sábado, 7 de mayo de 2011

ASCO

Sé que el título de este escrito no es propicio para un desarrollo racionalizado de lo que quiero decir. No me importa, ni lo pretendo ni tengo paciencia para ello. El viernes por la mañana, cuando en los primeras imágenes de las noticias veía a los representantes de la nueva formación batasuna celebrar la decisión del Tribunal Constitucional de la noche anterior, autorizándoles a presentarse a las elecciones municipales, mi sentimiento no fue otro que el de asco, de repugnancia, de pensar que una vez más nos habían tomado el pelo a los demócratas y que eso había sido por obra y gracia de la máxima instancia judicial, perdón, quiero decir de la máxima instancia de interpretación y decisión política (el propio portavoz de Bildu así lo reconocía), como es el citado Constitucional.

El cierto que este llamado tribunal no lo componen jueces de carrera, sino meros juristas procedentes de diversos ámbitos pero que no forman parte de la magistratura (la propia Constitución des dedica un Título, el IX, distinto al que trata sobre El Poder Judicial, el VI), es cierto que su elección se produce después que cada partido político proponga su “cuota”, es cierto que los seis “aceptantes” fueron todos curiosamente propuestos por el Psoe, es cierto  que el Gobierno, a través de la abogacía del Estado y la Fiscalía, haya por una parte, y cara a la galería, pretendido que esa formación no estuviese en las elecciones porque tenía pruebas evidentes de que formaba una parte de la estrategia de Eta, pero que a su vez se contradecía con que “sus” representantes en el TC les abriesen la puerta, es cierto que sobre todo esto se están vertiendo chorros de tintas estos días y a poco avezado que uno sea podría escribirse todo un artículo de contenido, pero nada de eso me apetece; cuando he sabido de las celebraciones de los presos de la banda terrorista en las cárceles, cuando he visto las lágrimas de las víctimas, cuando he contemplado y me he solidarizado con la desazón de tanta gente de bien, solamente una palabra me viene a la boca: asco.