domingo, 16 de enero de 2011

Herederos del franquismo

          A vuela pluma

          Escribo el título y me suena a rancio. El franquismo para mí y creo que para una mayoría de españoles es historia y como tal, a unos gustará mas y a otros nada, pero fuera lo que fuera hace muchos años que se terminó. De esta época, como de todas las demás, quedan vestigios, documentos, libros,… material que al final servirá a los historiadores para hacer su trabajo y que después nosotros leeremos y compartiremos o no, pero se tratará simple y llanamente de textos históricos. Lo rancio para mí es añadirle la palabra herederos. Es cierto que lo oímos bastantes veces, sobre todo cuando se acercan las elecciones y hay que agitar un poco los ánimos de ciertos votantes, pero afortunadamente cada vez suena más lejano.

          Yo creo que existe una extrema derecha sociológica en este país, y es posible que una parte importante de ella, a falta de principios ideológicos más modernos, tenga en el recuerdo de aquella época un asidero en el que sustentar sus tertulias. A esa extrema derecha, igual que a los grupos de extrema izquierda, no se les puede cambiar el pensamiento por decreto, porque eso, además de no ser formas, es una solemne tontería. Desde mi punto de vista lo mejor es intentar integrarlos, animarlos a que participen del juego de la democracia. Ignoro el tamaño de esa extrema derecha, pero desde luego prefiero verla a mi lado que organizada en un grupo político que incite a la destrucción del sistema; no se trata de un ejercicio de buenismo, se trata de ser práctico. Con la extrema izquierda ocurre exactamente lo mismo, y me gustaría que en vez de formar o alentar a grupos antisistema o directamente terroristas, como sucede con ETA o en su momento Terra Lliure, asumiese también los principios de libertad, respeto y acatamiento de las normas, aunque después unos y otros intenten cambiarlas con los medios pacíficos que consideren oportunos. Cada vez que veo a estos grupúsculos poner petardos o romper el mobiliario urbano porque ese día se han levantado con el pie cambiado, su “utopía revolucionaria” no me parece más que una despreciable gamberrada molesta y cansina. Palabras mayores son los atentados terroristas, pero eso merecería otros calificativos que en este momento no vienen al caso.

          Hay sectores bastante radicales de la izquierda, afortunadamente una minoría dentro de esa izquierda, a los que les gusta tildar de herederos del franquismo a todos aquellos que no piensan como ellos, que por cierto suelen ser muchísimos; en su paranoia de buscar enemigos, señalar con ese título a la gente liberal de centro derecha parece producirles especial placer. Pero puestos a buscar quienes encajan mejor en ese calificativo, quizás los descubramos en otras partes, por ejemplo en aquellos que entonces, cuando realmente había un régimen al que enfrentarse, estaban tranquilamente en casa y no se les oía ni mu y que ahora, tantos años después y sin ningún riesgo, se han convertido en los más antifranquistas del mundo mundial. O también esos otros, no nos equivoquemos, una minoría, que sí hicieron oposición entonces, pero que pasado el tiempo no consiguen mirar al futuro, y parece que muestren una extraña añoranza hacia unas batallas irremediablemente pasadas, como su propia juventud. Después de treinta y cinco años de la muerte de Franco, estos antifranquistas extemporáneos se han convertido en los auténticos herederos de una época pasada, en hieráticas figuras de sal cuya mirada no consigue apartarse del mundo de los recuerdos.

          Frente a esta patética banda de salva causas, para quienes la transición fue un rotundo fracaso que dio paso a un régimen “pseudodemocrático”, otros muchos de derechas, de izquierdas o simplemente del grupo no sabe/no contesta, hace tiempo que decidieron darse la mano y mirar hacia delante. Si tenían memoria y espíritu crítico reconocieron que ellos, o sus padres, o sus abuelos, habían hecho cosas buenas, pero que también habían cometido errores, pero ellos, que no se sentían héroes pero tampoco querían ser villanos, supieron archivar las viejas rencillas para que el sufrimiento que mutuamente se habían infligido no se prolongase innecesariamente a las nuevas generaciones. Por ello no dejaron de ser conscientes de su duro pasado, que para algunos significó largos periodos de cárcel, para otros el miedo paralizante ante la bomba que estalla en la puerta de su casa, y para los demás el recuerdo de familiares que habían muerto en los frentes o en las cunetas. Nadie les pidió que renunciasen a sus principios ni a sus propias historias personales, pero fueron ellos mismos quienes se auto-impusieron como prioridad la necesidad de convivir en paz.

          De aquel espíritu de la transición nació el periodo de libertad más largo que nuestra nación ha vivido. Pero claro, ese futuro era demasiado feliz para quienes en el fondo no quieren más que romper en mil pedazos esa misma nación y su sistema de valores, para quienes se empeñan en que no hay “democracia popular” si antes no se ha pasado por el trágico periodo de eliminación de clases, para quienes cualquier escusa es buena con tal de excitar de nuevo los ánimos, de dividir a los amigos o de separar a las familias; son aquellos para los que cuando peor mejor, porque a rio revuelto, ganancia de pescadores, porque quizás en esa ganancia logren el eco social que las urnas una y otra vez les han negado. Redacto este escrito y evito nombres, pero seguro que con un pequeño esfuerzo, todos reconoceremos a alguno de estos iluminados a nuestro alrededor.

          Es evidente que con gente así la transición no hubiera sido posible, porque con ellos en puestos de responsabilidad la democracia y la libertad simplemente son una quimera. Ojala algún día nos dejen en paz, o por lo menos los demás seamos más esquivos con sus provocaciones.

2 comentarios:

Saúl dijo...

Tengo una duda,

¿Puedes aclararme que significa la frase "no hay “democracia popular” si antes no se ha pasado por el trágico periodo de eliminación de clases"?

Gracias.

Antonio Valdés Vidal dijo...

Saul, la respuesta puedes encontrarla en cualquier tratado de historia que analice el proceso de implantación de un sistema comunista en cualquier pais del mundo donde se haya producido.