúe un poder coercitivo democráticamente encargado para ello.

Es cierto que siempre apelamos a la libertad, a la justicia y a la democracia, pero también que a fuerza de citarlas muchas veces acaban convirtiéndose en palabras huecas, en referencias sin contenido real. Y lo peor no es que cada ciudadano entendido individualmente no respete la libertad de su prójimo y las leyes que nos regulan, ahí si suele funcionar la fuerza coercitiva, y si alguien agrede a su vecino física o verbalmente, o si nos saltamos un semáforo en rojo al final alguien nos sanciona o nos condena. Lo peor es cuando son precisamente los representantes del pueblo, quienes ostentan la auctoritas  sin demostrar la capacidad moral suficiente (corrupción y prebendas, maldita plaga), y en el ejercicio de su poder otorgado por la ciudadanía, priva a esos mismos ciudadanos de su libertad, por ejemplo en asuntos tan cotidianos como prohibirle o entorpecerle la elección del colegio para sus hijos, del médico que sane sus males o de la lengua con la que le dé la gana expresarse. Y también cuando estos mismos representantes no cumplen con las leyes que los ciudadanos nos hemos dado según nuestro real saber y entender. ¿Cómo podemos calificar por ejemplo que un dirigente político de una autonomía se pase por el forro la limitación legal del gasto?, ¿Cómo que no cumpla una sentencia del Tribunal Constitucional?, ¿Cómo que trate a unos ciudadanos, que no súbditos, de manera diferente según la afinidad política?, ¿por qué el diferente trato tributario según la región donde se viva, y a partir de ahí, mejores condiciones de vida de unos frente a otros?, ¿por qué la redistribución de los impuestos a partir de territorios y no de personas?

En su Deberes del hombre, decía el italiano Mazzini que “Una patria en una asociación de hombres libres e iguales unidos en el fraternal acuerdo de trabajar por un fin único. Una patria no es una agregación, es una asociación. No hay patria verdadera sin derecho uniforme. No hay patria verdadera donde la uniformidad del derecho es violada por la existencia de castas o privilegios”. Pues eso.    

lunes, 4 de abril de 2016

El "problema" de España XIV

          Larra es, junto a Espronceda y Zorrilla, el máximo representante del romanticismo español. Hijo de padre afrancesado sufrió de niñez el destierro, pero cuando volvió a España lo hizo con plena conciencia de que pese a todo, éste era su sitio. El escritor romántico representa la genuina corriente hiperautocrítica que tanto ha fructificado entre nosotros. Para la Generación del 98, Larra será de los primeros en sentir la “angustia española” que produce el ansia de regeneración no satisfecha. Como pocos, tendrá una idea clara sobre lo que se debe hacer, y sufrirá por los obstáculos, por el peculiar carácter, por los intereses que impiden que la sociedad española se transforme como debiera.   

          Vemos como Larra critica alguno de los vicios perennes del español. Lo hace en muchos de sus artículos publicados en El pobrecito hablador:

          “Los aduladores de los pueblos han sido siempre, como lo aduladores de los grandes, sus más perjudiciales enemigos; ellos les han puesto una venda en los ojos, y para usufructuar su flaqueza les han dicho: lo sois todo.”… “…el deseo de contribuir al bien de nuestra patria nos ha movido a decir verdades amargas”. Todo un antecedente del “amo a España porque no me gusta”, que exclamarán muchos regeneracionistas del siguiente siglo. O también “La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra; ésa en la gran causa oculta: es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”.  

          Pero Larra además, será testigo del nacimiento de una de las peores herencias que el fallido siglo XIX nos dejará, el de las dos Españas; lo dice en su famoso El día de difuntos de 1836. Fígaro en el cementerio:

          “Aquí yace media España: murió de la otra media”. “Aquí el pensamiento reposa, en su vida hizo otra cosa

lunes, 28 de marzo de 2016

Sobre la muerte y la victoria en un revolucionario

              "¿No es eso, sobre todo, lo que quiere?, se preguntó Gisors. No aspira a ninguna gloria, a ninguna felicidad. Capaz de vencer, pero no de vivir de su victoria, ¿qué puede desear sino la muerte? Sin duda, pretende darle el sentido que otros dan a la vida. Morir lo más alto posible. ¿Alma de ambicioso, lo bastante lúcida, lo bastante separada de los hombre o lo bastante enferma para despreciar todos los objetos de su ambición y hasta su ambición misma?"

André Malraux, en La Condición humana

domingo, 27 de marzo de 2016

LA CONDICIÓN HUMANA, de André Malraux

Posiblemente sea cierto aquello de que todas las novelas tienen algo de autobiográfico, de ser así, no es de extrañar que de la apasionante vida de André Malraux (1901-1976), saliese una obra tan vibrante y sugestiva como la Condición humana. En Malraux se unen, quizás como en ningún otro escritor del siglo XX, acción y literatura, trinchera y pensamiento, y ello pese a que otros de sus contemporáneos como Hemingway, Orwell o Dos Passos no le vayan a la zaga, pero lo del francés es punto y aparte: participa en calidad de comisario comunista en la revolución China, como piloto de avión en la Guerra Civil española, lo detienen los nazis en 1939 de los que consigue huir, combate con la resistencia francesa, asume importante protagonismo en las luchas anticolonialistas de Asia, lo detienen en Camboya por expoliar piezas arqueológicas, se lanza a la búsqueda de la capital de la reina de Saba en el desierto de Arabia a bordo de un pequeño monomotor, y así un largo etcétera hasta completar una vida a caballo de gran parte de los acontecimientos que marcaron la pasada centuria. Junto a estas experiencias vitales también en lo intelectual fue protagonista de líneas fronterizas: quizás uno de los primeros escritores de una nueva literatura comprometida, promotor del cubismo o del expresionismo alemán, o copartícipe de una manera u otra de todas las vanguardias de los años veinte y treinta; partiendo de la bohemia y acabando en los burgueses salones desde donde se gobernaba la Quinta República, siempre se sintió satisfecho además, del mundano mundo de oropeles y vanidades que le rodeaba. En lo político, comunista convencido y revolucionario en su primera etapa, cambiará a nacionalista hasta transformarse en el más fiel gaullista, asumiendo el Ministerio de Cultura en gobiernos del General Presidente por quien profesará hasta sus últimos días una adhesión inquebrantable. Apasionado, controvertido, contradictorio, narcisista, brillante, ególatra, misógino,… genial, pocos calificativos pueden ahorrarse para quien hizo del pensamiento y la acción un cuerpo único. 

La Condición humana tiene como trasfondo la revolución de Shangai de 1927, en la que la unión del Partido Comunista Chino y el Kuomintang dirigido por Chiang Kai-chek logran derrocar al régimen militar, el de los Señores de la Guerra nacido de los estertores del Imperio, si bien su argumento y su mensaje, que lo tiene y mucho, se centra en la posterior guerra civil entre los dos aliados que acabará con la masacre de los comunistas por parte del Kuomintang, en su intención de implantar un régimen nacionalista moderado. Los héroes de la novela, Kyo, Chen, Katov son, más allá de personajes de una historia, verdaderos arquetipos del ideal revolucionario, distintos entre sí pero a la vez complementarios: la acción, el programa, la organización, cada cualidad encarnada en un hombre, siempre hombre. El final de todos ellos es la muerte, porque la intención de Malraux es elevarlos al máximo escalafón moral, a la máxima dignificación que los haga genuinos representantes de “la condición humana”. Malraux hace así de la novela un panegírico del comunismo, pero sin caer en la mera propaganda, en el panfleto, bien al contrario, formando un mosaico en el que cada pieza encaja con su antagónica: el heroísmo con el miedo e incluso la traición, la bondad y el afán de justicia con el egoísmo del poder y del dinero, y para que no falte de nada, la filosofía que nace de la bola de opio que consume el viejo Gisors entremezclada con la frivolidad y el oportunismo del barón de Clappique.

Efectivamente Malraux necesita de la muerte de sus héroes porque eso es lo que da fuerza y sentido a la novela, de su trágica entrega a la causa, de la semilla que suponen sus huesos bajo tierra, porque es la mejor forma de que queden claras la utopía y la muerte, los dos puntos de un círculo cerrado que se autoalimenta a lo largo de la obra y que toman forma en dos frases en su final bien esclarecedoras: “Todo hombre es un loco”, pensó, “pero ¿qué es un destino humano, sino una vida de esfuerzo para unir a ese loco con el universo?”,…y, “May, escúcheme: ¡no se necesitan nueve meses; se necesitan sesenta años para hacer un hombre; sesenta años de sacrificio, de voluntad, de… tantas cosas! Y cuando ese hombre está hecho; cuando ya no queda en él nada de la infancia ni de la adolescencia; cuando, verdaderamente, es un hombre, no sirve más que para morir.” En ellas no se habla ni siquiera de una ideología determinada, ni de un acontecimiento concreto, sino de la constatación histórica de la condición en la que los humanos vivimos, intemporal e ilocalizable, de ahí que a la novela pueda otorgársele sin ninguna duda el calificativo de obra clásica.    

miércoles, 10 de febrero de 2016

La triste actualidad

Dos son los temas que llenan periódicos y telediarios de forma mayoritaria durante estas semanas: las negociaciones para la formación del futuro Gobierno de España y los casos de corrupción que afectan fundamentalmente al PP. Poco se puede añadir que no se haya dicho por unos u otros respecto a cualquiera de ellos, poco o nada me motiva en este momento a hablar del primero, pero no me resisto a hacer algunas consideraciones respecto al segundo de los asuntos.

Primero y principal: asco, hastío e indignación, pocas palabras resumen mejor que éstas el estado en que se encuentran, en que nos encontramos, la mayor parte de quienes de una u otra forma estamos, en el pasado o en el presente, relacionados con esa formación política. Es tal la abundancia de casos de corrupción que está saliendo a la luz (afortunadamente la justicia funciona, se la deja funcionar, aunque de forma lenta) que quienes militamos, simpatizamos o votamos al Partido Popular no podemos más que avergonzarnos por la conducta de aquellos que aprovechando unas siglas, y detrás de ello una inmensa carga de ilusión, se han lucrado de forma ilegal en lo que es la más miserable de las actuaciones de cualquier político: hacer de los intereses públicos un irregular negocio privado.

Es cierto que la corrupción no es cosa de un partido, de ser así la solución sería fácil, con ilegalizar a ese partido como pretenden por cierto algunos, se habría acabado. Pero no es el caso, la corrupción en la política depende del poder, cuanto más poder y más duradero sea en manos de las mismas personas, más corrupción por parte de éstos. En Andalucía, donde el poder es mayoritariamente del PSOE, los casos de corrupción son mayoritariamente del PSOE; en Cataluña, donde el poder mayoritariamente ha sido y es de los nacionalistas de la antigua CIU, la corrupción es mayoritariamente de CIU; en Valencia o en Madrid, donde el poder ha estado durante muchos años en manos del PP, los casos de corrupción indefectiblemente son del PP. Los únicos que parecen librarse son los partidos que permanentemente han estado en la oposición (aunque con matices, porque por ejemplo en el Consejo de Administración de Bankia estaban todos, además de los Sindicatos, y todos, prácticamente en igual proporción a su representación, están afectados por casos como el de las tarjetas black), y las formaciones nuevas como Ciudadanos o Podemos, aunque el hecho de que éstos últimos se hayan financiado por regímenes tan poco presentables como los de Venezuela o Irán, y que dicha financiación se haya encubierto en pagos por informes sometidos a una dudosa tributación por poner solo un ejemplo, hace pensar que ya apuntan maneras. La corrupción además, admitámoslo si queremos realmente ir al fondo del asunto, está escandalosamente generalizada en todo el país, quizás porque hasta que una gravísima crisis no nos ha golpeado, socialmente se la tenía como algo asumible y un aceptable mal menor; al fin y al cabo hay corrupción cada vez que defraudamos impuestos, cuando exigimos al albañil, o al fontanero, o al electricista que nos efectúa una pequeña reparación en nuestras casas una factura sin IVA, cuando se trabaja “en negro” o cuando un desempleado compagina la prestación con un trabajo que no cotiza, porque aunque esto parezca pecata minuta, ¿quién podría asegurar que si hemos cometido esas pequeñas triquiñuelas, no habríamos sido capaces de hacerlas mayores si por nuestro cargo, por nuestra responsabilidad, por nuestras atribuciones, se nos hubiese presentado la ocasión?, dicen las estadísticas que la economía sumergida en España el del 20% del PIB, y eso es mucho para que lo provoquen solo unos pocos. Ojalá en algún momento fuésemos capaces de, dejando a un lado las filias y la fobias políticas de cada cual, abordar responsablemente esta auténtica enfermedad silenciosa que carcome la base ética sobre la que está construido nuestro modelo de vida.   

Pero volvamos al caso del Partido Popular, no caigamos en el cinismo tan usual de mirar la paja en el ojo ajeno sin reparar en la viga del propio. El PP representa, junto a buena parte de Ciudadanos, al menos a ese cincuenta por cien de la población que según el criterio clásico pero también cada vez más impreciso, se siente de centro derecha. Estoy convencido de que la mayor parte de ese porcentaje quiere, queremos, un Partido Popular de corte liberal, democrático al uso de las democracias de nuestro entorno, educado en las formas y culto en el fondo, con un profundo sentido de pertenencia a España sin que se tenga que renunciar, en nuestro caso, a un valencianismo activo, exigente y cooperante, en permanente autocrítica, defensor a ultranza de la libertad individual, de la economía de mercado, respetuoso y dialogante con el adversario. Ese es el proyecto, esa ha de ser nuestra propuesta y nuestra contribución a una sociedad más libre, más avanzada, más respetuosa, más solidaria, más democrática en fin, y cualquier obstáculo que se presente debería vencerse, por el bien no ya de la formación, sino de la sociedad en general que precisa para su buen funcionamiento de un “centro derecha”, como también de un “centro izquierda”, estables. Si la corrupción es, como creemos, uno de esos obstáculos, la batalla contra ella debe ser contundente y fulminante, una batalla que exige un cambio de personas y una refundación hacia los mismos principios de siempre, pero limpios de polvo y paja. Suele argumentarse al hablar de la corrupción política que la valoración es distinta en la izquierda y en la derecha, una más permisiva que otra, y como ejemplo se suele presentar el casi nulo impacto electoral que tiene en Andalucía con protagonistas socialistas, al que está teniendo en Valencia. No estoy seguro que sea así, pero de serlo mejor estar en el lado de la autocrítica más exigente, aunque solo sea para poder dormir mejor cada noche.   

Es cierto que esa contundencia a la que apelamos provocará perjuicios personales injustos, pero ahora más que nunca el interés general debe primar sobre el particular, aún provocando inmerecidos quebrantos particulares. ¿A que nos referimos al hablar de esos inmerecidos quebrantos particulares?, el ejemplo más cercano lo hemos vivido en Beneixama; como todos recordamos, hace unos meses y a causa de una denuncia, se produjo una intervención policial en el Ayuntamiento de Beneixama que tuvo una amplia repercusión mediática que nos afectó en nuestra honorabilidad a varias personas. Por lo que sabemos, pasado el tiempo los asuntos investigados (menos uno de momento, que no afecta a ningún miembro del PP), han sido archivados por la Justicia, pero el daño personal ya estaba hecho, ¿se sabe si alguien de los que alegremente criticó o incluso insultó a los afectados, les ha pedido después algún tipo de disculpas?, creo que no, y hablo con conocimiento de causa. Del mismo modo, estoy seguro que muchos de los nombres que en estos momentos aparecen en la prensa relacionados con los distintos casos que se investigan a todos los niveles al final quedará libres de sospecha, pero nadie va a poder evitar que su presencia en órganos de gobierno del partido o de instituciones lesione gravemente el nombre de la formación en particular y de la política en general, por lo tanto, es hora de dar un paso atrás por parte de muchos, y que caras nuevas con nuevas ilusiones pasen a ocupar el protagonismo; gente sobradamente preparada la hay, pero debe de haber voluntad, individual y por parte de la dirección.  

Ignoro finalmente cual será el camino que se seguirá, pero urge tomarlo, en la España de nuestro tiempo hay demasiadas cosas en juego para caer en el desánimo.            

sábado, 16 de enero de 2016

El "problema" de España XIII

      Supone un salto en el tiempo respecto a la entrega anterior, pero creo interesante el final con el que acaba Juan Pablo Fusi su Historia mínima de España, libro sobre el que ya hablamos en su momento y que de nuevo no puedo sino volver a recomendar. Por su claridad evito cualquier comentario, independientemente del acuerdo o no que pueda suscitar. Por otra parte el razonamiento viene bien en estos momentos de incertidumbre y en cualquier caso, es un acicate para conocer mejor nuestra propia historia. Ahí va:

          “La historia futura de esa España refundada democráticamente desde 1975 será, por definición, imprevisible, a menudo inquietante y siempre problemática: en ningún sitio está escrito que la historia sea o racional o justa. España, muchas historias posibles, era –si se recuerda lo escrito al principio- la tesis de este libro. España, en efecto, pudo haber quedado de forma permanente, como Turquía, dentro del mundo islámico, o pudo haber cristalizado, como Italia hasta 1861, en una pluralidad de reinos y estados, tal como se constituyó en los siglos XIII a XV. España se asomó a la historia europea con los Reyes Católicos. Fue un imperio universal y la gran potencia hegemónica en los siglos XVI y XVII. Fue, luego, un estado fallido en el siglo XIX y un país en buena medida trágico (Guerra Civil, dictadura de Franco), en el XX.

          "La historia de España no es –quede claro- ni una historia única ni una historia excepcional. Como la historia de cualquier otro país, la historia de España es, sencillamente, una historia muy interesante, cuyo conocimiento –una obligación política y moral para hablar apropiadamente de España- plantea un amplio repertorio de cuestiones esenciales. La verdad histórica, escribió Ranke, al fin y al cabo el más interesante historiador de los tiempos modernos, es “infinitamente más hermosa y infinitamente más interesante que la ficción novelesca”.    

domingo, 20 de diciembre de 2015

De "La admirable mediocridad de la democracia"

      "La democracia, como la libertad de expresión, es el oxigeno que respiramos: descubrimos su importancia vital el día que nos privan de él. Por tanto, la principal virtud de la democracia es que existe. El mero hecho de que todos los partidos en liza acepten sus reglas y de que sepamos de antemano que los ganadores y los perdedores aceptarán el resultado en vez de empezar una guerra civil ya es, en sí, un gran motivo de alegría, mal apreciado, pero más decisivo aún que los resultados de unos y otros.... La democracia, añadía Popper, no garantiza en absoluto que el pueblo elija al más capacitado para gobernar, pero nos asegura, en principio, que se marchará,... El futuro presidente del Gobierno español será, dentro de cuatro años, su expresidente, lo que es una invitación a la modestia para los vencedores y a la paciencia para los perdedores".

Guy Sorman

sábado, 19 de diciembre de 2015

La suerte de una generación

Javier Cercas camina junto a su hijo Raül entre las tumbas del cementerio del campo de concentración de Flossenbürg, camino de la Appellplatz, el espacio central donde se numeraba a los prisioneros dos veces al día, y donde se les torturaba y tenían lugar las ejecuciones. Habían acudido para comprobar la última de la grandes mentiras de Enric Marco, el falso deportado y el falso prisionero que durante años había dirigido la Amical de Mauthausen, la más importante asociación española de ex-cautivos en los campo de concentración nazis. No puede evitar poner voz a una idea que hace tiempo le ronda por la cabeza:

          "- A veces no me puedo creer la suerte que tengo -proseguí, tras una pausa-. Mi padre y mi madre conocieron una guerra. Y mi abuelo y mi abuela. Y mi bisabuelo y mi bisabuela. Y así sucesivamente. Pero yo no. Siempre se dice que el deporte europeo por excelencia es el fútbol, pero es mentira: el deporte europeo por excelencia es la guerra. Durante mil años, en Europa, no hemos hecho más que matarnos. Y voy y yo soy el primero, la primera generación de europeos que no conoce una guerra. No me lo puedo creer. Hay quien dice que eso ya se acabó, pero yo no me lo creo... Ya ves este sitio, personas como tú y como yo murieron aquí a millares, igual que perros, de la forma más asquerosa y más indigna posible. ¡Que horror!"    

Javier Cercas. El impostor

domingo, 13 de diciembre de 2015

Notas sobre la relación entre Hayek y Keynes

          A cuenta de tres libros de reciente aparición sobre las figuras de Friederich Hayek y John Maynard Keynes, el filósofo Santiago Navajas hace una interesante exposición (Hayek y Keynes. Una relación liberal peligrosa. La Ilustración Liberal), de la relación cordial y afectuosa, pero también de enfrentamiento metodológico, que mantuvieron los dos economistas durante primera mitad del pasado siglo.

          La primera visión, simple, que en general tenemos de ellos es por un lado la del liberal Hayek frente al socialdemócrata Keynes, la derecha “civilizada” contra la izquierda “civilizada”. Pero más allá del estereotipo la verdad es que simplemente estamos ante dos maneras de entender el liberalismo porque ambos lo eran. Como acertadamente señala Navajas, se trata de dos caras de una misma moneda, porque los dos compartían el ideal de la democracia liberal y de la economía de mercado y la competencia, frente a la moda que en aquellos momentos representaban los totalitarismos encarnados tanto en el nazismo como en el comunismo, intelectualmente representados por Heidegger y Sartre respectivamente. Pero junto a estos totalitarismos también tenían como enemigo una idea libertaria del laissez faire, una concepción en que todo estuviese en manos del mercado sin ningún tipo de intervención del Estado.

          La preocupación de Hayek es que un Estado que desease controlar excesivamente la economía tendería por propia inercia a la omnipresencia, a un estatismo regulador de todos los quehaceres de la vida cotidiana de los individuos que al final desembocaría en un sistema totalitario. Keynes por su parte, confiaba en la idiosincrasia británica, y por extensión en la de los países europeos, para que eso no llegase a suceder. Atinadamente advierte Santiago Navajas que ésta diferencia de planteamientos podría tener un origen en la propia procedencia de cada uno de ellos, puesto que mientras el inglés Keynes, podía mantener la confianza en un país que defendió con uñas y dientes el sistema democrático, el austriaco Hayec había contemplado con sus propios ojos, y sufrido puesto que fue víctima de persecuciones, como dos naciones “cultas” como Alemania y Austria habían sucumbido, con un fuerte apoyo popular, a los fanáticos ideales hitlerianos y posteriormente en parte a los comunistas.

          Los dos mantienen el consenso en cuanto a la importancia de la competencia en la economía, y los dos abogan porque el Estado debe marcar las líneas por las que los individuos puedan moverse libremente, de manera que esa competencia, tutelada y protegida por el propio Estado, pueda ejercerse sin ninguna cortapisa. La diferencia es que para el escéptico Hayec, las reglas deben conformar un sistema previo, claro e inmutable, libre de las tentaciones totalizadoras de los gobiernos, mientras que Keynes confía en el sustrato liberal de los pueblos y por extensión en la acción de esos mismos gobiernos, abogando por un liberalismo activo, es decir, aquel que es capaz de responder a los diferentes retos que en cada momento se planteen. Desde éste punto de vista como sostiene Navajas, Keynes entendió mejor que Hayek la política, y el futuro le ha dado la razón puesto que desde entonces, si bien el poder de los estados no ha hecho más que incrementarse, no por ello se ha vuelto a caer, refiriéndonos a nuestro mundo occidental, en tentaciones totalitarias, aunque sí en un especie de democracia en demasiados aspectos banal y frívola, en la que puede perderse el sentido de la responsabilidad individual por la vía de encargar al Estado una función de aseguramiento general.    

          Por otra parte es Hayek quien más concretamente resuelve la eterna dicotomía entre libertad e igualdad, simplemente por la vía de la formulación de ambas por ese mismo orden, preservando el principio de igualdad en cuanto al acceso por cualquier ciudadano a cualquier cargo o responsabilidad, así como a unos servicios asistenciales y educacionales mínimos a los que todos tienen derecho, y a partir de los cuales cada cual optará por las metas que, dentro de los parámetros establecidos, libremente elija.  

          En definitiva Santiago Navajas nos ofrece un acertado resumen de una controversia muy actual, a partir de dos de los grandes economistas del siglo XX. 

sábado, 12 de diciembre de 2015

"Valencia", en Azorín

          La dominación árabe de la península ibérica fue larga y por ello intensa. En el caso de Valencia más de cinco siglos, menos en el norte: la cornisa cantábrica, Navarra, Aragón y Cataluña. Quizás por eso primamos siempre el periodo musulmán y la Reconquista, obviando aspectos de la época romana, excepción hecha del derecho. 

          Azorín nos propone una certera reflexión en torno a ello en el capítulo El cuarto de costura de su obra Valencia. 
 
          "Confidencias de Elena Viu al doctor a lo largo de las visitas. Algunas de las confidencias     que Eladio Taroncher ha revelado al poeta. Habla la condesa.

          -Taroncher, yo soy edetana y no agarena. En la barbarie moderna me siento perdida como el explorador desorientado en los hielos polares. Valencia es romana y no árabe. La Valencia   romana ha atravesado impermeablemente el periodo musulmán. Valencia, la Valencia romana, se esquiva. No es fácil captar el verdadero y profundo carácter valenciano. Casi todos los observadores se van por el lado de la jovialidad ruidosa y frívola. Y no hay tal. Piense usted en ese labriego alicantino, sobrio, silencioso, obstinado en el trabajo, que sólo de tarde en tarde expresa su sentir en unas palabras sentenciosas. Cuando yo veo a uno de esos valencianos, creo estar viendo a un ciudadano de Roma. Hablo de Valencia y hablo con ello de todo el reino. Valencia no se entrega a quien no se propone entrar en íntimo y amoroso contacto con ella. Ni nuestros hombres, ni menos nuestras mujeres, descubren desde el primer momento su fondo. ¿Recuerda usted la semblanza que Vives traza de su madre? Seria, callada, rígida, represa sus sentimientos en el fondo del alma. Sólo les da salida en plena confianza y en momentos de efusión familiar o de amistad sincera. Pues esa, doctor, es Valencia. "


domingo, 22 de noviembre de 2015

Cambio de modelo económico

No sé si alguien digo alguna vez aquello que de cuando se oye a un político hablar de cambiar el modelo económico, hay que echarse la mano a la cartera. No sé si alguien lo dijo, repito, pero en caso contrario permítanme que lo haga yo ahora. Suele ocurrir que cuando se producen cambios en los nuevos representantes patrios, o “autonomatrios”, o “municipatrios”, junto al efecto refrescante que siempre es de agradecer, llegan visionarios cargados de buenas intenciones y grandes ideas hasta ese preciso minuto increíblemente inéditas, y con la fuerza que otorga el convencimiento ideológico, se ven en el adánico papel de cambiar el mundo, tan equivocado hasta que la nueva luz que portan en sus manos alumbra los más oscuros rincones de la irreflexiva realidad que nos atonta.

Créanme que no son imaginaciones mías, lo he oído decir a representantes de las áreas económicas de la nueva Generalitat Valenciana, quizás de la Consellería de Economía “Sostenible”, que dirige un licenciado en filología clásica toda la vida dedicado a profesor o a político, sin más relación con la economía real que se sepa, que la que otorga la condición de consumidor pasivo de sus frutos. O quizás se trataba de alguien relacionado con la Consellería de Hacienda y “Modelo Económico”, comandada desde la digna pero endogámica torre de marfil de la universidad pública. Quede claro mi más absoluto respeto hacia las personas, pero permítanme que al menos me sienta intranquilo ante quienes pretenden dirigir nuestra economía y no se les conoce en su currículum, o al menos en el de sus colaboradores más próximos, un intento de negocio privado, quizás con algún fracaso que hizo peligrar su propio patrimonio personal, quizás con al menos un éxito que les permitió crear media docena de empleos. No sé, debe ser la deformación que provoca el ser autónomo y tener que pelear cada día con una persiana que cuesta cada vez más de levantar.

Suele ocurrir así que alguien reniega del modelo turístico de “sol y playa”, tan vulgar y masificado para sufrimiento de nuestras costas; o del sector “del ladrillo”, obcecado con eso de las burbujas; o de los grandes centros comerciales, encarnación de un capitalismo “sin alma”; o incluso de las presas de agua que las “grandes eléctricas” usan para generar energía y “sangrar” al pobre consumidor desvalido, y que además se han cargado un valle entre montañas donde en primavera florecían los romeros. La solución suele ser subvencionar “nuevos negocios”, quizás artesanos, porque eso ayuda a una buena foto, pequeñas casas rurales que nunca tendrán rentabilidad para mantenerse, y así un sinfín de ideas que por ellas mismas pueden ser interesantes, pero que regadas con el maná del dinero público, ese que “no es de nadie”, al final llenan capítulos y capítulos en los presupuestos de gastos de las administraciones que las ubres de un depauperado sistema fiscal no son capaces de alimentar.

Oiga y digo yo, ¿porqué no dejar a quienes se juegan su parné que elijan el negocio que crean conveniente en función del mercado (maldita palabra para algunos)?, ¿porqué los que mandan no se limitan a facilitar el papeleo, a poner unas normas claras que todos entiendan, a intentar que los impuestos no acaben con la ilusión de quien se aventura en crear una empresa?, claro, es verdad, eso sería confiar en la gente, creer realmente en la libertad individual, pasar a un segundo plano en la foto de las inauguraciones.  

Puestos a pensar aún de forma rápida, alguna tarea les podríamos apuntar en lo que a la economía valenciana se refiere. Por ejemplo, ¿puede reconstruirse de alguna forma el sistema financiero que teníamos, desaparecido por la inoperancia y desvergüenza de algunos políticos del PP? (no me duelen prendas decirlo, al fin y al cabo, en otras autonomías han sido otros). ¿No podrían intentarse apoyar el aumento de tamaño de nuestras industrias, excesivamente pequeñas y por lo tanto vulnerables a los ciclos económicos?, ¿no podríamos aumentar la investigación y abrir nuestras universidades al mundo real, aún a riesgo de que cuatro demagogos griten la estupidez esa de que “no queremos empresarios en la universidad”?, ¿podríamos renunciar a algún que otro pabellón deportivo, o piscina cubierta, o centro cultural sobredimensionado, o incluso a alguna espectacular rotonda, y dedicar ese dinero a buenos polígonos industriales, a eficaces institutos tecnológicos, a una enseñanza profesional de calidad?, por cierto, ¿podrían las mentes pensantes de la Generalitat ponerse de acuerdo de una vez con las leyes urbanísticas y desbloquear los proyecto, modestos, racionales, que hay en marcha?

Bueno, en un par de meses tendremos aquí a los Reyes Magos, no cuesta nada pedirles que éste año cambien las ocurrencias por el sentido común. .    

domingo, 15 de noviembre de 2015

Un comentari sobre la funció de l'historia

          He rellegit, després de molts anys, l'obra bàsica que Joan Reglà dedicà a València, Aproximació a la Història del País Valencià. Independentment de moltes consideracions que podrien fer-se al voltant de les conclusions als que arriba (crec que la seua teoria del dualisme i les contradiccions que resumix l'historia de València son francament qüestionables), m'interessa sols en aquest moment un comentari que Sanchis Guarner fa en el Proleg i que en pareix contradictori amb allò que també diu a continuació. Per una part i amb tota la rao del mon afirma que “Des del Romanticisme a la II Guerra Mundial, la Història ha estat invocada massa sovint com a arma ideològica,…” i que “La ciència històrica fou desfigurada, principalment en els infortunats anys trentes, per la mitologia de la propaganda maniquea amb què els totalitarismes nodrien la mística nacionalista”. Es difícil no estar mes d'acord amb aquetes manifestacions,  després l'evidencia de la quotidiana instrumentalització que el nacionalisme, qualsevol nacionalisme, fa de determinats fets històrics en el seu favor, ignorant els que no l'interessen o interpreten-los de manera enganyosa.

          Però per altra part Guarner afirma que “Un altra lliçó molt important que ens dóna el Prof. Reglà és ensems científica i moral, car es refereix a l'obligatorietat d'adequar la Història a la vida. Els fets humans són sempre relatius, i l'investigador de les ciències socials no pot mai defugir el seu compromís vital…. Cal partir del present per a projectar les nostres preocupacions en el passat”. Sense arribar al radicalisme pel que advoca, per no eixir-se'n del mon intel·lectual valencià, Miquel Adlert Noguerol en el seu “El compromis de Casp, qüestio jurídica”, quan limita la feina de l'historiador simplement a “investigar els fets y donar-los a conéixer, i millor quant major caràcter diplomàtic tinga sa obra, esdevén sols l'historiador “formular els resultats”, si que es deveres que si “les preocupacions en el passat”, es a dir la forma d'interpretar eixe passat, la importància d'uns fets vers altres, depenen de les nostres preocupacions del “present”, es a dir, de la nostra visió social, ideològica, del moment que ens toca viure, podem caure molt fàcilment en una falsificació dels fets històrics tal i com realment van succeir, donat eixe condicionament per “partir del present”.

          Conve tindre les idees ben clares al respecte, tindre clar que creem que es l'historia i quin el seu paper, perquè de lo contrari estarem donant per bones interpretacions “de part”, quant ens plantegem per exemple “que som els valencians” o “quina es la nostra nacionalitat”, com crec que fan determinats assagistes passats i presents de la nostra terra.    

lunes, 12 de octubre de 2015

9 d'octubre de 2015


Un dels grans problemes que tenim a Espanya, i per descomptat a València, es que no aconseguim  posar-nos d'acord en la interpretació de fets claus de la nostra historia, no encontrem unanimitats bàsiques en lo que fou el procés de la Reconquista, o en la transcendència o no del descobriment i la colonització d'Amèrica, o en la Guerra de Sucessiò, o en el naixement de l'Estat nació a partir de la constitució lliberal de 1812, i aixina un llarg etcètera. No deixa de ser curiós que en un país com el nostre, que les humanitats, i dins d'elles l'historia, son tan maltractades al sistema educatiu, siguem cadascú de nosaltres tan puntosos i tan “assabentats” en converses d'eixes en les que al voltan d'una botella de ví s'arregla el mon, fen poc cas de la bona historiografia que tenim al nostre abast, i que de consultar-la mes a menut ens evitaria molts problemes que quan entren en l'àmbit polític sempre s'engrandixen.

La falta de consens històric, com es previsible, es traduïx en falta de consens respecte als nostres símbols, a les nostres institucións, als legítims representants d'eixes institucions…, i això perquè sempre encontrem alguna excusa per no sentir-nos representats per ells; d'ahí a faltar-los al respecte de manera mes o menys sonora, sols n'hia un pas.

Dic açò perquè no m'agrada que es xiule, que s'insulte, que es menyspree públicament els símbols històrics que tenim; tampoc a les persones que en cada moment les representen. No m'agrada que en un camp de futbol es xiule l'himne nacional pel fet que acudisca el Rei, perquè les que eu fan ofenen de manera gratuïta a molta gent, no m'agrada que s'insulte a un president del govern, siga del partit que siga, quan acudix per exemple a un desfile militar, com solia passar-li a Zapatero, i no m'agrada que un dia tan simbòlic com el 9 d'Octubre, al pas de la Reïal Senyera de tots els valencians, s'insulte i es xiule al seu portador, abans del Partit Popular, i enguany a Joan Ribò, alcalde de València per Compromís. Es cert que amb el canvi polític a l'ajuntament del cap i casal, s'han dut a terme sense cap tipus de consens, modificacions que no agraden a una part important de valencians, a mi tampoc m'agraden, ja eu dic, i bé està que l'oposició eu diga, eu argumente políticament quan toque, eu utilitze com a crítica als òrgans de govern municipal i davant dels seus partidaris, però en un acte que es de tots, que tots els valencians de dretes, d'esquerres, monàrquics, republicans, valencianistes, catalanistes, espanyolistes, o qualsevol altra possibilitat que vullguen, i que acudixen a un fet que deuria ser solemne com es la Processo Cívica que cada dia 9 d'Octubre es celebra a València, se senten incòmodes, exclosos de lo que es tant d'ells com de les que xiulen.   

He dit que a mi no m'agraden les canvis introduïts pel nou govern de l'ajuntament; en pareix que el fet de viure a un país laic com es el nostre no te res que vore que es respecte la tradició de presentar la Reïal Senyera davant de l'arquebisbe per cantar un Te Deum; no saber distingir la tradició constituïda per l'innegable component històric de la religió en la conquista de València per part de Jaume I, no reconéixer que un dels primers actes del conqueridor a l'entrar a València fou la consagració cristiana de la mesquita de la ma de l'arquebisbe Pere d'Albalat, i la celebració d'un acte religiós, interpretan al segle XXI tot això com un detall històric i no necessàriament religiós, en pareix un infantilisme i una falta de visió ampla. Personalment, eixe laïcisme visceral que no es capaç siquiera de respectar les fets fonamentals dels activitats festeres o culturals, sempre m'ha paregut una manifestació infantil d'un complexe d'inferioritat ideològica: mols fluixa es una ideologia que no resistix els trenta minuts que pot durar un acte tradicional o festiu dins d'una Catedral. 

Dit açò, ¿no podria l'Ajuntament de València i les organitzacions participants donar-li mes solemnitat a la processó?, ¿tan difícil es organitzar el desfile, establint un millor ordre i vistositat d'eixes organitzacions socials, culturals, econòmiques, etc. de manera que quedaren millor identificades? seria d'agrair per a major disfrut dels assistents i de l'acte en si.

Aquest any molta gent va acudir a la processó, al Te Deum en presencia de la Senyera de Lo Rat Penat, al desfile de moros i cristians de la vesprada. Un dia de festa per a disfrutar, per a sentir-nos orgullosos del nostre passat i obligats amb el nostre futur, mes allà de la polèmica, que dies en hauran al llarg de l'any per discutir.