Un esplèndit diumenge d´estiu. ¿Que vos pareix un poco de poesia d´un dels grans poetes valencians?
ARBRES
ARBRES!, vides amigues de la meua!
Braços a l´aire
i arrels a terra,
pobre cor estirat, vertical de les ànsies!
Arbres!, fills de la terra
i amants de l´aire!
Com jo, com jo,
tronc fidel a l´enigma de les ales!
¿Qui em diria el secret
si els fracassos floreixes esperances?
Ja vaig tornant-me espill:
mireu-me els arbres!
S´hi vindria dins mi -en un ofici d´ombres-
la vostra primevera per l´estiu de les ànimes,
i aquest esforç
que em fan les meues branques
òrfenes de les fulles
que podrien vibrar-me l´aire,
sabria cantar: Salve,
vida meua, germana
dels arbres!
Xavier Casp
domingo, 18 de agosto de 2013
sábado, 17 de agosto de 2013
El "problema" de España VIII
De familia vasca, José de Cadalso (Cádiz, 1741 – Gibraltar,
1782), alcanzaría el grado de coronel en el ejército español, encontrando la
muerte en el asedio de Gibraltar. Cadalso representa junto a Jovellanos y
otros, la plenitud de la Ilustración española. De su obra, y por lo que aquí
nos interesa, destacan sus Cartas
marruecas. En las misivas que se cruzan tres personajes que representan
visiones distintas del problema, aparece el "hondo sentir" hacia la situación
nacional, aunque su patriotismo le hace reaccionar contra la leyenda negra que
ya por entonces había tomado cuerpo. Dice Gazel a Ben-Beley:
“Si entre los españoles no se oye sino religión,
heroísmo, vasallaje y otras voces dignas de respeto, del lado de los extranjeros
no suenan sido codicia, tiranía, perfidia y otras no menos espantosas…, reflexionase
por ahora que los pueblos que tanto vocean la crueldad de los españoles en
América, son precisamente los mismos que van a las costas de África, compran
animales racionales de ambos sexos a sus padres, hermanos, amigos y guerreros
victoriosos, sin más derecho que ser los comprados negros; los embarcan como
brutos; los llevan millares de leguas desnudos, hambrientos y sedientos; los
desembarcan en América; los venden en público mercado como jumentos…”
Pero tampoco duda en responsabilizar a los máximos dirigentes
de la deriva del país; hablando de Felipe II y en tono acusatorio, afirma: “Murió
dejando a su pueblo extenuado con las guerras, afeminado con el oro y la plata
de América, disminuido con la población de un nuevo mundo, disgustado con
tantas desgracias, y deseoso de descanso…; y en la muerte de Carlos II no era
España sino el esqueleto de un gigante”.
Aunque al final parece encontrar un consuelo ante tanta
desdicha. Dice en la carta de Nuño a Ben-Beley:
“Querer que una nación se quede con solas sus
propias virtudes y se despoje de los defectos propios para adquirir en su lugar
las virtudes de las extrañas, eso el fingir otra república como la de Platón. Cada
nación es como cada hombre, que tiene sus buenas y malas propiedades peculiares
en su alma y cuerpo. Es muy justo trabajar para disminuir éstas y aumentar
aquellas; pero es imposible aniquilar lo que es parte de su constitución”.
domingo, 11 de agosto de 2013
El árbol de los cuentos, de Luis Mateo Díez
Ha sido el primer libro del verano y una vez terminado, creo
que fue una acertada decisión empezar con él. El árbol de los cuentos, es una recopilación que el propio Luis
Mateo Díez (Villablino, León, 1942) hace de estos relatos cortos escritos en su
ya dilatada trayectoria literaria, desde los primeros de 1973 hasta 2004.
Mateo Díéz en un autor imprescindible en nuestra actual
narrativa; extremadamente realista, sencillo entendido en el sentido de
descriptor de las cosas habituales, y a la vez profundo en cuanto a que no deja
detalle por considerar de su relato, a quien esto escribe siempre le ha
parecido un escritor austero, preciso, rico en recursos literarios que utiliza
en su justa medida, dignísimo representante del mejor estilo castellano.
El árbol de los
cuentos en un libro largo, de más de quinientas páginas, pero que puede
leerse fácil porque cada uno de los ciento cinco relatos que contiene describe un
mundo distinto y a su vez relacionado dentro de su propio apartado en los que
se estructura la obra: El árbol de los cuentos, Brasas de agosto, Álbum de
esquinas, Los males menores, Días del desván, La palabras de la vida y Las
lecciones de las cosas. Apetece no obstante una lectura tranquila para sacarle
el jugo a cada una de las múltiples aristas que encierra.
En estos cuentos, muestras en cierto modo de sus novelas o “huellas
insustituibles de mi mundo literario” como el propio autor afirma, mezcla
recuerdos con imaginación, fundamentalmente en los pasajes sobre su infancia y
juventud a partir de la posguerra, dejando al lector cuando llega al último
relato, un poso descorazonador y de liviano pesimismo, tan nuestro por otra
parte. Pero además, y aquí tiene en mi opinión una más de sus virtudes, hace una
continua puesta en valor de nuestro vocabulario menos usado: hirsuta,
tagarnina, albañales,… son solo unos ejemplos de lo dicho.
Si hemos dicho que Mateo Díez es un autor imprescindible en
nuestras bibliotecas, fundamentalmente por sus novelas, este libro de cuentos se
nos presenta como un manual de claves para entender mejor su creación
literaria. No me resisto a apuntar una frase cualquiera llena de contenido y a
la vez del justo misterio, “De las cosas que aquel país me lleva enseñadas, la
que más me gusta es la de que nada vale nada más allá del sueño de cada noche”.
Como afirma el autor en la solapa de la edición que manejamos “No hay opción para
historias complacientes, la vida que se gana en las ficciones siempre debe ser
más poderosa que la verdadera”.
jueves, 4 de julio de 2013
Leyendo a Tamames (y dos)
Ramón Tamames ha publicado en su blog las dos últimas partes de su artículo sobre historia de España. Ahí van por si os interesa.
http://www.republica.com/2013/06/19/la-ignorancia-de-la-historia-es-mala-consejera-iii_666787/
http://www.republica.com/2013/06/26/la-ignorancia-de-la-historia-es-mala-consejera-y-iv_669915/
http://www.republica.com/2013/06/19/la-ignorancia-de-la-historia-es-mala-consejera-iii_666787/
http://www.republica.com/2013/06/26/la-ignorancia-de-la-historia-es-mala-consejera-y-iv_669915/
miércoles, 3 de julio de 2013
Una mirada hacia la economía
Cuando los nuevos datos que aparecen cada día condicionan la
percepción global que se tiene de la economía, malo, porque eso significa que
nos encontramos en una situación de incertidumbre e inestabilidad extrema, y
esto, en lo que toca a las cosas del comer, solo crea desconfianza, y como
todos sabemos, no hay peor enemigo para el dinero, entendido como inversiones
productivas de riqueza, que el miedo.
Cada vez que aparecen las cifras de paro o del déficit
público, cada vez que el Gobierno presenta un nuevo cuadro macroeconómico, en
cada nueva rueda de prensa del presidente del Banco Central Europeo o en cada
presentación de un informe del Fondo Monetario Internacional, por cierto, increíblemente
contradictorios unos con otros, sube o baja la prima de riesgo, sube o baja la
bolsa, y las agencias de calificación, por cierto, bastante desprestigiadas con
el tiempo, cambian su nota sobre España y sus empresas.
La situación de la que venimos desde hace solamente unos
meses es sobradamente conocida: una economía al borde de la suspensión de
pagos, una prima de riesgo por las nubes, un sistema financiero con más
agujeros de un queso gruyere y un déficit público galopante, aderezado todo
ello con una credibilidad internacional por los suelos. Aunque algunas de estas
variables no haya mejorado aun, hay que reconocer que las cosas, poco a poco,
están cambiando, nuestra inseparable “prima” no baila tanto, el déficit se está
controlando, aunque es imposible que mejore sustancialmente si no aumentan los
ingresos y esto no sucederá hasta que haya recuperación, y España afortunadamente
ya no es el centro de la preocupación económica mundial.
Pero la solución a los problemas aún no está completamente
encarada, pese a alguna mejora en las cifras de paro como las conocidas hoy
correspondientes al mes de junio, o el increíble cambio de pasar en solo cuatro
años de un 10% de déficit por cuenta corriente a un superávit del 2%, las
empresas, verdaderas protagonistas en el bienestar económico (cuanto han
tardado algunos en darse cuenta), tienen grandes dificultades en su caja, la
financiación es escasa y cara comparada con sus competidores europeos, y en
esta situación muy pocas se atreven a planificar nuevas inversiones, ocupadas
como están en aguantar el tirón y no cerrar, las que han podido resistir hasta
ahora. Es pues urgente mejorar el crédito, solo así se creará empleo y este
será de calidad. Uno de los factores que más han contribuido a su dramática
destrucción es la falta de músculo financiero de nuestras empresas, tenemos algunas
muy grandes y muy bien gestionadas, multinacionales con una diversificación de
actividades y de zonas geográficas excelente, pero sobre todo muchísimas
microempresas sin capacidad de aguantar por sí mismas; será necesario en el
futuro una política industrial que favorezca la existencia de medianas empresas
con suficiente capacidad de capitalización, y con una presencia consolidada en
los mercados exteriores.
El gobierno no debería cejar en su política de reformas a
todos los niveles, estando hundidos como estamos, ahora o nunca. Hacer caso de
ciertas voces populistas que piden más gasto sin calibrar las consecuencias (entre
otras cosas la salida del euro, como hoy mismo ha reprochado el propio
Rubalcaba al portavoz de IU en el Congreso); no adelgazar una Administración
mastodóntica y en demasiados casos ineficaz, llena de duplicidades, con unas Comunidades
Autónomas convertidas en auténticos reinos de taifas; seguir aumentando los
impuestos y por lo tanto mermando aún más la demanda interna; no depurar responsabilidades
ni aclarar de una vez por todas la financiación de partidos y otras
organizaciones sociales entre otras cosas, serían ocasiones perdidas de las que
algún día nos arrepentiríamos.
Soy de la opinión que las crisis son buenas cada cierto
tiempo porque ayudan a eliminar ineficiencias, pero las que tienen un carácter tan
depresivo como la actual, consecuencia de una etapa de burbujas de toda índole,
son realmente devastadoras. Una economía estable no crece tanto en tan poco
tiempo como ha sucedido con la nuestra, pero la corrección no produce tampoco
tanto dolor. Es en esas economías más estables donde sus datos diarios no se
convierten en agitados sobresaltos. Ojalá algún día lleguemos a esa situación.
domingo, 16 de junio de 2013
Leyendo a Tamames
Nuestro siempre admirado Ramón Tamames está publicando en su blog de Republica.com, una breve pero sintética y clara historia de España, os la recomiendo. De momento tenemos dos entregas.
http://www.republica.com/2013/06/05/la-ignorancia-de-la-historia-es-mala-consejera-i_660387/
http://www.republica.com/2013/06/12/la-ignorancia-de-la-historia-es-mala-consejera-ii_663599/
http://www.republica.com/2013/06/05/la-ignorancia-de-la-historia-es-mala-consejera-i_660387/
http://www.republica.com/2013/06/12/la-ignorancia-de-la-historia-es-mala-consejera-ii_663599/
domingo, 2 de junio de 2013
El "problema" de España VII. Una aclaración
Mantenía el otro día una conversación con unos amigos, de
esas de las que entre cuatro se arregla el mundo y aún nos quedamos con ganas,
cuando me di cuenta de error de interpretación que uno de ellos, para mi sorpresa
seguidor de El Blanquinal, tenía
respecto al significado de esta sección.
Vamos a ver, no es lo mismo hablar del “problema” de España
que de los problemas de España. De estos últimos tenemos a capazos llenos y más
en los tiempos que corren: económicos en todas sus vertientes, políticos, de confianza,
institucionales, de falta de motivación, etc., pero no va por ahí la intención
de la serie. El “problema” de España, así, entre comillas, se refiere a la
preocupación intelectual que muchos de nuestros pensadores, fundamentalmente a partir de finales del siglo XIX, han tenido
sobre la esencia, el carácter, la historia,… de nuestra Nación. Se trata pues
de reflejar un estado de inquietud que tiene su línea de continuidad histórica,
con el propósito final de reflexionar sobre si la misma ha tenido razón de ser,
y si se trata de algo peculiar de los españoles o si también se da en otros
países.
Por cierto, os invito a que propongáis autores, en público o
en privado, que se hayan ocupado de este asunto.
sábado, 25 de mayo de 2013
Un puntazo: libertad y responsabilidad
"Libertad no significa solamente que el individuo tiene tanto la
oportunidad como la carga de la elección, también significa que debe
soportar las consecuencias de sus acciones. Libertad y responsabilidad son inseparables".
F.Hayek
domingo, 19 de mayo de 2013
Manuel Pizarro
Más allá de su ámbito puramente profesional, a Manuel Pizarro
empezamos a conocerlo cuando presidía Endesa, sociedad que por componendas
políticas el Gobierno de Zapatero pretendía vender a un precio notoriamente
bajo. A su tesón turolense le deben los accionistas una transacción justa, aunque el resultado
final de aquella batalla fuera que la empresa española cayese en manos
italianas. Después le veríamos en política, en el famoso debate con Pedro
Solbes, ganador efímero del encuentro porque el tiempo demostraría, para
desgracia de todos, que Pizarro tenía razón.
En 2009, publicó El
arte de la economía, un pequeño libro de opiniones en forma de frases
cortas, realmente ilustrativo. En su corta carrera política sin duda alguna Rajoy
le desaprovechó, una acción que muchos seguimos sin comprender.
Observador de excepción de la actualidad del país, el pasado
jueves día 16 pronunció una conferencia organizada por el Colegio de Economistas
de Alicante, sobre la situación de la economía española y las causas de la
crisis, a la que pone tres caras: la financiera internacional provocada en gran
medida por la confusión entre banca comercial y banca de inversión, con su
correlato español de sobreendeudamiento de los sectores público y privado pero
también de crisis moral de los banqueros y de desconfianza mutua entre ellos
porque nadie se cree realmente el balance de los demás, todo lo cual acabará en
problemas para financiar la deuda española. La crisis europea, motivada por una
evidente falta de liderazgo y de estructura institucional que ofrezca cierta
soberanía única a una moneda única. Y en tercer lugar una histórica crisis de
competitividad de la economía española, ajustada en gran medida en el momento
del cumplimiento de los criterios de Maastricht, pero de nuevo revivida tras un
largo periodo de crecimiento acompañado de inflación.
Ante tamaño panorama Pizarro propone una serie de ajustes que
de manera resumida podemos enumerar en los siguientes:
1/ Reforma financiera, que en su opinión de momento se ha
hecho tarde y mal, porque originada en ciertas entidades de ahorro, las Cajas
principalmente, ha contaminado en gran medida a todo el sistema. Además, los test
de estrés sectoriales han sido muchos más duros para las entidades españolas
que para las de otros países europeos, Alemania por ejemplo, lo que ha ahogado
aún más de forma innecesaria el sistema.
2/ Reforma energética que reduzca sus costes y elimine la
paradoja de que siendo el coste de la energía necesaria para España de unos
13.000 millones de euros, existan subvenciones con cargo a tarifas de entre
8.000 y 9.000 millones.
3/ Necesidad de incrementar el talento, el conocimiento,
porque España ya no volverá a competir internacionalmente en precios, sino en
calidad, para lo que es necesario establecer un adecuado sistema educativo e investigador
en el medio plazo.
4/ Reforma de las Administraciones Públicas, porque si
tenemos un 7% de déficit público lo que estamos diciendo es que estamos
sobredimensionados en ese 7%. Con la reforma, la Administración debe establecer
su concreto cuadro de competencias, y lo que no sea genuínamente suyo, dejarlo
en manos de las empresas.
5/ Replantear el Estado del Bienestar porque sin duda es una
marca genuina de Europa y no nos podemos permitir la frivolidad de destrozarlo,
pero para ello hay que revisarlo con el propósito de hacerlo sostenible.
Todo lo referente al sector público se traduce al final, en
opinión de Manuel Pizarro, en la necesidad urgente de acabar con las
ineficiencias, con los gastos superfluos a través de una exhaustiva contabilidad
de costes, como haría cualquier empresa, porque la consecuencia de ellas no es otra que el aumento de los impuestos y la entrada en un nuevo círculo de
inflación, falta de competitividad, disminución de la demanda y paro.
Se trata de la opinión de un liberal pronunciada a partir del bagaje que le da una intachable conducta ética.
sábado, 18 de mayo de 2013
Memorias de Ramón Tamames
Ramón Tamames ha publicado sus memorias. Corro a comprarlas, de momento veo una entrevista interesante.
http://www.elconfidencial.com/espana/la-vida-de-prisa/2013/05/18/ldquome-llamo-el-rey-y-le-encontre-un-poco-atemorizado-por-la-situacionrdquo-121147
http://www.elconfidencial.com/espana/la-vida-de-prisa/2013/05/18/ldquome-llamo-el-rey-y-le-encontre-un-poco-atemorizado-por-la-situacionrdquo-121147
jueves, 16 de mayo de 2013
El "problema" de España VI
El Padre Feijoo (Casdemiro, 1676 – Oviedo, 1764), antecedente clave de nuestra Ilustración, fue posiblemente uno de los
primeros intelectuales que miraron a Europa, fundamentalmente a Francia, como
modelo de aprendizaje. Quizás, aunque parezca un atrevimiento, podríamos
encontrar en él un antecesor del “España
es el problema, Europa la solución” de Ortega. Su obra literaria en forma
de ensayos, de los primeros en aparecer en España, fue una suerte de
recopilación de novedades científicas llegadas del continente y reflexiones
ante los errores que creía percibir en su entorno. La siguiente cita nos
ilustra contra los extremos y sobre la necesidad de conocer y apreciar lo que
proviene de otros países.
“Dos extremos,
entrambos reprehensibles, noto en nuestros españoles, en orden a las cosas
nacionales: unos las engrandecen hasta el cielo; otros la abaten hasta el
abismo. Aquellos que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de
los libros esparcieron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que
cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella. De aquí aquel bárbaro
desdén con que miran a las demás naciones, asquean su idioma, abominan sus
costumbres, no quieren escuchar o escuchan con irrisión sus adelantamientos en
artes y ciencias. Bástales ver a otro español con un libro italiano o francés
en la mano, para condenarle por genio extravagante o ridículo”
lunes, 13 de mayo de 2013
Una entrevista a Carmen Iglesias
Acabo de leer una entrevista en el ABC Cultural a la historiadora Carmen Iglesias. Un poco larga pero, como no podía ser de otra manera, extraordinariamente interesante. Os la brindo por si os interesa.
http://www.abc.es/cultura/20130513/abci-carmen-iglesias-entrevista-201305111734.html
http://www.abc.es/cultura/20130513/abci-carmen-iglesias-entrevista-201305111734.html
domingo, 12 de mayo de 2013
La hora de los sensatos
Hay momentos en la vida a los que la perspectiva del tiempo
ofrece la cualificación de la singularidad. Momentos que saltan inesperadamente
en el tranquilo devenir de los días para convertirse en claves de lo que
sucederá en las siguientes décadas. Momentos cortos pero intensos, en los que
un pueblo camina por el mismo vértice del precipicio quizás sin plena
conciencia del peligro, pero de cuyos pasos dependerá un futuro colectivo
armónico o trágico.
Muestras de ellos las encontramos en casi todas las épocas y
en todas las naciones. Próximos a nosotros en el pasado siglo, dos evidentes: el
final de la II República y la guerra civil, una anormalidad histórica fruto de
una “ingente frivolidad” en opinión de Julián Marías; y la transición a la
democracia, “la reconquista de la libertad” para el mismo autor.
El ánimo, la disposición, el talante que adoptaron los
responsables políticos y sociales en cada uno de estos momentos fue decisivo en
el resultado final alcanzado, porque son ellos quienes al final catalizan los
movimientos de masas. En el primer caso demasiados dirigentes vieron en el
sistema de libertades republicano el instrumento adecuado para imponer a los
demás su propia idea, su particular concepción del mundo. En el segundo, la
mayoría prefirió renunciar a gran parte de sus objetivos con el fin de lograr
un “consenso” en pos de una sociedad en la que todos cupiésemos y nos
encontráramos cómodos.
Vivimos en la actualidad circunstancias tremendamente
difíciles, inimaginables hace solamente tres o cuatro años. Una crisis
económica sin parangón a las vividas anteriormente por las actuales
generaciones está reduciendo drásticamente el bienestar de la mayoría, dejando
al descubierto además algunos viejos demonios colectivos con los que no
contábamos: corrupción, despilfarro, pereza y codicia por parte de responsables
sociales pero también de amplias capas ciudadanas, etc. Además, y por si
faltaba algo, ávidos ante un Estado débil y con problemas, los nacionalismos
vasco y sobre todo catalán, intentan aprovechar el momento para, ni más ni
menos, romper en pedazos el marco político que desde hace más de cinco siglos
nos une a los españoles, en un ejercicio de deslealtad institucional pero
también ciudadana que sin duda tardaremos mucho en olvidar.
Ante ello cabe preguntarse, ¿en qué quedará todo esto dentro
de diez años?, o mejor, ¿cuál es la posición, el camino óptimo que deberíamos
seguir? De las experiencias anteriormente referidas sabemos que contar con
dirigentes que sean auténticos ejemplos de comportamiento, capaces de
trasladarnos a todos la necesidad de esforzarnos porque el futuro vale la pena;
que a pesar de nuestras diferencias ideológicas, todos hemos de convivir en un
clima de respeto y libertad; que las penurias actuales, lejos de servir de
ariete de unos contra otros, deben ser lecciones para no caer en el futuro en
errores que ahora nos parecen de bulto, pero que hasta hace bien poco a casi
nadie quitaban el sueño. Necesitamos urgentemente de esos modelos, queremos ver
que desde la izquierda y la derecha se alcanzan acuerdos más allá de engañosos
intereses partidistas, que la Nación tiene conciencia de sí misma y no está
dispuesta a que nadie nos complique aún más la vida con lo que no son sino
intereses de unas pequeñas élites dirigentes, habitualmente ayudadas por acólitos
siempre dispuestos a romperlo todo; que lo común, lo de todos, está por encima
de lo particular, pero también que nadie debe invocar ese interés general para
ocultar lo que no han sido más que privilegios de unas nuevas “clases muertas”,
subvencionadas, cómodas en el chupeteo contante de las ubres públicas a costa
del esfuerzo de la mayoría. Necesitamos en fin, de hombres y mujeres prudentes
y a la vez ilusionados, que sean además capaces de enfrentarnos a los españoles, uno a uno, a nuestra propia
responsabilidad individual en la tarea común que a todos nos concierne.
Pasados unos pocos años sabremos si por la acción de quienes
nos dirigen, pero también por la de todos y cada uno de nosotros, hemos
conseguido llegar a un estado armónico, ni más ni menos que el apropiado según
nuestras posibilidades, pero libre y democrático que todos podamos considerar
como propio, o si por el contrario nuestra falta de memoria histórica, nuestra
ira y la secular manía de culpar a los demás de todos los males, la creencia de
que solo tienen razón quienes piensan como nosotros, nos ha conducido a un
insoportable estado de desorden social, a la falta de libertad, a la tragedia.
Sin lugar a dudas estamos inmersos en uno de esos momentos
históricamente trascendentales,… y es la hora de los sensatos.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Retrato de una tarde
Después de días de frío y lluvia hoy hemos tenido una agradable
tarde de primavera (vaya primera línea más hortera que me ha salido; claro, es mayo
florido), de esas que invitan a pasear por la sierra o por las calles. Así las
cosas, me la he pasado en casa.
Hace unos domingos que en el ABC te regalaban un libro titulado Retrato de España dedicado a su 110 aniversario, y siendo la tarde
tan placentera, siesta de sofá incluida, no he encontrado mejor forma de
aprovecharla que repasando las risas y lágrimas de nuestro último siglo con
fondo de Eric Clapton en estéreo, que para esto de ver con perspectiva nuestros caretos siempre
ayudan los aires anglosajones. Tiene entradillas de algunos de sus columnistas más
o menos habituales: Santiago Castelo, Juan Pablo Fusi, Marina, Cortázar, Juan
Manuel de Prada, Juaristi, Gabriel Albiac, Ignacio Camacho, tan pesimista últimamente
de puro regeneracionista, etc.
Ver en foto y pluma ciento y tantos años de un tirón te hace
sentir como un moderno diablo cojuelo sobrevolando “lo más notable que a estas
horas pasa en esta Babilonia española”, y que puñetas, tampoco somos tan malos
ni tan distintos. Guerras, arte, muerte y vida, toros y literatura, pasión,
decepción, ángeles y demonios, héroes y villanos,… hombres y mujeres al fin y
al cabo, con una mezcla de grandezas e hideputas que no hay dios que las
separe.
Quizás el más certero sea el legendario Julio Camba, que
cierra el libro, hablando de los españoles que viven en París o Londres. “Como
ambos son españoles, ambos se pasan la vida protestando: el de Paris, contra
Francia, y el de Londres contra Inglaterra. Mientras tanto ustedes, los
españoles que no han abandonado España, protestan contra ella.” Pues eso, la
foto de una tarde cualquiera.
sábado, 27 de abril de 2013
Blas de Lezo
Hoy he encontrado un artículo corto pero interesante sobre este marino español que en 1741 infringió una derrota sin paliativos a la fuerza naval británica. Como solía ser constumbre, Inglaterra se ocupó de que la debacle se ocultase en las crónicas históricas, y como también solía y quizás suele ser habitual, el heroe español moriría en la miseria y falto de un reconocimiento que tardaría en llegarle.
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/04/27/blas-de-lezo-o-la-gran-derrota-que-los-ingleses-han-censurado-119713/
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/04/27/blas-de-lezo-o-la-gran-derrota-que-los-ingleses-han-censurado-119713/
viernes, 26 de abril de 2013
El "problema" de España V
Ramón Menéndez Pidal definirá el carácter de Baltasar Gracián
(Belmonte, 1601 – Tarazona, 1658) con tres vocablos: agudeza, ingenio y buen
gusto. Este jesuita erudito, bien relacionado, distinguido, sabrá introducir en
su literatura culta “el agrio negativismo del pícaro”, consiguiendo novelar un
contenido filosófico con la frescura de lo cotidiano. La máxima expresión de
todo ello quizás la encontremos en El
Criticón, novela simbólica protagonizada por Critilio y Andrenio en la que
se describe su peregrinaje por el mundo, alegoría del vivir.
En cuanto a lo que a nosotros nos interesa en esta muestra
de la preocupación por España, veamos la opinión crítica que de ella dan los personajes.
“La Soberbia,
como primera en todo lo malo, cogió la delantera. Topó con España, primera
provincia de la Europa. Parecióle tan de su genio, que se perpetuó en ella.
Allí vive y allí reina con todos sus aliados, la estima propia, el desprecio
ajeno, el querer mandarlo todo y servir a nadie, hacer el don Diego y vengo de
los godos, el lucir, el campear, el alabarse, el hablar mucho, alto y hueco, la
gravedad, el fausto, el brío, con todo género de presunción; y todo desde el
noble hasta el más plebeyo”.
Y sigue con su descripción del carácter nacional…
“ No me
puedes negar que son los españoles muy bizarros.
Si; pero de
ahí les nace el ser altivos. Son muy juiciosos; no tan ingeniosos. Son
valientes; pero tardos. Son leones, más con cuartana. Muy generosos y aun
perdidos. Parcos en el comer y sobrios en el beber; pero superfluos en el
vestir. Abrazan todos los extranjeros; pero no estiman los propios. No son muy
crecidos de cuerpo; pero de grande ánimo. Son poco apasionados por su patria y
trasplantados son mejores. Son muy llagados a la razón; pero arrimados a su
dictamen. No son muy devotos; pero tenaces en su religión y absolutamente es la
primer nación de Europa odiada por tan envidiada”.
domingo, 14 de abril de 2013
14 de abril
Cada 14 de abril surgen, este año más que nunca, nostálgicos
del sistema republicano dispuestos a
fiar en él todos sus anhelos. No entiendo bien como, tras dos monumentales fracasos
históricos, haya gente dispuesta a otorgar a ese sistema un potencial
regeneracionista de proporciones casi telúricas. En mi modesta opinión creo que
el bienestar de la sociedad no depende de la disyuntiva Monarquía o República,
sino de otras características sociales. Hay repúblicas imitables en muchos
aspectos: Francia, Estados Unidos, Alemania,… y otras manifiestamente mejorables:
Irán, Venezuela, Cuba,… Algo parecido sucede con las monarquías; las hay buenas
como Dinamarca, Noruega, Reino Unido o Japón, y otras de las que mejor no
copiar demasiado: Arabia Saudí, etc.
Pero hoy ya se ha escrito bastante al respecto; por mi parte
os brindo un artículo imprescindible entre otras cosas por lo premonitorio que
resultó. Se trata de El Dilema, publicado
por Ortega y Gasset en el periódico El
Crisol el 9 de septiembre de 1931, solo cinco meses después de proclamarse
la República.
Con esta predicación no proponía yo a los republicanos ninguna virtud superflua y de ornamento. Es decir, que no se trata de dos Repúblicas igualmente posibles -una, la auténtica española, otra, imaginaria y falsificada- entre las cuales cupiese elegir. No: la República en España, o es la que triunfó, la auténtica, o no será. Así, sin duda ni remisión.
¿Cuál es la República auténtica y cuál la falsificada? ¿La de «derecha», la de «izquierda»? Siempre he protestado contra la vaguedad esterilizadora de estas palabras, que no responden al estilo vital del presente -ni en España ni fuera de España. (....) No es cuestión de «derecha» ni de «izquierda» la autenticidad de nuestra República, porque no es cuestión de contenido en los programas. El tiempo presente, y muy especialmente en España, tolera el programa más avanzado. Todo depende del modo y del tono. Lo que España no tolera ni ha tolerado nunca es el «radicalismo» -es decir, el modo tajante de imponer un programa-. Por muchas razones, pero entre ellas una que las resume todas. El radicalismo sólo es posible cuando hay un absoluto vencedor y un absoluto vencido. Sólo entonces puede aquél proceder perentoriamente y sin miramiento a operar sobre el cuerpo de éste. Pero es el caso que España -compárese su historia con cualquier otra- no acepta que haya ni absoluto vencedor ni absoluto vencido.
(... ) Pero en esta hora de nuestro destino acontece, además, que ni siquiera ha habido vencedores ni vencidos en sentido propio, por la sencilla razón de que no ha habido lucha, sino sólo conato de ella. Y es grotesco el aire triunfal de algunas gentes cuando pretenden fundar la ejecutividad de sus propósitos en la revolución. Mientras no se destierre de discursos y artículos esa «revolución» de que tanto se reclaman y que, como los impuestos en Roma, ha comenzado por no existir, la República, no habrá recobrado su tono limpio, su son de buena ley. Nada más ridículo que querer cobrar cómodamente una revolución que no nos ha hecho padecer ni nos ha costado duros y largos esfuerzos. Son muy pocos los que, de verdad, han sufrido por ella, y la escasez de su número subraya la inasistencia de los demás. Una cosa es respetar y venerar la noble energía con que algunos prepararon una revolución y otra suponer que ésta se ha ejecutado. Llamar revolución al cambio de régimen acontecido en España es la tergiversación más grave y desorientadora que puede cometerse. Lo digo así, taxativamente, porque es ya excesiva la tardanza de muchas gentes en reconocer su error, y no es cosa de que sigan confundidos lo ciegos con los que ven claro. Se hace urgentísima una división de actitudes para que cada cual lleve sobre sus hombros la responsabilidad que le corresponde y no se le cargue la ajena.
Las Cortes constituyentes deben ir sin vacilación a una reforma, pero sin radicalismo -esto es, sin violencia y arbitrariedad partidista-. En un Estado sólidamente constituido pueden, sin riesgo último, comportarse los grupos con cierta dosis de espíritu propagandista; pero en una hora constituyente eso sería mortal. Significaría prisa por aprovechar el resquicio de una situación inestable, y el pueblo español acaba por escupir de sí a todo el que «se aprovecha». Lo que ha desprestigiado más a la Monarquía fue que se «aprovechase» de los resortes del Poder público puestos en su mano. Una jornada magnífica como ésta, en que puede colocarse holgadamente y sin dejar la deuda de graves heridas y hondas acritudes, al pueblo español frente a su destino claro y abierto, puede ser anulada por la torpeza del propagandismo.
Yo confío en que los partidos (...) no pretenderán hacer triunfar a quemarropa, sin lentas y sólidas propagandas en el país, lo peculiar de sus programas. La falsa victoria que hoy, por un azar parlamentario, pudieran conseguir caería sobre la propia cabeza. La historia no se deja fácilmente sorprender. A veces lo finge, pero es para tragarse más absolutamente a los estupradores.
Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: «¡No es esto, no es esto!»
La República es una cosa. El «radicalismo» es otra. Si no, al tiempo.
Visión actual de España tras la memoria del General Prim
Se estan celebrando en estos momentos actos conmemorativos del Bicentenario del nacimiento del General Prim (1814-1870), natural de Reus. En torno a ellos Ramón Tamames ha pronunciado una conferencia de la que hace un resumen en un artículo que recomiento, porque nos coloca sobre la realidad actual de nuestro pais a la sombra de este militar, protagonista de la Gloriosa de 1868.
http://www.republica.com/2013/04/10/prim-y-la-nacion-espanola-una-vision-desde-el-presente_636345/
http://www.republica.com/2013/04/10/prim-y-la-nacion-espanola-una-vision-desde-el-presente_636345/
miércoles, 10 de abril de 2013
El "problema" de España IV
Si tuviésemos que remontarnos en el tiempo en busca de un
autor que de forma clara comenzó a expresar su preocupación por la deriva que
la Nación iba tomando, nos encontraríamos posiblemente con Francisco de Quevedo
(1580-1645).
Quevedo conocía como pocos los entresijos de las Cortes de Felipe
III y Felipe IV, las improvisaciones, las envidias, las ambiciones personales
por encima de los intereses generales,…
Será casi al final de su vida cuando escriba uno de los
sonetos más recordados de nuestro Siglo de Oro. En El Desaliento todo parece avisarle de la muerte, pero también se
vislumbra el principio del fin del Imperio.
Miré los
muros de la patria mía,
Si un tiempo fuertes, ya
desmoronados,
De la carrera de la edad
cansados,
Por quien caduca ya su
valentía.
Salíme
al campo; vi que el Sol bebía
Los arroyos del hielo
desatados;
Y del monte quejosos los ganados,
Que con sombras hurtó su luz
al día.
Entré en
mi casa; vi que mancillada
De anciana habitación era
despojos
Mi báculo más corvo, y menos
fuerte.
Vencida
de la edad sentí mi espada;
Y no hallé cosa en que poner
los ojos,
Que no fuese recuerdo de la
muerte.
lunes, 8 de abril de 2013
El “problema” d'Espanya III
Fins quasi
al final del segle XIX, l'anomenat “problema” no es referia mai com ara passa,
a la pertenença o no d'algún territori a Espanya. Vegem per eixemple que diu
Jaume I quant, recordem, encara les regnes de la Corona d'Aragó i Castella no
s'havien unit, en el capitol 392 del Llibre dels Fets, a compte de l'ajuda que
el Rei demana als seus nobles per ajudar-lo contra els sarraïns de Castella.
“… creiem
certament que ningú no podria trobar això malament, ja que nós ho fem, en
primer lloc per Déu, en segon lloc per salvar Espanya, i en tercer lloc per tal
que nós i vosaltres guanyem bona fama i gran nom per haver salvat Espanya. I
per la fe que devem a Déu, ja que els de Catalunya, que és el millor regne
d'Espanya,…”
Jaume I. Llibre dels Fets
sábado, 6 de abril de 2013
El "problema" de España II
Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol.
Si os alaba Inglaterra, será inglés,
si os habla mal de Prusia, es un francés,
y si habla mal de España, es español.
Joaquín María Bartrina y Aixemús. Poeta
(Reus, 1850 - Barcelona 1880)
jueves, 4 de abril de 2013
El "problema" de España
Quizás sean pocas las naciones que, como la nuestra, hayan dedicado tanto esfuerzo intelectual en intentar definirse. Son innumerables los pensadores, historiadores, poetas,... que han construido parte de su obra en torno a ésta, no sabemos, si útil tarea. Para quienes les interese adentrarse en el "problema" de España, les propongo una serie de Puntillas y Puntazos, a partir de las que promover la reflexión.
Gustavo Bueno. Filósofo
en "España no es un mito"
en "España no es un mito"
lunes, 1 de abril de 2013
Serenidad ante el futuro
"Si tiene remedio, ¿porqué te quejas? Si no tiene, ¿porqué de quejas?"
Proverbio oriental
sábado, 30 de marzo de 2013
DIOS
Hay temas que por su propia esencia producen vértigo, y sin
duda la existencia o no de un ser superior y primero del que todo emana es uno
de esos; quizás Dios es el tema por excelencia.
Evidentemente no me atrevo a dar ningún tipo de opinión propia al respecto,
pero os brindo la de otros por si a alguien, estos días precisamente de Semana
Santa, le apetece pensar un rato sobre ello.
Hace poco oí y leí, de forma casual y con pocos días de
diferencia, la misma frase pronunciada por dos eminentes pensadores desde
posiciones distintas; pero además me sorprendió, dado el clásico enfrentamiento
entre ciencia y religión, la opinión expresada en función de la procedencia
académica de cada uno de ellos, fundamentalmente por parte del científico.
El primero fue el filósofo Fernando Savater, agnóstico en lo
que a religión respecta, que en el transcurso de una conferencia de la que ya
comentamos algo días pasados, afirmaba que nada hay que demuestre la existencia
de Dios, ni tampoco nada que demuestre su no existencia. En el mismo sentido se
manifestaba en una entrevista publicada en El País Werner Arber, protestante y
darwiniano, Nobel de medicina y Catedrático de Microbiología Molecular, “La
ciencia no puede probar que Dios existe, pero tampoco puede demostrar que no
existe…Dios no se puede personificar, pero veo que la ciencia tiene sus límites
y hay un poder divino en la naturaleza que no puedo explicar”.
De forma más
ecléctica y en una curiosa relación entre la formación y la estructura del universo
con la del cerebro, se manifestaba otro científico, en este caso David Jou,
profesor de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona, en otra entrevista
en el diario ABC: “Los físicos tenemos la impresión de que lo sabemos casi todo
del Universo y no nos damos cuenta de que dentro de nosotros hay otro “universo”
mucho más complejo”, “Se puede interpretar el Universo como un gran ordenador
del que podría emerger un gran pensamiento que interaccionara con el que ha
surgido en su interior. Religiosamente, no habría problema en imaginar un
pensamiento que podría ser el Logos del Evangelio de San Juan”.
Lo interesante de todo esto es comprobar cómo, a estas
alturas del progreso científico y después de dos mil años de teología
cristiana, afortunadamente aún no hemos llegado a ningún tipo de límite en el
pensamiento, las puertas siguen abiertas.
"Paz hogareña y paz del alma"
"Nuestro estado de ánimo corriente depende del estado de ánimo en que sepamos mantener a las personas que nos rodean."
Friederich Nietzsche
domingo, 24 de marzo de 2013
HACIENDO HISTORIA, de John H. Elliott
El último libro de John Elliott, catedrático emérito de
Historia Moderna en la Universidad de Oxford, es una especie de autobiografía
profesional que tiene la virtud de unir, junto a las tareas ejercidas
propiamente por su condición de historiador, los cambios acaecidos en la
historiografía contemporánea desde que mostró su interés por este campo de
investigación, al inicio de la década de los cincuenta del pasado siglo, hasta
nuestros días.
Elliott forma parte, junto con Hugh Thomas, Joseph Pérez,
Stanley Payne y unos cuantos más, de esa pléyade de historiadores
“hispanistas”, que contribuyeron, en un momento de cierta sequía intelectual
patria, a incrementar el interés por nuestro pasado no solamente en los propios
historiadores locales, sino fundamentalmente en un público inquieto que encontró
en sus trabajos el suficiente atractivo como para hacer del estudio ese pasado el
sustrato de sus inquietudes culturales.
A lo largo de trescientas páginas, en Haciendo historia (Ediciones Santillana, 2012), Elliott nos va
presentando los motivos de la elección de España como centro de su atención, el
deseo de averiguar el porqué de estereotipos que no duda en calificar de obsoletos,
la difícil reconciliación entre la unidad y la diversidad de su propio
territorio, o los procesos internos y externos que propiciaron tanto la formación
como la decadencia de un inmenso imperio trasatlántico que tantos recelos,
cuando no abiertas antipatías, suscitó en países vecinos, temerosos de las
potencialidades de una monarquía universal bajo la Casa de los Habsburgo. La
respuesta que él mismo se da, “es que se trata de un país infinitamente
fascinante, cuya historia, compuesta por sorprendentes éxitos e igualmente por
asombrosos fracasos, abarca temas de relevancia universal,… un país cuyos
logros religiosos, culturales y artísticos a lo largo de los siglos han
realizado una contribución riquísima, aunque a menudo controvertida, a la
civilización humana”.
Por los recurrentes acontecimientos que en estos momentos
vivimos, tienen especial interés las referencias al historiador Jaume Vicens
Vives y a la controversia que éste tuvo en su momento, año 1935, con Rovira i
Virgili y el resto de historiadores tradicionalistas catalanes vinculados al
Institut d´Estudis Catalans, a los que acusaba de “abordar la historia de
Cataluña desde un postura ideológica preconcebida”; así como al síndrome de
“víctima inocente”, según el cual “Las comunidades nacionales que sucumben a
este síndrome tienden a verse a sí mismas como víctimas permanentes de fuerzas
malignas que emanan de uno o varios vecinos más poderosos”, “Ni el síndrome de
pueblo escogido ni el síndrome de la víctima inocente son propicios para
escribir buena historia”. ¡Cuánto esfuerzo nos ahorraríamos si en algún momento
fuésemos capaces de ver la historia sin tantos apriorismos victimistas! Valdrá
la pena detenernos en este punto, y también en el porqué la rebelión surgida en
Cataluña ante la pretensión Real de movilizar recursos para la guerra en las
décadas de 1620 y 1630, no se siguió en el Reino de Valencia, pero esto será
motivo de otro artículo.
Desde el punto de vista puramente historiográfico resultan
muy interesantes las reflexiones que el autor hace sobre los estudios
biográficos, él mismo los desarrolló brillantemente en El conde-duque de Olivares, así
como el enfrentamiento mantenido por éste con Richelieu en defensa de sus
respectivas monarquías y por la influencia de éstas en el orbe mundial, controversia
de la que a la sazón resultaría victorioso el cardenal francés. Similar interés
tiene la utilización de la historia comparada como herramienta de trabajo y los
problemas que la propia elección de los elementos
de comparación tiene a fin de evitar anacronismos en los que tan a menudo se
incurre. Lecciones en fin, de técnica historiográfica muy interesantes para quienes
pretendan adentrarse en la investigación de cualquier episodio del pasado, al
hilo de lo cual podemos acabar con una reflexión que Elliott hace en el Prólogo
del libro: “Creo que la teoría es menos importante para escribir buena historia
que la capacidad de introducirse con imaginación en la vida de una sociedad
remota en el tiempo o el espacio y elaborar una explicación convincente de por
qué sus habitantes pensaron y se comportaron como lo hicieron”.
martes, 19 de marzo de 2013
En torno a la muerte
No me dirán que el tema no es enormemente sugerente. La
muerte en realidad lo es todo dentro de la vida, porque es precisamente la
certeza que tenemos de la muerte aquello por lo que somos conscientes de que
vivimos.
Esta semana he tenido la oportunidad de asistir a una
conferencia de Fernando Savater titulada El
sentido de la vida ante la perspectiva de la muerte, ahí es nada. Savater habla
de lo importante de manera cotidiana, es decir, te cuenta que es la muerte lo
que nos hace pensativos, con la misma sencillez con que cualquiera comenta la
tormenta del día antes en la barra de un bar del pueblo. Es precisamente esa contidianidad la que te
permite a la salida vislumbrar el final de la vida, de tu vida, con una cierta normalidad,
y te conformas mejor ante tu inevitable trágico final, aunque no sea más que
durante un par de horas, sin tener necesariamente que haber padecido previamente
un infarto, experiencia que según dicen los que la pasan, si la pasan, que te hace
que mirar la vida “de otra manera”.
Efectivamente la muerte, ser conscientes de la muerte, que
no es lo mismo que tener miedo a la muerte, es lo que nos da la certeza de nuestra
vulnerabilidad, y porque somos vulnerables, aceptamos la moralidad,… y los
vicios, cara y cruz de la misma moneda, y nos esforzamos en crear cultura como
una prevención ante la misma muerte. No hay nada tan inmoral ni tan tonto como
un inmortal dios mitológico. “Solo lo frágil y lo vulnerable es digno de amor”,
dice el maestro; y también la muerte no da libertad, añade Spinoza: “El hombre
libre sólo piensa en la muerte, y su sabiduría es una meditación, no de la
muerte, sino de la vida”.
Es en ese contexto sencillo, evidente, racional, cuando
Savater, ya entrado en edad, dice por experiencia propia aquello de que “lo
divertido de la vejez es que todo se convierte en un deporte de riesgo”, y
entonces el auditorio no puede evitar una risa casi estruendosa ante la inevitable
perspectiva de la muerte.
Pero aún queda un mensaje-resumen que llega con las
preguntas; ¿cuáles son las virtudes ante la vida?: el coraje precisamente para
vivir; la generosidad para convivir y la prudencia para sobrevivir.
Buenas noches y felices sueños.
domingo, 3 de marzo de 2013
¿Dónde están nuestros intelectuales?
Hemos sabido esta semana que el Gobierno recurrirá ante el
Tribunal Constitucional la declaración soberanista aprobada por el Parlamento
Catalán; era lógico que así fuera, como también era de prever el menosprecio con
que los nacionalistas han respondido a lo que no es sino el mínimo exigible a cualquier
gobernante: que cumpla y haga cumplir las leyes.
Pero si todo ello era lo previsible en la gravedad que el
caso encierra, lo que desconcierta a estas alturas del proceso es la falta de
debate intelectual acerca de la existencia o negación, nada más ni nada menos,
que de la propia Nación española. Desde Cervantes o Quevedo, pasando por Feijoo
y Jovellanos, Larra o Menéndez Pelayo, hasta sumergirse en la Generación toda
del 98, “el problema de España”, ha sido una constante en la preocupación de
nuestros mejores pensadores, por eso ahora, cuando de forma más lacerante se
vive el desafío de los nacionalistas hasta ayer mismo moderados, e incluso los
sectores de nuestro socialismo alumbran dudas desconcertadoras acerca de lo
que somos (¡qué dirían al respecto Pablo Iglesias, Prieto o Besteiro si
pudieran!), desmoraliza ver la falta de opinión publicada de historiadores,
filósofos o creativos de cualquier campo al respecto.
Es cierto que el tiempo y el humor, a menudo el mal humor,
nos lo ocupan cuestiones económicas siempre grises o noticias sobre conductas
más que improcedentes que día sí día también copan los distintos informativos,
pero también lo es que necesitamos separar el grano de la paja, y que por muy
importantes que sean los problemas
coyunturales que desde luego hay que solucionar, no deberíamos perder la
perspectiva de lo que nos estamos jugando con el caso catalán: que España siga
adelante, con sus virtudes y sus defectos, con sus luces o con sus sombras, o
que la perdamos para siempre vencidos ante un argumento tan pueril como el Espanya ens roba, que esgrimen los
independentistas.
La cuestión de España no es de derechas ni de izquierdas, no
es de ideología de lo que aquí estamos hablando, es de sentimientos, de
historia, de planes compartidos para el mañana, de una porción trascendental en
la tarea civilizadora del pasado y del futuro, es una cuestión de afectos
compartidos entre personas o entre territorios del norte y del sur o del este o
del oeste; estamos hablando del alma de un pueblo, de nuestro pueblo, de
nuestra cultura, de nuestra mirada americana desde la ventana de Europa. ¿De
verdad que nada tienen que decir sobre todo ello nuestros intelectuales? Por
desgracia no hay en el Parlamento en estos momentos un Azaña y un Ortega y
Gasset capaces de elevar el debate al Olimpo de la trascendencia, pero ¿tampoco
los hay en nuestras universidades?, ¿entre nuestros escritores?, ¿entre los
que, siendo los mejor dotados, tiene la obligación de dar luz a nuestros pasos?
Era precisamente desde América a principios del siglo XX, cuando Rubén Darío se preguntaba por el futuro de la Hispanidad con palabras
que en estos momentos deberían ser auténticos aldabonazos a nuestra conciencia:
La América española, como la
España entera,
Fija está en el Oriente de su
fatal destino;
Yo interrogo a la esfinge que
el porvenir espera
Con la interrogación de tu
cuello divino,
……
¿Callaremos ahora para llorar
después?
miércoles, 20 de febrero de 2013
Sobre entender la historia
"Creo que la teoría es menos importante para escribir buena historia que la capacidad de introducirse con imaginación en la vida de una sociedad remota en el tiempo o en el espacio y elaborar una explicación convincente de por qué sus habitantes pensaron y se comportaron como lo hicieron".
Jhon H. Elliott
Jhon H. Elliott
viernes, 15 de febrero de 2013
LA FORJA DE UN REBELDE, de Arturo Barea
Colmados
como estamos por los best sellers con que continuamente nos acosan las
editoriales, encontrar un libro de un autor ya muerto y por lo tanto exento de
la promoción propia de entrevistas y premios, o de figurar como un “abajo
firmante” de mil panfletos reinvindicativos, encontrar digo, un libro original
en su escritura, directo, de una tremenda sinceridad en el fondo y en la forma, es sin
duda un soplo de aire fresco que cualquier lector aficionado agradece.
Ese
es el caso de La Forja de un Rebelde,
de Arturo Barea (Badajoz, 1897 – Inglaterra, 1957), que en realidad no es en
absoluto desconocido, pero tampoco popular en los tiempos que corren, pero
además no es un libro, sino tres: La
Forja, La Ruta y La Llama. Se trata de una autobiografía novelada en la que
el autor nos presenta primero su infancia y juventud en un Madrid pueblerino y
grande, “Era un mundo de risas de la gente moza y de llantos de chicos y
viejos, en un coro de blasfemias y de picardías como sólo ya se podían
encontrar allí, o en los libros tan viejos como la calle”; pero también las
dudas y las respuestas de la juventud, “Regreso a Madrid, sigo yendo a la
iglesia en el colegio y con mi tía. Pero ya no puedo rezar”. A riesgo de equivocarme diré que de los tres,
éste primero es el más fresco y sencillo, una auténtica gozada.
En La Ruta, el autor narra su paso por el
ejército del norte de África en las filas del Tercio. Son los duros años de las
guerras con las cabilas marroquíes mandadas por el legendario Abd-el-Krim.
Profundiza Barea en los motivos de la contienda a base de aquello que ve y
escucha: los intereses económicos y mineros de los altos mandos y una parte de
la burguesía, y también las pequeñas triquiñuelas en las que siempre se
llevaban la peor parte lo simples soldados rasos. Como siempre, lo mejor el
lenguaje sencillo y directo, solo un pequeño pero que se incrementará en el
tercer libro: la justificación de sí mismo por el carácter autobiográfico de la
obra, lo que en cualquier caso, no es lo más importante literariamente hablando.
Cierra
la trilogía La Llama, en el
escenario el Madrid republicano donde Barea forma parte de una clase media
acomodada, su afiliación al partido socialista y la guerra civil. Por la época
es posiblemente la parte más sugerente; pero también porque nos ofrece un testimonio
en primera persona, siempre interesante, de importantes acontecimientos como la
huida del Gobierno hacia Valencia en las primeras semanas del conflicto, y de
cómo se vivió por los que aguantaron en su sitio, aunque como es el caso de
Barea, saliese de España antes de su finalización, psíquicamente destrozado por
lo que dejaba atrás: “Ya no controlaba las emociones que me regían; su trama de
había deshilachado… Tenía miedo a la tortura que precede a la muerte, del
dolor, de la mutilación, de la putrefacción en vivo y del terror…”
La obra, cinematográfica hasta el punto de que
en 1990 se estrenó una serie para la televisión con el mismo nombre, es un testimonio personal y sencillo de una
época interesante y desgarradora por partes iguales, llevada a cabo con una
narración original, sin concesiones a lo superfluo, vigorosa. Es quizás, como
alguien la ha calificado, la menor novela escrita desde el exilio y una de las
diez mejores tras la Guerra Civil, en opinión de García Márquez.
domingo, 10 de febrero de 2013
NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA
Hemos
vivido un par de semanas al borde del infarto. Desde que primero en el diario El Mundo y después en El País aparecieran los llamados “papeles
de Bárcenas”, tanto el Gobierno como el partido que lo sustenta, pero también
España entera en cuanto a lo que respecta a los principales indicadores de
confianza económica (véase la evolución durante todos estos días de la prima de
riesgo), han caminado una vez más ante el precipicio. La recuperación económica
será lenta, pero poco a poco en el extranjero, que es desde donde al fin y al
cabo nos llega una parte importante de la financiación, parece que ven correcto
el camino emprendido; pero la sombra de la posible existencia de una corrupción
generalizada en el país es un mazazo a la tan necesaria confianza. Veremos en
qué queda todo, si lo que se dice en esos “papeles” es verdad o es mentira, y
esperemos que pase lo que pase, se produzcan, aparte de las consiguientes
consecuencias, las disculpas oportunas, aunque esto sea mucho esperar en un
país tan acostumbrado a ver pajas en ojos ajenos como es el nuestro.
Pero
de momento no todo ha sido en vano, esta semana hemos conocido la contabilidad
del Partido Popular y las declaraciones de Renta y Patrimonio del Presidente
del Gobierno; bien, tenemos todo el derecho del mundo como contribuyentes a
saber dónde van nuestros impuestos, habida cuenta de que la mayor parte de los
ingresos de ese partido político proviene de subvenciones del Estado. Pero a
partir de ahí faltan más cosas, por ejemplo, ya están tardando demasiado en
presentar públicamente sus cuentas el Partido Socialista y con él todos los que
reciben aunque sea un céntimo de dinero público, y por supuesto las
declaraciones fiscales de sus máximos dirigentes, es más, extraña a día de hoy,
quienes pretenden ser un ariete contra el Gobierno por los casos de corrupción,
no hayan comenzado ellos mismos con el ejercicio de transparencia que con tanto
ahínco reclaman a los demás.
Pero
esto no debería depender de la voluntad de esas organizaciones, es por ley por
lo que partidos políticos, sindicatos, fundaciones, sociedades de autores,
etc., etc. etc., deberían publicar sus cuentas, todos los que tengan algún tipo
de financiación pública, por poca que sea, y si no quieren hacerlo, que
renuncien a esos ingresos. La transparencia es sin duda una de las mejores
armas contra la corrupción, y llegados a este punto de hartazgo ciudadano por
los casos que cada día aparecen, esta medida no admite demoras. No deja de ser
curioso por ejemplo que todos podamos saber el sueldo del Rey o del
Príncipe Felipe, y está muy bien que así sea, y no sepamos el del presidente de
la SGAE, de la fundación FAES o el del secretario general de la UGT, por poner
tres ejemplos.
Se
ha dicho muchas veces que los bolsillos de los políticos deberían ser de
cristal, pues eso, a aplicarse el cuento, los políticos y las administraciones,
pero también todos aquellos que directa o indirectamente viven del Presupuesto.
domingo, 27 de enero de 2013
UNA TERCERA (otra) MEMORABLE
Uno
de los asiduos a la Tercera de ABC de
los domingos es Fernando García de Cortázar, posiblemente, creo haberlo dicho
ya en este blog, el más pedagógico de nuestros historiadores contemporáneos. En
esta ocasión la dedica, oportunamente, a la declaración que al pasado día 23
aprobó el Parlamento de Cataluña a favor en última instancia de la independencia
de esa comunidad autónoma.
Cortázar
suele medir mucho las palabras, es pausado, por lo que se de él, poco dado a la
vehemencia, sin embargo y como buen
vasco, también es contundente y claro en sus razonamientos; la gravedad del
asunto sin duda lo requiere, y por ello no tiene reparos en hablar de la “temeraria
estulticia y la desvergonzada deslealtad” del nacionalismo catalán hacia
España, y de como para “la cultura nacionalista el pasado es sólo un arma de
destrucción intelectual masiva”, sirviéndose de la historia no “para explicar
lo que ocurrió sino para convertirla en metáfora de una identidad colectiva
invulnerable”.
Ciertamente
el nacionalismo usa asiduamente determinados aspectos del pasado,
convenientemente barnizados por una gruesa y descarada pátina legendaria, como arma a favor de sus principios
políticos previamente formulados, descontextualizándolos del proceso histórico
y ocultando aquello que no les interese; lo sabemos de sobra y no nos causa
sorpresa, sin embargo, y ante el desafío sin precedentes que desde ese sector
de Cataluña se está lanzando contra nuestra común convivencia, bien está que
desde el mundo intelectual se fijen posiciones claras que iluminen el debate.
No
se si ustedes habrán tenido ocasión de leer la mentada declaración, mi
particular impresión cuando lo hice era dudar si se trataba de un documento
serio digno de debate parlamentario, o de un simple panfleto que comienza con “una
farragosa exposición de hechos históricos, que solo revelan la enfermiza
inclinación del nacionalismo de confundir las churras de las instituciones
medievales con las merinas de los conceptos políticos democráticos”, en palabras
de Cortázar. Una exposición histórica que no es más que una “retahíla de
sucesos del pasado, enhebrada con singular torpeza y sublime ignorancia para
enlazarla con una lectura de la transición que nadie en sus cabales puede
tomarse en serio”.
Creo
que era el hispanista John H. Elliot, quien en pasado año se refería escandalizado,
a una pregunta que un estudiante universitario de primer curso de Historia le
hacía después de una conferencia dada en Barcelona, refiriéndose la Guerra
Civil como una confrontación entre España y Cataluña, ¡cuánto daño ha hecho
dejar la educación un manos de los nacionalistas durante los últimos treinta
años! Era el propio Elliot quien a una pregunta sobre las relaciones entre
España y Cataluña, y refiriéndose al historiador catalán Vicens Vives, decía
que éste “se pasó toda la vida intentando desmitificar la Historia de Cataluña,
evitando esa postura de agravio que ha dominado tanto en la historiografía
romántica catalana. Me preocupa que se pierdan esos intentos que Vicens hizo, y
en parte yo también, para evitar ese reduccionismo. Si los jóvenes no son
capaces de aprender esa lección que les hemos intentado ofrecer… Vicens quería
revitalizar y modernizar la sociedad catalana y hacerla apropiada para la época
del postfranquismo. Pensaba que estaba teniendo éxito. Ahora me preocupa que
una generación esté aprendiendo una Historia deformada que no conecta la
Historia de Cataluña con la de otras partes de España. Es una deformación de la
realidad”; se trata de una cita larga, pero creo que merece la pena leerla.
La
actual actitud radical que esgrimen los nacionalistas catalanes hubiese sido
impensable en los años ochenta, ha hecho falta para llegar a ella el oportuno
proceso de adoctrinamiento educativo. Bien está que conozcamos el terreno en
que nos movemos para poder comprender en su justa medida de que estamos
hablando.
Sobre el derecho a decidir
Un interesante artículo referido a un tema muy de moda.
http://www.elimparcial.es/nacional/pero-que-cono-es-eso-del-derecho-a-decidir-117653.html
http://www.elimparcial.es/nacional/pero-que-cono-es-eso-del-derecho-a-decidir-117653.html
sábado, 26 de enero de 2013
Al voltant de la filosofia
Prompte es posarà en marxa una important reforma de la educació primaria i secundaria a Espanya en la que pareix que la filosofia no resulta molt ben parada. Açi teniu unes opinions qualificades al respecte.
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/32199/Desolacion_de_la_Filosofia
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/32199/Desolacion_de_la_Filosofia
jueves, 24 de enero de 2013
Diez reglas de oro para una buena vida
Vivimos en un mundo lleno de tribulaciones, por unos motivos o por otros el dificil sustraerse a situaciones de estrés. He encontrado un artículo que no dice nada nuevo que no sepamos, pero en ocasiones hace falta que alguien nos lo recuerde; a ver si os gusta.
http://www.motivacionymas.com/panos-mourdoukoutas-10-reglas-buena-vida/?utm_source=mym_240113&utm_medium=newsletter&utm_campaign=mym_240113
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domingo, 20 de enero de 2013
El insoportable hedor de la corrupción
¿A que huele la corrupción?, físicamente a nada desde luego,
a no ser que billetes manoseados por dedos sudorosos aventen el profundo hedor
de la codicia. Sin embargo moralmente la corrupción asfixia, ahoga, mata cuanto
de vida sana hay a su alrededor.
Hace muchos años que de tanto repetirse casi no han sido
noticia los casos de corrupción de políticos, financieros, funcionarios que
vendían una licencia o simples ciudadanos ávidos en la extorsión y el fraude.
Lo que vemos estas semanas en los telediarios: caso Bárcenas, el Gurtel, los oscuros
negocios de los Pujol, los Eres falsos de Andalucía, etc., en realidad no es
tan distinto a aquello de Roldán, Filesa, el 3% de CIU o el hermano de Alfonso
Guerra; la única diferencia como mucho es que el vaso está llegando al límite
de su capacidad, pero también que las circunstancias son otras, porque ahora, la
profunda crisis con que cada día nos despertamos, hace que cada nuevo corrupto
que aparece sea un puñetazo a la cara de quienes con mucho esfuerzo, intentan
mirar al futuro con una dignidad que para él quisiera el más importante de la
calaña.
Comparto la idea de que la mayoría de los políticos no son
corruptos, pero también de que quienes lo son no merecen ninguna compasión, porque entre otras cosas tienen la obligación de la ejemplaridad, y que la
justicia debía ser más diligente en su rápido procesamiento y castigo. Por
circunstancias personales que a nadie le extrañarán, no me cuesta ponerme en la
piel de los miles de militantes y simpatizantes de los partidos políticos que
trabajan por su organización, con el propósito final de hacer algo bueno por su
pueblo, por su barrio, por su región o por su país, y que sufren tremendamente
cada vez que alguien de su mismo color, aparece como cuatrero que roba no
solamente el dinero público, sino también la ilusión de todos ellos. Es preciso
que los partidos sean más transparentes, las listas electorales abiertas para
que cada candidato dependa menos de su supuesto mentor y más de los votantes, y
que la política sea un instrumento de generosidad y no una profesión para
aquellos que fuera de ella simplemente no son capaces de ser nada.
Ojalá la
mediocridad llegue a ser en algún momento la excepción en nuestras vidas.
sábado, 19 de enero de 2013
Entrevista a Juan Pablo Fusi
He encontrado una interesante entrevista realizada al historiador Juan Pablo Fusi. Os la brindo por si os apetece.
Saludos
http://noticias.lainformacion.com/espana/juan-pablo-fusi-ver-al-psoe-coquetear-con-el-federalismo-deja-perplejo-a-cualquier-historiador_uNDJIqKhAXGePrsByE1e7/
Saludos
http://noticias.lainformacion.com/espana/juan-pablo-fusi-ver-al-psoe-coquetear-con-el-federalismo-deja-perplejo-a-cualquier-historiador_uNDJIqKhAXGePrsByE1e7/
domingo, 13 de enero de 2013
Son datos, a la espera de confirmación
Hoy domingo se ha hecho pública una encuesta del diario El País, según la cual el Partido
Popular habría perdido desde las elecciones generales del pasado año quince
puntos, situándose por debajo del 30% en intención de voto. En principio es de
suponer que el dato debe preocupar a los responsables de la formación política,
aunque en el fondo no creo que no lo esperaran. En 2012 se han hecho las
mayores reformas y ajustes en las cuentas públicas al menos desde el Plan de
Estabilización de 1959, ajustes que nos han afectado de una y otra forma a
todos los españoles, por lo que es normal que el enfado de muchos de los
afectados se deje entrever en la encuesta. Reducir el déficit público como se
ha hecho, en un momento en que los ingresos han sufrido una caída del 1,5%, no
es tarea fácil, pero parece, a falta de los datos definitivos de 2012, que se
está logrando.
Pero junto al anterior, también hoy en otros medios
aparecen algunos datos económicos que al menos dejan entreabierta la puerta de
la esperanza. En la tercera de ABC el
economista Alberto Recarte resume esa esperanza en un recomendable artículo en
el que valora los esfuerzos realizados, gracias a los cuales no solo se habría
salvado España de la quiebra y por lo tanto del impago de sus deudas, situación
que nos hubiese acarreado consecuencias catastróficas económica, social y
políticamente hablando, sino que además hubiese situado al propio euro al borde
del abismo, lo que hasta hace muy poco tiempo era anunciado por más de uno.
La prima de riesgo cerró el viernes a 331 puntos, cuando
en julio pasado alcanzó la vertiginosa cifra de 632 puntos, el dato es bueno,
pero hay que esperar que la tendencia se consolide, de ser así, el coste de la
deuda disminuirá, y con ello nuestro déficit público, pero además lo mismo
pasará con las empresas que, como ya han hecho en emisiones de estos primeros días
de enero, se financiarán más barato. Ya hablamos del aumento de las
exportaciones gracias a la mejora en la competitividad, fundamentalmente por la
reducción de los costes internos, en parte salariales y por lo tanto, a costa
del factor trabajo. Por otra parte los inversores extranjeros, imprescindibles
para la recuperación, vuelven a confiar en nosotros, y desde noviembre de 2011
que tenían casi 310.000 millones de euros de deuda pública en sus manos que
pasaron en agosto de 2012 a 192.000, vuelven a tomar posiciones pasando de
214.000 en el mes de noviembre pasado; buen síntoma teniendo en cuenta que el
Tesoro espera emitir en 2013 entre 215.000 y 230.000 millones, algo menos que
en 2012.
Si finalmente los buenos augurios se consolidan, quizás la
tendencia en las encuestas de intención de voto cambien para dentro de tres
años, pero si no lo hacen, al menos los libros de historia podrán decir que el gobierno
que rigió los destinos de este país en tan difíciles condiciones, tomó
decisiones de Estado, sin preocuparle el castigo electoral.
miércoles, 9 de enero de 2013
Austeridad versus crecimiento
Uno de los debates que a buen seguro se reavivará a lo largo
del año será entre aquellos que defienden que se siga con una política de
austeridad a ultranza en las
administraciones públicas y los que por el contrario, piden medidas de
crecimiento por parte de esas mismas administraciones. Ser austero en principio
significa reducir gastos; y aplicar políticas de crecimiento, aumentar esos
mismos gastos para que el dinero circule y la economía crezca, a costa claro
está, del presupuesto. La disyuntiva para el gobierno es clara… y difícil, ¿qué
hará?
Desde mi punto de vista ser austero no tiene porqué
significar que no se apliquen políticas de crecimiento. Reducir el déficit es
una prioridad urgente para España, tanto por el apremio de la Comisión Europea,
un club del que formamos parte para lo bueno y para lo malo, como es tener que
cumplir sus normas, como por los llamados mercados, es decir, aquellos que nos
dejan dinero porque nosotros lo necesitamos y lo pedimos, y que si no tienen
plena confianza con que lo devolvamos en los plazos establecidos, nos cobran un
interés más elevado del normal, entrando en una peligrosa escalada de aumento
del gasto financiero.
Ya hemos visto el exagerado déficit público de 2011, queda
por ver como cerramos definitivamente 2012, lo que es evidente es que durante
los últimos doce meses, y creo que seguiremos así durante algunos más, la
urgencia por su reducción ha hecho que se haya entrado a trapo en todas las
partidas del presupuesto, lo que inevitablemente crea injusticias muchas veces
difíciles de entender; en la medida en que se controle, es de suponer que se
empezará a ser más selectivo y ese magma que conocemos como gasto podrá empezar
a clasificarse y finalmente llegar a entender que ser austero significa
eliminar ineficiencias, derroches inútiles, que la administración no suponga
una carga insoportable para el sector productivo, pero que por el contrario, las
partidas inversoras deben incrementarse, pero en inversiones que no resulten
inútiles sino productivas económica y socialmente. Las infraestructuras que
faciliten esa producción, la investigación, la educación y la sanidad, que no
tienen porqué no ser a la vez motores de creación de riqueza y empleo, son
evidentes partidas a incrementar.
Estar en contra de la austeridad por principio, como parece
el caso de los sindicatos y algunos partidos políticos como hemos podido
escuchar hoy mismo es, desde mi punto de vista, no haber entendido una de las
grandes lecciones de esta crisis: no se puede gastar indefinidamente más de lo
que se tiene, por muy “justo” que nos parezca ese gasto, porque si no, antes o después,
llega el colapso. La austeridad no solo es deseable, es exigible por parte de
quienes tienen la responsabilidad de administrar el dinero de todos, ¿en serio
que puede haber alguien que lo dude?
En cuanto a las políticas de crecimiento cuidado, se puede
hacer mucho antes que eso, sobre todo mientras no haya dinero disponible;
primero reformar las administraciones, reducir su tamaño para que sean
soportables, establecer una legislación estable y fácil de entender y de
cumplir, de forma que crear una empresa o conseguir un permiso no sea el primer
motivo de quiebra. Y ojo con las
subvenciones como motores de expansión, ¿no nos hemos escandalizado lo
suficiente durante estos años con los parásitos que han vivido a costa de
ellas, o lo que es lo mismo, a costa del contribuyente?
Será difícil establecer políticas de crecimiento a gran
escala sin la ayuda de Europa, pero con todo las prioridades deberían ser, en
la mayor medida posible, los pequeños emprendedores, principalmente a través
del autoempleo, las pymes y las empresas exportadoras. Los lujos, los caprichos
y el despilfarro, para más tarde, o mejor, para nunca más.
domingo, 6 de enero de 2013
2013, ¿suma y sigue?
Un año más y ya van cinco, la crisis y sus consecuencias
abre telediarios, llena conversaciones y pinta caras de desánimo por doquier.
Como era de prever, las cifras de consumo en las Navidades recién terminadas
han sido menores, consecuencia directa de la menor capacidad de gasto que las
cifras de desempleo y la incertidumbre general provocan. Pese a ello se han
creado más empleos de los esperados en diciembre, un mes normalmente bueno es
este sentido por su carácter estacional.
Macroeconómicamente solo el turismo y por otro lado las
exportaciones nos dan alguna alegría, pasando del 24% del PIB en 2009 al
previsto 35% en 2013. El dato no es menor porque estas cifras no solo
contribuyen a equilibrar nuestra balanza de pagos sino que demuestran que la
productividad fundamentalmente industrial mejora, es decir, que las empresas
exportadoras están, con la que está cayendo, disminuyendo sus costes y por lo
tanto la competitividad de sus productos frente a los que se producen en otros países:
el ritmo de crecimiento de nuestras exportaciones se sitúa en el 7%, frente al
4,5% de media mundial.
Pero en el 2013, ¿qué pasará?, ¿realmente son creíbles los
mensajes dados durante estos días por el presidente del Gobierno y los
ministros de Economía y Hacienda, en el sentido de que será el año del cambio
de tendencia?, a poco que nos asomemos a los periódicos económicos veremos que
hay analistas para todos los gustos, hay quienes creen que así será y los que
opinan que con tanto recorte solo conseguiremos hundir más la economía. Si en
algo parecen coincidir es en que debe seguirse con las reformas, que hay que continuar
cambiando lo que no funciona y eliminando ineficiencias. Vale la pena
detenernos en un aspecto nuclear del tema, y que no por sabido, debemos obviar,
porque ha de ser una de las grandes lecciones que durante generaciones deberíamos
recordar, se trata del déficit público.
- El déficit público es insostenible y hay que reducirlo por encima de todo. Solo en 2011 el Estado gastó quince billones de pesetas más de los que ingresó, déficit acumulable al del resto de años. No existen unas reservas propias con las que cubrir todo este dinero que nos falta, por lo que lo tenemos de pedir prestado; como la deuda es muy grande y el riesgo de insolvencia elevado, quienes nos lo prestan piden mayores intereses, ahí entra en juego la famosa prima de riesgo.
- Para reducir el déficit hay dos caminos, aumentar los ingresos vía impuestos o reducir los gastos. Aumentar los ingresos supone pagar más IVA, más IRPF, más tasas…, en 2012 lo ha estado haciendo el Estado, las Autonomías y los municipios, pero ello reduce la capacidad de gasto de empresas y familias, y por lo tanto deprime aún más la economía. Disminuir gastos supone adelgazar las administraciones, disminuir el número de empleos públicos y por lo tanto más paro, recortar algunos servicios que reciben los ciudadanos, etc.
Ante esta situación, ¿qué es lo que va a pasar en 2013?
Pues evidentemente que las cifras de paro provenientes sobre todo del sector
público van a crecer considerablemente; ahí los políticos tendrán que ser hilar
fino porque se trata de adaptar el tamaño de la administración a nuestras
posibilidades reales, mermando lo menos posible la calidad de los servicios
públicos. La reforma de las Administraciones Públicas es inaplazable y cuanto
antes se asuman sus costes, por dolorosos que estos sean, mejor. Las
ineficiencias existentes claman al cielo y están en la mente de todos.
Se completará la reforma financiera y también aquí
aparecerán por desgracia nuevas cifras de parados, pero en tanto no se complete
la reorganización bancaria, provocada entre otras cosas por la pésima gestión
fundamentalmente de las Cajas de Ahorro, regidas en muchos casos más por
criterios políticos que técnicos, y la lamentable supervisión efectuada por el
Banco de España, no volverá a fluir el crédito a familias y empresas, y sin
ello la recuperación general de la economía será imposible.
Es necesario que se ofrezcan instrumentos de reactivación
de la economía y apoyo a las empresas, de esa forma se crea empleo, se aumenta
el consumo y por lo tanto las transferencias de dinero, y aumentan los ingresos
públicos por la mayor recaudación sin tener que incrementar aún más los tipos
impositivos. La forma de hacerlo es difícil, destinar dinero público para ello
en grandes cantidades parece una quimera estando el déficit como está, pero si
es muy importante la eliminación de trabas administrativas, la implantación de
un mercado único efectivo por mucho que clamen las voces siempre airadas de los
nacionalistas, la revitalización de la marca España y el aumento de confianza
de los inversores internacionales para que incrementes sus inversiones y además
disminuyan los intereses a pagar, etc.
Efectivamente todo parece indicar que 2013 no será, aún, un
buen año, pero desde mi punto de vista es el trago amargo que nos queda por
tomar para ver el futuro más despejado. Si las reformas van completándose, si
la cuerda social no se rompe porque de una vez por todas nuestros políticos y
agentes sociales son capaces de llegar a acuerdos mínimos, si dedicamos más
tiempo a mejorar nuestro cada uno su entorno y menos a criticar siempre a los
demás, …y también si la señora Merkel nos echa una mano, pese a las elecciones
que tiene para septiembre, la confianza irá aumentando y el oscuro túnel terminándose.
Espero no cometer ninguna frivolidad si me despido animándoles en la difícil tarea.
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