domingo, 8 de enero de 2012

La crisis de la deuda: primeras medidas del gobierno

          A los pocos días de haber asumido las riendas del gobierno, el nuevo ejecutivo ha comenzado a adoptar las primeras medidas contra la crisis. A unos les han sabido a poco, fundamentalmente en cuanto al recorte del gasto por la vía de las subvenciones a los sindicatos, organizaciones empresariales y partidos políticos; para otros se ha pasado siete pueblos si se atiende al tijeretazo en los servicios públicos. Sea como sea, las primeras encuestas publicadas hoy mismo dejan constancia del apoyo mayoritario hacia las mismas, y es que el desánimo, la desazón ciudadana es tanta, que lo que a estas alturas de la película la gente espera son cambios, sean los que sean y cuesten lo que cuesten, porque mantener la situación a base de medias palabras, si pero no, y espejismos de brotes verdes que nadie ve, no haría sino prolongar la agonía. 

          Una de las críticas más fundadas ha venido por el aumento de impuestos propuesto en el IRPF y en el IBI. Es cierto que tanto Rajoy como Montoro siempre habían defendido las rebajas fiscales como un medio para reacticar la economía, pero también lo es que el déficit del 6% del PIB anunciado por el gobierno saliente, se convertirá, según todos los indicios, en el 8,2%. Ante esa situación urge que los mercados empiecen a confiar en nuestra economía, lo que de momento no está pasando, de manera que la factura por intereses disminuya, y a ese motivo es al que debemos imputar el incremento fiscal.   

          Sea como sea, los próximos seis meses van a ser cruciales para nuestra economía, no para su reactivación en el corto plazo que no se producirá, pero si para sentar unas bases sanas que permitan un futuro crecimiento, bases que necesariamente deben venir por el adelgazamiento de la estructura administrativa de este país, Estado y autonomías incluidas, o lo que es lo mismo, por la disminución del déficit público. 

          Creo que hay que tener confianza, en quienes nos gobiernan por una parte, pero sobre todo en nosotros mismos como nación. Si en algún momento la tan manoseada frase de Kennedy de no preguntarse lo que el Estado puede hacer por uno, sino lo que uno puede hacer por su Nación tiene algún sentido, es ahora. Vengan rápidas las reformas, y si hay equivocaciones se cambian, todo vale menos estarse quietos viendo como la tierra se hunde a nuestro alrededor.